Orellana sale de la nevera

Si quieren comprobar las vueltas que da la vida en el fútbol, solo tienen que bucear un poco en las hemerotecas y comprobar con qué brusquedad circulan los jugadores entre la gloria y el infierno. Hace un año, Dani Benítez era un juguete medio roto en el armario del Granada CF. Álvarez Tomé se había cansado de que su habilidad se destilara con cuentagotas y que sus actitudes cuestionaran la disciplina que pretendía imponer. El extremo mallorquín desapareció de sus esquemas, incomprendido por el técnico leonés, que lo consideró irrecuperable pese a sus genialidades sobre el campo. El entierro deportivo de Tomé llegó pocas semanas después de que apartara a Benítez. Fue en Marbella, tras otra derrota sonrojante fuera de casa ante un rival inferior y en puestos de descenso. Benítez, uno de los damnificados por los últimos experimentos del técnico, vio cambiado su destino con el aterrizaje de Fabri, hasta convertirse en uno de sus fieles estiletes, determinante en el camino hacia el ascenso, prodigioso estos meses en Segunda, salvo el ligero apagón tras la parada navideña.

Este domingo regresa un jugador que, de alguna manera, ha sufrido paralelismos en su trayectoria con la de Benítez el curso pasado. Fabián Orellana ha impresionado desde su llegada con su maestría en el regate, la astucia para perforar paredes imposibles, el empuje para aclarar partidos atascados. Pero también ha desparramado arrogancia sobre el campo ante las decisiones arbitrales, se ha dejado llevar por el temperamento más volcánico, se ha mostrado como un tipo apocado con los medios y alejado en demasiadas ocasiones de los dictados de su entrenador.

Orellana sale de la nevera ante el Rayo y Fabri tendrá que encargarse de sacar del diván al chileno, como ya hiciera con Benítez. Uno y otro generaban a su alrededor posturas encontradas, entre los que alababan sus virtudes y los que colocaban sus defectos como grandes lastres en la balanza. El secreto no está en la terapia que aplique su míster, sino en la propia reflexión que haga el futbolista. Si Orellana quiere y se centra, es jugador de Primera división, un torrente imparable, capaz de asociarse con todos, de ser la electricidad sobre el verde, con un desborde de patinador. Pero si se ofusca en lo accesorio, si olvida la brújula, Orellana no se hace vulgar, pero si insoportable.

El chileno seguirá mudo ante los medios pero eso da igual. El Granada le necesita, le ha echado de menos y su comunicación tiene que llegar vestido de corto. En sus manos está cambiar su futuro. Benítez lo supo ver en su momento. Ahora le toca a él.