Orellana entra en vereda

El tiempo juzga la habilidad y resulta incuestionable que Quique Pina y su gente tienen, en general, buen ojo para los futbolistas. Tienen fallos, como es normal, sobre todo ahora que navegan en un mar donde hay mucho barco similar, y no pueden manejar eventualidades como las lesiones o bajos rendimientos, pero en general sus éxitos deportivos están ligados al acierto en la estrategia de fichajes, lo que les hace celosos a la hora de ceder capacidad de decisión a los entrenadores, a los que ven siempre como figuras importantes pero transitorias, que no pueden alterar la línea maestra que determinan desde el club. Por esta afinada planificación me extraña tanto los problemas de adaptación que ha habido con algunos de los jugadores que se han incorporado en los últimos cursos, a los que si se les hubiera dedicado la comprensión necesaria tal vez no les estaríamos viendo triunfar en otros lugares. Los casos de Orellana y Muriel, especialmente, constatan que a veces es mejor perder el tiempo en combatir los monstruos psicológicos que atenazan el rendimiento de un jugador antes que querer somerterle a una disciplina colectiva que no hace distinciones con ciertos tipos especiales de carácter pero mágicos en lo futbolístico.

Fabri González fue culpado repetidamente como el causante de la salida de ambos sudamericanos, a los que veía como gérmenes de indisciplina. Puede que el gallego no tuviera esa mano izquierda, pero lo cierto es que los choques con otros destacados dirigentes del club son conocidos. Sin embargo en la tierra de Fabri el chileno ha encontrado abrigo. Curiosamente, lejos de dejarle a su libre albedrío, allí ha aceptado el comportamiento del resto. Es decir, ha atendido a los medios de comunicación cuando ha sido requerido para ello, se le ha tratado como uno más, se le ha dado cariño cuando lo ha necesitado y ha sacado todo su fútbol a pasear. En Granada jamás se le obligó a comportarse como el resto. Se le dio por caso perdido, haciendo gestos hirientes a los medios de comunicación locales, cuando no habían terciado con crítica alguna al aterrizar. Tal vez el método no fuera el de dejarle funcionar a su rollo. Algo parecido pasó con Muriel, al que se le permitió estar visiblemente fuera de peso, sin que nadie le metiera en cintura. No se sabe qué milagro han obrado en Italia, pero allí está estilizado, corre y rinde.

Una niñera, un psicólogo o hasta un buen traductor son con frecuencia más importantes que tener un denso equipo de rastreo de fichajes. No dudo en que el Granada puso su mejor voluntad en sacar lo mejor de estos jugadores, pero su triunfo fuera constata que esa faceta se puede mejorar. Igual que los años confirman una tendencia positiva a la hora de pescar futuros talentos, el mismo plazo concreta que a ciertos elementos no se les sabe meter en vereda a tiempo, cosa que sí logran otros.