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DÍA DEL TRABAJO

No sé la razón, pero en este día del trabajo me acuerdo de este cuentito de Eduardo Galeano:

«En la isla de Vancouver los indios celebraban torneos para medir la grandeza de los príncipes. Los rivales competían destruyendo sus propios bienes. Arrojaban al fuego sus canoas, su aceite de pescado y sus huevos de salmón; y desde un alto promontorio echaban al mar sus mantas y sus vasijas.

Vencía el que se despojaba de todo.»

Feliz 1 de Mayo.

Jesús Lens.


Comentarios

7 respuestas a «DÍA DEL TRABAJO»

  1. Avatar de silviña
    silviña

    Ayer mismo, ante un reto-desafío laboral en el que me he metido y que me puede traer enormes consecuencias (cuestión de honor) hablaba de irse, «a donde sólo valga lo básico del ser humano… eso, en taparrabos, me decía un colega…. ni eso, le respondía yo».
    Gracias por el cuentito, una delicia

  2. […] más es ‘Camino de ida’, de Carlos Salem. Un libro que me regaló mi hermano virtual, Patón, el día que me marchaba de Granada y que ha sido el primer libro leer una vez regresé a mi […]

  3. Avatar de Carrasqueño
    Carrasqueño

    Eduardo Galeano no sigue con lo que rodea a ese acto, por eso es tan bonito y tan sugerente.
    Y Silviña, perdón por la intromisión, es lo que a usted le hace dudar: usted es consciente de todas sus circunstancias. ¡¡¡Los malditos grilletes aceptados!!!

  4. Estos cuentitos son esenciales. Eduargo apunta, dispara… y no se regodea en el resultado. Es un genio. Me alegro de haber vuelto a sus pequeñas historias, apuntes y disparos.

    Ya nos contarás, Silviña…

  5. Avatar de Conan

    Bueno, realmente no es un cuento. Algunas tribus del Pacífico Norte tenían esa costumbre: era un modo de demostrar poder, de impresionar a los grupos vecinos con la capacidad del «gran hombre» (no había principados, jeje) para generar recursos. Los rivales, a la vista de lo que se quemaba, intentaban restarle importancia, y decían que tenían frío o que la hoguera era pequeña…

    Aunque en el fondo no es un uso extraño entre nosotros: es equivalente al que pide un crédito para la Feria, o se compra un 4×4 cuyas letras lo asfixian; pero el vecino lo mirará con envidia (o, al menos, eso cree)

  6. Avatar de silviña
    silviña

    Pues sí que es complicado despojarse de todo; no estamos educados para aceptar esto como una opción…. mucho menos como un triunfo! Aunque ahí, en lo profundo sí creo que es algo que requiere una enorme valentía, al alcance de unos pocos con los arrestos suficientes para vivir la vida como se merece.

  7. […] más es ‘Camino de ida’, de Carlos Salem. Un libro que me regaló mi hermano virtual, Patón, el día que me marchaba de Granada y que ha sido el primer libro leer una vez regresé a mi […]

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