Electrizado me quedo cada vez que veo esa secuencia. Es el comienzo de ‘Grupo salvaje’, claro, y aún estamos en los títulos de crédito de presentación de la película. Los protagonistas van a cometer un atraco en la oficina del ferrocarril y, después de reducir a sus empleados, mientras uno de ellos les apunta con su arma, recibe la consigna de Pike, el jefe de la banda: “Si se mueven, mátalos”.

Un Pike que, interpretado por un ajado William Holden, se gira a la cámara y clava su mirada de acero directamente en el patio de butacas, buscando a los espectadores. Tranquilo, Pike. Nosotros también nos quedaremos quietos, inmóviles, durante las próximas dos horas largas de metraje. No osaríamos siquiera pestañear.
Hoy, 21 de febrero de 2025, se cumple el centenario del nacimiento de Sam Peckinpah, uno de esos artistas ‘bigger than life’. Un director que nació tarde. Fuera de su tiempo. En otra época. Y que se pasó su existencia peleando contra todos y contra todo para tratar de vivir a su manera.

El Cine-club universitario ha tenido el buenísimo gusto de programar esta tarde precisamente ‘Grupo salvaje’ en el Espacio V Centenario de la UGR. ¡Grande, Juan de Dios Salas! Esto es sentido de la oportunidad y lo demás son tonterías.
Siempre me gustó ‘Grupo salvaje’, pero desde que mi querido y añorado Fernando Marías entró en mi vida, se convirtió en una de mis películas favoritas de la vida. Siempre que nos veíamos, más pronto o más tarde, hablábamos de ella. De la interpretación de ‘La golondrina’. De Pike cayéndose del caballo. Del juego del escorpión. De Mapache. O del famoso y mítico “¡Vamos!” que siempre resuena dentro de mi cabeza cuando toca hacer algo jodido, arriesgado, duro y complicado.

La amistad, la lealtad y la traición. El grupo frente al individuo. El sentido de pertenencia. La tierra de frontera. Envejecer y hacerse mayor. La estética del perdedor. La ética del fracaso. La vida al margen. Y la violencia, claro. Siempre la violencia.
Si el tiempo lo permite y la autoridad no lo prohíbe, esta tarde celebraremos el centenario de Sam en el mejor de los escenarios: una sala de cine, a oscuras. Y cuando Pike nos mire de frente y nos impela a quedarnos completamente quietos, sonreiremos para nosotros mismos. ¡A tus órdenes! ¡Siempre a tus órdenes! Va por ti, querido Fernando.
Jesús Lens