Coalición por allí o por allá

Hasta ayer no supimos el desenlace del culebrón catalán. Esperpéntico, con el acuerdo in extremis para que sea presidente Puigdemont, alcalde de Gerona y miembro de la antigua Convergencia. Parece que la gran noticia por lo que tiene de positiva es la retirada de Mas. Aunque tardía, acaba con un largo proceso, de fracaso en fracaso, hasta llegar a la humillación.


Con la mirada puesta en Cataluña, para bien o para mal, este próximo jueves comenzará la undécima legislatura con la constitución del Congreso y Senado. En la Cámara Alta el PP goza de mayoría absoluta y no tendrá problema en presidirla, pero otra cosa distinta será en la Carrera de San Jerónimo, donde las espadas están en alto a la espera de los acuerdos a los que se puedan llegar para la formación de los grupos parlamentarios y los nombramientos de la Mesa. Muy posiblemente el resultado de estas primeras negociaciones marcarán la impronta hacia la investidura de un candidato o el camino de nuevo a las urnas.
Tras lo visto y escuchado estos días, el ofrecimiento de Rajoy de una gran coalición con Ciudadanos y PSOE, a Pedro Sánchez le ha entrado por un oído y le ha salido por el otro. Sin embargo, se emplea a fondo en repetir el modelo portugués de una gran coalición de izquierdas. No será un corta y pega, hay diferencias y situaciones distintas. Lo más significativo es que en el país vecino no existe fuerza política alguna que quiera independizarse. Esa es la línea roja marcada por los propios socialistas, no permitir acercamiento alguno a Podemos mientras no renuncien a su propuesta de referéndum para la autodeterminación de Cataluña.
En ello insistió esta Semana Susana Díaz, sin ceder en lo que parece fundamental, la unidad de España.
Desconozco lo que harán los partidos independentistas si llega el caso, en ese potaje de izquierdas, pero Podemos ha mostrado gran flexibilidad, hasta el punto de manifestarse cercanos a la socialdemocracia. No sería de extrañar que abandonaran su reivindicación sobre el derecho a decidir y apoyaran un gobierno presidido por Sánchez. Pablo Iglesias tiene el objetivo de acercar a los socialistas al precipicio. Después, ya se sabe, dar un paso al frente resulta mortal.
Sánchez busca su propia supervivencia y la forma de conseguirlo es llegar a la Moncloa. La primera pregunta es si lo hará a cualquier precio y la segunda es plantear a Rajoy cómo aceptaría de compañero en esa gran coalición a quien le llamó indecente.
Demasiada coalición por un lado y por otro. ¿No les parece?

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