Tres años y tercera clase

Estos días vuelvo a recuerdos de mi infancia cuando los trenes de Renfe siempre llegaban con retraso, el transporte ferroviario se caracterizaba por la falta de puntualidad, los coches o vagones no gozaban de mucha limpieza y había una distinción clasista entre los viajeros, muy propia de aquella época, con plazas de primera, segunda y tercera. Y me viene a la memoria porque en Granada los retrasos en infraestructuras son sempiternos y al final la esperada conexión del AVE será más bien de tercera.

La puesta en marcha de la alta velocidad, primero entre Madrid y Sevilla, supuso una tremenda innovación que ha ido en aumento al extenderse la red por distintas rutas, entre ellas también a la vecina capital andaluza de Málaga. La proximidad hizo que desde Granada se intentara una pronta conexión a través de ella renunciando a otros trazados más cortos. Se trataba de aprovechar el recorrido existente hasta Antequera, pero los proyectos, tanto de gobiernos socialistas como populares, fueron modificándose por cuestiones técnicas, económicas, políticas… Retraso tras retraso, error tras error y fracaso tras fracaso, hemos sufrido tres años -y lo que nos queda- desde que se suspendiera el servicio para culminar las obras, el funcionamiento de una sola vía desde la entrada en nuestra provincia y el paso por un túnel, el de Loja, que se construyó no el siglo pasado no, el anterior, en el XIX. Y lo malo es que ahora no hay una fecha para que concluyan los trabajos complementarios y las pruebas necesarias, que se supone que es la fase en la que nos encontramos. En aras de la seguridad no se pueden meter prisas. ¡Faltaría más! Pero hay motivos de sobra para salir hoy a la calle y protestar por este aislamiento que nos castiga.

Y traspuestos nos hemos quedado esta semana por la decisión de la Justicia alemana de dejar en libertad a Puigdemont al negar el delito de la rebelión. La decisión ha dado alas a los independentistas pero hay que respetarla aunque no nos guste. El recorrido judicial es todavía largo y hay que esperar las actuaciones desde España en ese sentido. Ante el intento de los secesionistas de encontrar a toda costa respaldos internacionales, el Gobierno de Rajoy debe actuar con rapidez para intentar evitarlo, quizá con mayor determinación que hasta ahora.

La nueva arista del problema catalán habrá ocupado y preocupado al inquilino de la Moncloa este fin de semana, cuando le habían programado que lo destinara a la recuperación de la moral entre las filas de su partido. El PP inició el viernes su convención en Sevilla para que se visualizara además el pistoletazo de salida con su candidato Juanma Moreno en la carrera de las próximas autonómicas, con adelanto en la cita electoral o sin él. Pero esa intención se ha eclipsado por el escándalo de Cristina Cifuentes y su máster. La presidenta madrileña puede resistir mientras no se demuestre su culpabilidad, pero a la vista de que el rector de la Universidad Rey Juan Carlos dijera este viernes que no hay rastro de su trabajo está alargando una situación que perjudica a su propio partido.

Y al citar el nombre de esta figura tan relevante en la Monarquía y de la historia española no puedo concluir sin lamentar que el Rey Emérito contemplara con asombro el domingo pasado un gran patinazo real, tras el que su protagonista debería haber pedido perdón. ¿No les parece?

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