El joven juez que fue insultado por una dama

Un día de esos que te encuentras como más desinhibido o, más bien, menos congruente, lo que me suele ocurrir con frecuencia, le pregunté a un magistrado si en alguna ocasión le habían insultado. Me miró como diciendo: «Qué cosas se le ocurren a estos periodistas». Así, tras mi pregunta respondió: «Sí, en una ocasión». «¿Y cómo fue?», insistí.

El hecho ocurrió en Castrojeriz, un pueblecito de la provincia de Burgos, que fue el primer destino que tuvo este juez. Un día llegó a sus oídos la noticia de que había fallecido un hombre que dejaba en herencia una finca denominada «Castrojeriz» y que la única heredera era una sevillana de mucho postín. A los pocos días se presentó en el despacho una señora muy emperifollada que le dijo al joven jurista que venía a recoger «el pueblo, que es la herencia que me dejaron».

El juez le explicó entonces que había una cierta confusión, que, aunque comprendía que en Andalucía había latifundios, en Burgos no era así, y que lo que le habían dejado en herencia no era el pueblo, sino unos terrenos de varias hectáreas que se llamaban igual que la villa «Castrojeriz».

Después de que la mujer comprendiera el entuerto, el juez pasó entonces al formulismo rutinario para iniciar unos trámites relacionados con la citada herencia. Así que el joven jurisconsulto, como estipulan las leyes, comenzó por el principio. «¿Nombre?», a lo que la señora contestó algo así como María de las Mercedes Angustias de la Torre y Luria, marquesa de Balandajar y Andujar, a la vez que fue añadiendo una retahíla de nobles títulos y subtítulos que el juez escuchó de forma atenta.

Tras un silencio, el magistrado preguntó: «¿Edad?». Entonces el silencio se hizo más largo, bastante más, la mujer tomó aire y, visiblemente molesta, respondió: «La suficiente para llamarle a usted maleducado».

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