Las Navidades y esos viajecitos en tren

Vamos a ver; el viaje fue desde Palencia a La Coruña, en tren, pero si me dicen que en vez de un tren era el bingo… te lo juro que me lo creería. Ya en el andén todo el personal desquiciado buscando el coche, que si el 3 está adelante, que no que atrás, que yo no veo el número, que este parece que es pero la luz…. y al final, entre los nervios de que no lo encuentro y que a ver si va a salir… todo dios en manada en los vagones, que má que viajeros parecíamos refugiados

Y ya en el ferrocarril: «El asiento 5A ¿dónde es?», me dice un señor. Entonces miro el billete, y con una alegría que ya te puedes imaginar vamos por el pasillo tropezando con todo, y al llegar, pues que el 5A está ocupado por una señora que le está dando una dentellada a un bocadillo de jamón, que ganas me dio de preguntarle si el bocata venía con el asiento.

Y entre que estaba dándole al diente, tapada con unos abrigos, en su regazo unas bolsas con mandarinas y había algunos sitios vacíos, le dije al hombre: «Siéntese aquí, es igual». ¿Igual?, joé igual. Menudo cristo al llegar cerca de León, en Reliegos, cantidad de gente que sube y que si este es mi plaza, que no se moleste, que entonces ya me pongo aquí, que total para 20 kilómetros…

Pero no adelantemos acontecimientos porque tras colocar al señor en su sitio me dice: «Y podía subirme esta bolsa de mano ahí arriba…». Mira, yo en mi vida he cogido muchas bolsas, pero muchas, pero al agarrarla a punto estuve de decirle: «Oiga, me enseña sus manos, porque es usted un prodigio, es que esta bolsa, bien bien pesa 5.000… 7.000 kilos» Y tras hacer un esfuerzo que me dejé el higadillo, allá fue la maleta en plan parábola que casi me llevo una cabeza por delante.

Y como las cosas son así, en el esfuerzo, a mí que se me caen el móvil, que justo en ese momento suena y como harto de musiquitas iguales tengo grabada la de la Lotería de Navidad, sí esa de «44.555… mil euros…, 37.985, mil euros, 78.5441… mil euros» pues el personal que flipaba como si hubiera retrocedido en el tiempo al 22 de diciembre.

Y en esas estábamos todos acomodándonos donde no nos correspondía, viendo números de asientos y coches, subiendo maletas, cuando de repente aparece una chica superelegante vendiendo periódicos. Te lo juro que fue verla y ganas me dieron de decirle: «Pero mira hija, con el bacalao que tenemos aquí ¿de verdad crees que alguien va a leer un periódico?».

Y entonces oigo a uno que dice: «Las mantecadas son típicas de esta zona, de Astorga ¿no?» y a punto estuve de decirle: «Sí chaval, sí; de Astorga y de este vagón, que ves la mantecada que tenemos todos, que llevamos diez minutos de viaje y aun no sabemos dónde ponernos…».

Y al final, tras caso seis horas llegué a La Coruña, que fue bajar y ver el letrero de la ciudad y no me lo creía, y cuando ya iba a salir de los andenes, en eso que giro la cabeza, veo los vagones y me digo: «La línea férrea… la línea férrea… lo de férrea no sé, pero lo de línea lo sacaron del bingo fijo. ¡Dios qué viaje, qué número!».

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