Algo más que palabras

Hablar siempre ha sido bueno, y está bien y hasta necesario el discurso crítico con una sociedad que deja mucho que desear. Hoy leo declaraciones de Javier Bardem, el villano de la nueva entrega de 007, en las que aclara que los auténticos villanos de hoy están en la política, los bancos y los despachos del poder. No seré yo quien diga lo contrario pero empiezo a creer más en la acción y menos en los discursos, más en la buena obra y menos en la palabra.


Hablo de la acción entendida desde los miles de voluntarios que colaboran con organizaciones de todo tipo para intentar impedir que los especuladores desahucien de sus casas las miradas asustadas de niños y familias abandonadas a su suerte; para ayudar a que muchos tenga un plato de comida caliente, para hacer posible que a negros, gitanos, pobres y otros parias de la tierra a los que miramos con desdén y distancia puedan tener una oportunidad de asomarse a la vida si no lo han perdido antes en las aguas frías del mar de Alborán.

Hablo de la acción de los que dan la cara aunque se la partan, como a un periodista de Grecia que publica una lista con 1.700 ricos que no pagan impuestos en su país y el Gobierno griego en lugar de actuar contra ellos mete en la cárcel al periodista por hacer públicos los nombres.

Y hablo de la acción entendida como el ejemplo de quien da un paso adelante con algo más que discursos. Seguramente los 20 millones de Amancio Ortega para Cáritas son calderilla, pero la calderilla suma y cuenta cuando falta tanto y a tantos. Su ejemplo debía cundir entre los del ‘Club Botín’. O incluso entre los Bardem. Que cada uno deje la propina que pueda.

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