La noche del martes la pasé prácticamente en blanco, sin pegar ojo por unas molestias físicas muy incómodas. La mañana de ayer fue, pues, fatigosa; así que nada más llegar a casa, traté de echar una siesta reparadora que me permitiera estar descansado y lúcido para escribir esta columna. Pero el sueño no llegó, enganchado…