
Es el odio el que entorna tu pupila y concentra la mandíbula. Es la envidia la que estremece tu cuerpo y acelera el corazón, que trota tormentoso por travesías tramposas y tamtras truncados por triunfos forasteros. Es la ambición la que impregna la sien, la que gotea incesante a lo largo de una calurosa cuesta […]