Hace un par de semanas el periódico IDEAL se hacía eco de una marca insólita en la hostelería granadina. Las licencias de terrazas dispensadas por el ayuntamiento durante el presente año ascendían a 541, superando en 171 las otorgadas el año pasado. Un 46% por ciento más, ni más ni menos, y ello, en plena recesión económica. Motivos más que suficientes para felicitar el buen trabajo del gremio de la restauración que ha sabido convertir a la tapa en un bien de primera necesidad, indispensable, cuanto menos, para ser feliz en estos tiempos adversos. Ahora bien, todo esto da que pensar. Tratar de sacar conclusiones rápidas sobre el “brote verde” que bares y restaurantes han encontrado este año en las terrazas, produce perplejidad. Máxime en una provincia en la que hay más de cien mil parados -más de un treinta por ciento de la población activa- y donde la crisis no da tregua a ningún otro negocio. Supongo que el gremio de la hostelería tendrá muchas razones para quejarse de la crisis, pero la realidad, esa que se ve en la calle Navas, Elvira o Plaza Nueva, dicta al sentido común que si hay algo que se salva de esta […]