
Ambos desenvainan la espada, adoptan la postura y dedican unos segundos de quietud para mirar a su enemigo a la cara. Ningún duelo, antes de empezar, muestra miedos ni arrepentimientos. Es respeto lo que vemos. Honor. Un romanticismo que hoy se tacha de inútil. Sí, supongo que es eso lo que me llama la atención: […]