El efecto Illa

Salvador Illa se va y hasta los que pidieron su dimisión critican ahora su marcha. Hace justo un año, el ministro andaba negando que existieran motivos sanitarios para suspender el Mobile Congress en Barcelona y desde este martes es el candidato del PSC al 101 per cent.

Es evidente que, en cuestiones sanitarias, estábamos mejor a finales de enero de 2020. Pero ha sido precisamente su desempeño en el ministerio el que le ha convertido en el mejor candidato a la Generalitat para el PSOE y -añado- para el conjunto de los españoles.

De Illa nos gusta su aspecto a camino entre interventor de banco y predicador de los que van por las casas intentando colocarte una biblia; lo bien que habla incluso cuando no dice nada; su flequillo sin despeinar en la pandemia; y que da las gracias cuando se le insulta.

Que haya aprovechado el ministerio como plataforma para otra carrera política no es nada que no hicieran otros consejeros que se postularon como alcaldes o tiralevitas que opositaron a ministros. Otras cosa es hasta qué punto se resentirá la gestión del coronavirus con la dimisión de Illa. Que es también el ministro con el que se compraron test rápidos que no servían, las cifras se pervirtieron hasta el punto de no poder creerlas o los expertos fueron un pretexto desconocido.

Por todo esto que ha hecho como ministro, Illa es un buen candidato para Cataluña.

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