Unos vecinos de Granada se han manifestado contra una casa de su barrio en la que se ejerce la profesión más vieja del mundo. Vamos, que hay putas. Ellos, los vecinos, inocentes, colgaron unas pancartas… En fin, yo no sé lo que leen ustedes, pero yo no hago más que pensar que el mensaje lleva a confusión.
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Quería guardar la compostura con este tema. Favorecer el olvido al que quedará relegado con el tiempo -como todas las iniciativas que carecen de sentido común-. Pero no puedo aguantarlo más y no veo que nadie lo diga tan claro como merece la pena. Allá va:
1.- El #15M murió a manos de la especulación emocional, término que acabo de crear para describir el aprovechamiento y la mala gestión que los mal llamados ‘cabezas del grupo’ hicieron de los días posteriores, abusando de la confianza ciega que otros depositamos en las plazas.
2.-No hay razón para suponer que todo lo bonito que vivimos aquél día vaya a volver. Ninguna. Podría haber sido toda una revolución ANTES de las elecciones del 20N. Pero, una vez más, se prefirió ocupar la Plaza del Carmen el sábado de reflexión haciendo un ridículo espantoso. Y no: cien personas gritando no es un éxito. Son ganas de provocar fotos de confrontación con la policía, que no tienen culpa de nada.
3.-¿Por qué deben tener los miembros de la #acampadagranada derecho a ocupar los edificios que ellos vean convenientes? ¿Cómo tienen la desfachatez de pedir que firmemos una carta por la apertura del -agárrense- ‘Centro Cívico Abierto 15M’ después de tomarlo días antes, una vez más, durante el sábado de reflexión, porque les pareció oportuno? ¿Quiénes creen que son para hacerlo, además, en mi nombre -en nuestro nombre-? ¿Tan difícil era seguir un cauce normal y esperar, como haría cualquier otra asociación, la respuesta de la entidad y, de ser así, aceptar la negativa como tantos otros hacen?
4.-Las acampadas (y sus twitters) dejaron de ser apartidistas hace mucho tiempo. Tampoco sobra recordar que hay que aceptar las críticas y las opiniones distintas, las que no nos gusta oír, sin insultar.
5.-Y, como crítica para el gremio, dejemos de hacer noticia algo que ya no lo es.
Sé que aquí cada uno leerá lo que quiera. Todo depende del cristal con el que se mire. Pero para los que alguna vez creyeron que era posible un cambio, una revolución, una apasionante toma de poder desde los ideales y la honestidad, por favor, recobremos el sentido. Nunca arreglaremos nada desde fuera.
El proyecto #ideasparagranada es un éxito enriquecedor. Sin duda. Desde que se cerró el signo de interrogación he escrito -comentado, apoyado, criticado, retuiteado- un buen puñado de propuestas. La pregunta, ¿cuál es tu idea para mejorar Granada?, encierra dos claves básicas para establecer un estado de la cuestión: Qué queremos y qué nos preocupa. Ya saben: infraestructuras, economía, gestión, cultura, sanidad, educación, etcétera.
Si nos ponemos filosóficos, Platón dijo que el mundo de las ideas plasmaba todo lo que somos y todo lo que ansiamos ser. Por tanto, las ideas marginales, aquellas que el colectivo desecha o en las que nadie pensó, son ignoradas. Conatos de nada.
Dicho lo cual, después de leer cientos y cientos de propuestas para mejorar, permitan una reflexión que me carcome por dentro. Este ejercicio de autoconocimiento que es #ideasparagranada también debería hacernos recapacitar sobre lo que ni siquiera tenemos en mente, las ideas marginales: los otros.
¿Para mejorar Granada alguien…
… propuso mejoras solidarias?
… pensó en las zonas más desfavorecidas de la ciudad y en los proyectos faltos de financiación que caen en saco roto?
… fue consciente de la pobreza (POBREZA) que se mueve a un kilómetro de Puerta Real, en la Zona Norte, en la barriada de La Paz, en la barriada de Las Parcelas?
…planeó programas para la constante llegada de inmigrantes en pateras a las costas granadinas, que ya duplica el número del año pasado?
… promovió el voluntariado y facilitar la financiación de comedores sociales?
… propuso crear una red de recogida de ropa y alimentos?
… apoyó el movimiento social, solidario de oenegés y asociaciones?
…se fijó en que los cajeros de Granada se han convertido en pensiones para los sin techo?
En fin. No me confundan. Fui el primero que defendió como “imprescindible” la llegada del AVE, el impulso de las obras, la gestión interna de nuestro patrimonio y la apuesta cultural. Está claro que hay #ideasparagranada que generarían una riqueza, un movimiento y una ilusión que se contagiaría a otros sectores. Pero, sin ánimo de caer en la demagogia, creo que es un buen momento para ser conscientes de lo poco conscientes que somos -o queremos ser- con las preguntas anteriores.
Ojo, que estoy convencido de que muchos de los que proponen (propusimos) una #ideaparagranada estarían encantados con una ciudad más solidaria. Incluso, lanzarían instantáneamente su mano para lo que haga falta. Lo que digo, lo que me reconcome, es que después de lanzar miles de retos, de convertirnos en Trending Topic, nadie consideró que una buena idea para Granada sería pensar en ese otro.
¿Qué opinan?
La #acampadagranada también tenía derecho a una muerte digna. Un final íntegro que no pasara por aburrir ni por caer en el olvido. O en el absurdo. El pasado sábado por la mañana, casi tres semanas después de montar la primera tienda en la Plaza del Carmen, se celebraba otra asamblea para decidir los puntos clave de la revolución prometida. Después de tanto tiempo funcionando, uno espera debates intensos sobre el estado de la economía, la campaña contra la corrupción o, qué sé yo, sobre cerrar el chiringuito y crear una plataforma que no necesite dormir en la calle. Pero no. El debate era otro: “En nuestros comunicados, ¿escribimos ‘todos’ para referirnos a ‘todas las personas’ o escribimos ‘todos’ y ‘todas’? Voten, por favor”.*
De repente me vino a la cabeza una de esas comparaciones odiosas. La #acampadagranada se me antojaba como aquél ‘Frente Judaico Popular’ de ‘La Vida de Brian’, en el que las propuestas de todos sus miembros tenían que aprobarse por consenso y tras una votación singular. Así, pasaban horas y horas discutiendo si el nombre correcto debía ser ‘Frente Judaico Popular’ o ‘Frente Popular de Judea’.
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Sé con todo mi ser que hay voluntades inquebrantables y trabajadoras implicadas en la #acampadagranada. Sé que los grupos de trabajo son un éxito espectacular, porque están aunando las quejas de los vecinos de todos los barrios de la ciudad al tiempo que ofrecen un regalo impagable: hacer que nos sintamos escuchados. Sé que hay apuestas de futuro, fe en el cambio. Pero, amigos, lo de las acampadas se está tornando en chiste.
Este ‘Frente Granadino Indignado’ o ‘Frente Indignado de Granada’ está gastando tiempo y esfuerzos en votar si hay que votar para tomar decisiones. Y, mientras, el recuerdo de la manifestación del #15M se olvida, el peso de la sociedad se desgasta y favorecemos que, el día de mañana, cuando queramos volver a tomar la calle, a hacernos escuchar, más de uno se retracte y diga: “¿otra vez a la calle? Mejor no, vayamos a que se queden a dormir”.
Acampados, ¿no os preocupa que entre tanta votación se os pase lo realmente importante? ¿Y si terminamos liberando a Barrabás en vez de a Brian? Voten. Todos y todas.
*(No entraré en el tema de los ‘todos y todas’, que para eso ya está Reverte que lo hace mil veces mejor. Pero, para que conste, me repatea el higadillo leer un comunicado de prensa en el que pone los ‘indignadxs’)
A primera hora de la mañana, un agente de policía charla con un grupo de ‘indignados’ en la Plaza del Carmen. Intuyo, por sus palabras, que habían empezado con mal pie. El grupo recriminaba al policía por el mero hecho de ser policía y el policía, con una sonrisa serena, abría un diálogo, a mi entender, fascinante:
-…Pero vamos a ver, aquí se trata de abrir una democracia real, en la que todas las opiniones se tengan en cuenta y se nos escuche a todos, pero yo me acerco a vosotros, para hablar, y me miráis mal, me gritáis y me decís que “no” sin escuchar… -vuelve a sonreír, muy afable, muy cordial-
-Claro, por las malas maneras, porque queréis cargaros un movimiento de la calle -responde uno, alterado-
-¿No puedes entender que yo tengo que hacer mi trabajo? No podemos tener buenas formas si vuestra primera reacción son malas formas. ¿No lo ves? Si se trata de respetar todas las ideas, respetemos todas, de verdad.
El policía se disculpa, dice que tiene que atender una llamada y deja el debate abierto. Uno de los ‘indignados’, ahonda en ‘las ideas’:
-Tiene razón.
-¿En qué?
-En lo de las ideas. Ayer por la noche hubo abucheos para ciertas personas, cuando cogieron el micrófono y expresaron sus ideas. No se les escuchó porque no era lo que se tenía pensado…
-Aquí se escucha todo, tío
-Ah sí, ¿y qué dijo?
-No sé, habría ruido.
¿No les parece maravilloso? El diálogo, quiero decir. Hablar de los errores puede ser el mayor éxito del 15M. Una democracia real.
Actualizado: no me puedo resistir a poner un ejemplo, en vídeo, de un diálogo natural, limpio, veraz…
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El derecho a la huelga es tan respetable como el derecho a trabajar. Y parece que esa reflexión no es recíproca. A lo largo de los últimos días me he cruzado con decenas de personas que se encuadran detrás de esta reflexión:
1.- No estoy a favor de la huelga. Llega tarde, ¿por qué no sucedió hace un año o dos, cuando miles de personas perdían su trabajo a diario?
2.- Los sindicatos hablan con ellos.
3.- El miércoles 29 de Septiembre irán a la huelga.
¿Qué poderosa dialéctica han ejercido los sindicatos para convencer tan fulminantemente a estos trabajadores? ¿Acaso les convencieron de que este país necesita una revolución, un revulsivo? ¿Quizás hablaron de la presión política, del efecto llamada, de la importancia de la reflexión? ¿Fue política?
Nada. El argumento genial y convincente fue el siguiente: “Podéis venir a trabajar, pero que sepáis que pondremos a dos piquetes en la puerta”.
Vergonzoso.
Hoy, por ejemplo, coincidían la experiencia de un taxista y conductor de autobuses. Ambos no ven la huelga con buenos ojos, pero van a cumplir con ella. Ambos tienen miedo a salir a la calle y recibir una pedrada o que un piquete loco decida quemar su medio para conseguir algo que llevarse a la boca. “Mañana saldré de 6:00 a 10:00, luego me iré a casa y me llevaré la niña al monte o algo así. ¿Para qué jugármela?”
El argumento de los sindicatos consiguió que estos trabajadores fueran a la huelga. NO que cambiaran de opinión. Es muy distinto. Radicalmente opuesto. ¿De qué sirve tener a ‘x mil’ personas ‘protestando’ si no creen en lo que hacen?
Que alguien me explique, en mi descomunal ignorancia, para qué sirven los piquetes. De qué sirve que tres tipos se atranquen en la puerta de las empresas para no dejar que otras personas ejerzan su derecho a no ir a la huelga (tan respetable como el otro). Imaginen, por ejemplo, que un día de elecciones salieran a la calle piquetes a tirarle piedras a su coche para que no vote a Fulanito de Copas. Es un sinsentido. ¿De verdad quieren conseguir respeto con miedo?
La huelga es una manera de que el pueblo alce la voz para expresar su descontento. En serio, una vez más, ¿no es una tremenda falacia tener gente en huelga que realmente no quiere estar en huelga? ¿No es absurdo que los sindicatos busquen su medalla convenciendo así a la gente?
Me gustaría creer que no todos los trabajadores de sindicatos encajan con esta repugnante definición de ‘sindicalista’. Pero, qué quieren que les diga: sindicatos, así No.
(Antes de que algún lanzado me ponga de un bando u otro, observen que no he entrado a valorar si la huelga es o no es necesaria. Si estoy o no estoy a favor. Hablo de que no necesitamos peleles ni manipuladores. Sólo gente que sepa lo que hace)
No sé si se han fijado, pero los de Lepe tienen un serio competidor. Un colectivo que sufre, a diario, la mofa de media España y parte del extranjero: los de la ESO. Y no me extraña. Esto sucedió ayer, en un colegio de la provincia de Granada -tampoco vamos a hacer sangre-. Al loro:
El profesor entra en clase de 2º de ESO -lo que era 8º de EGB, 13-14 años- y, sin más rodeo, pregunta: “¿Quién sabe definir lo que es ‘monarquía’?” Los alumnos dudan por unos segundos, hasta que uno termina levantado el dedo para responder: “Eso es cuando hay un rey”. El maestro acepta la definición y la utiliza de enganche para comenzar la lección: ‘Monarquía y República’.
No había pasado ni la mitad de la hora cuando el señor profesor vislumbró ciertas dudas en el personal. Vaya, que no se enteraban de la misa la mitad. Con cierta curiosidad -y algo de picardía- les pide que saquen un folio y escriban, sin más, qué es España, “¿república o monarquía?”.
Recoge los folios. No los mira. Sin embargo, las risillas entre los pupitres, los culos de mal asiento y los resoplidos son parecidos al ambiente que se respira tras un examen que ha sido un fracaso. El profe propone un ejercicio de sinceridad: “Venga va, que no os dé vergüenza, levantad la mano los que hayáis puesto ‘República’”.
Tres manos abajo. Veintiséis manos arriba. ¡¡Por las barbas de Fray Leopoldo, veintiséis!!
El profesor no sabe si reír o llorar. Yo tampoco. Mi tío Guillermo suele decir que menos pantallas y más Cid Campeador. Y yo me pregunto si no tendrá razón. A ver, ahora regalamos portátiles a los niños y les enseñamos que ahí está el futuro: correcto. Les damos las herramientas necesarias para que sean capaces de buscar la respuesta a cualquier pregunta: correcto. ¿Pero qué pasa si no tienen un ordenador delante, son melones con patas? ¿El ser humano del futuro no podrá charlar con propiedad sin tener ‘Google’ cerca?
A todo esto, el profesor, algo indignado, les dijo que si no saben quiénes son el Príncipe Felipe, la Princesa Letizia… “¡Claro, sus hijas salieron en la tele el otro día!”, respondieron. Además, demostraron que tenían serios conocimientos sobre los actos sociales a los que asisten, los líos de faldas de la casa real e, incluso, el debate de la sucesión de Felipe. Otra cosa no, pero los programas del Corazón están dominados… El profesor alza la voz: “Pero bueno, ‘el príncipe’, ‘la princesa’, ‘el rey’… ¡¿Y no sabéis que esto es una Monarquía!?”
“Yo qué sé, profe. Yo qué sé”. Bienvenidos a la República independiente de mi clase.
Me uno con toda la solemnidad posible a este manifiesto, creado bajo el acertadísimo título de ‘Por una Alhambra Única’. Lean, lean. Después compartan. Debatan. Y, si es posible, defiendan a Granada.
Pueden unirse al manifiesto en Facebook y en Twitter.
POR UNA ALHAMBRA ÚNICA
Manifiesto en defensa de la singularidad del conjunto monumentalLa Alhambra es un enclave universal, un mito histórico y artístico, un territorio cuya excepcionalidad ha sido reconocida a lo largo de los siglos. No pertenece solo a Granada. Es un conjunto monumental de Andalucía, España y el mundo. Desde que los Reyes Católicos entraron en la vieja capital nazarí un 2 de enero de 1492 el monumento viene gozando de un estatus de privilegio e independencia. Todos los gobiernos de los últimos cinco siglos han respetado la singularidad de un monumento que en 1984 fue reconocido como Patrimonio Mundial de la Humanidad.
En diciembre de este año la Alhambra, que ha sido referente internacional reconocida por altas instituciones como la Unesco, cumple veinticinco años desde que la Administración Autonómica Andaluza se hizo cargo de su gestión. Esa adscripción administrativa no ha impedido que en el Pleno del Patronato estén representadas instituciones públicas españolas, como el Ayuntamiento de Granada, la Universidad de Granada o el Ministerio de Cultura. El Pleno del Patronato, su máximo órgano de gobierno, es la metáfora más esclarecedora del carácter plural que la Alhambra siempre ha tenido.
En las últimas semanas han aparecido noticias inquietantes en cuanto al futuro del conjunto más visitado de España. La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía anunció hace unos días que el Patronato entraría a formar parte de una agencia andaluza de instituciones culturales donde además del conjunto monumental estarían integrados centros tan dispares como el instituto andaluz de las letras, la red autonómica de bibliotecas, la agencia del flamenco, los teatros o los museos provinciales.
¿Qué relación guarda el conjunto monumental de la Alhambra con una biblioteca municipal, un teatro de provincias o un centro de arte contemporáneo? La Alhambra es mucho más. Es el mayor símbolo cultural que España posee, el sitio cultural más reconocido en cualquier país del mundo, el monumento que ha gozado desde hace cinco siglos de una singularidad que no puede perder.
Los argumentos ofrecidos por la administración autonómica son endebles. No convencen. Bajo la excusa de la crisis económica la Consejería de Cultura ha tratado de unificar en un mismo paraguas instituciones que nada tienen que ver entre sí. La Alhambra es la única entidad cultural pública española que genera beneficios que revierten en su conservación, difusión y restauración. Así lo recogen sus Estatutos y el Plan Director, aprobado en 2008, una hoja de ruta que señala el camino del monumento para los próximos años. Más incomprensible aún es esta decisión cuando hace meses la Junta de Andalucía anunció que el Patronato de la Alhambra y Generalife se convertiría en breve en una Agencia Especial que garantizaría una mayor independencia, autonomía y autogestión del conjunto áulico. La nueva norma que la Consejería de Cultura quiere aplicar es un retroceso absoluto, incomprensible, una vuelta atrás cuando en unos meses está previsto celebrar el veinticinco cumpleaños del traspaso de competencias del monumento del Estado a la Junta de Andalucía.
No existen argumentos racionales para justificar esta arbitraria decisión. La Alhambra no pretende competir con ninguna otra institución. Pero su excepcionalidad la hace única. Es probable que después de muchos años de autonomía a la Consejería de Cultura le sea difícil explicar con argumentos sólidos -culturales, económicos y jurídicos- una maniobra tan torpe que ha puesto a la sociedad civil andaluza en estado de alerta. La Alhambra pertenece al Estado Español. ¿Qué tiene que decir el Ministerio de Cultura, representado en el Pleno del Patronato de la Alhambra, ante una maniobra de este calibre?
A través de este manifiesto tratamos de convencer a la Junta de Andalucía de que su decisión es una equivocación. Pedimos que desista de su intento de englobar la Alhambra en una macroagencia. No pretendemos generar polémicas ni rivalidades, ni de ningún modo adscribir nuestro discurso a ideologías partidista o localistas. Por eso pedimos al Patronato de la Alhambra y Generalife, al Pleno y a su Comisión Técnica, que expongan las razones oportunas para que la Junta de Andalucía desista de su intento. Solicitamos al Ministerio de Cultura que defienda a la Alhambra desde Madrid con el fin de hacer ver a los responsables de la consejería andaluza que su decisión generará fricciones innecesarias. Y por último, rogamos al señor presidente de la Junta de Andalucía, don José Antonio Griñán, que convenza a los dirigentes de la Consejería de Cultura para que dejen sin efecto unas medidas que supondrían el fin de una historia de singularidad que comenzó hace 518 años, cuando los reyes Isabel y Fernando comprendieron que la Alhambra era un lugar único en el mundo que merecía ser conservada y difundida por gobiernos responsables y de altas miras.
Colectivo Ciudadano Por una Alhambra Única
porunaalhambraunica@gmail.com
El accidente de Castelldefels es tremendo. Lo mires por donde lo mires, se respira la tragedia. Creo que coincidirán conmigo en que el origen del drama está en la imprudencia. En la ausencia absoluta de una reflexión, de un razonamiento o de un comportamiento sosegado. Hablando con algunos compañeros nos hemos dado cuenta de que, en realidad, tentamos -todos, la sociedad en general- la suerte a diario con decisiones peligrosísimas. Sin ir más lejos, hace poco sucedió algo parecido en las vías del tren de La Chana.
El ‘problema’ está en que la mayoría de las imprudencias que cometemos sin juicio, por suerte, no trascienden al terreno de la tragedia. ¿Pero eso es razón para rozar el límite?
Hoy, por ejemplo, a las 14:30 horas, íbamos por la desagradable y taponada autovía de Granada cuando nos hemos topado con una escena dantesca. Un coche estaba parado en la zona de cebra que hay entre carriles, en la incorporación a la autovía de la salida de la estación de autobuses. El conductor, suponemos que el padre de la familia, esperaba a que su mujer y su niña, de 4 ó 5 años, a que volvieran al coche. La madre sostenía a su hija, con los pantalones bajados, mientras ella orinaba. O-ri-na-ba. La zagala estaba meando en mitad de la autovía.
Francamente. ¿No les parece una barbaridad? ¿Un peligro? ¿Y si una moto sale más rápido de la cuenta y no ve a la niña? ¿Y si la niña se resbala y cae en la trayectoria de un coche? ¿Y si otro coche choca con el turismo de la familia? En serio, ¿en qué cojones estaban pensando?
Luego llega el suceso. Titulamos con indignación. Hacemos preguntas y buscamos respuestas. Y, con un suspiro, lamentamos: “Qué imprudencia…”
En estos tiempos de reciclaje, consumo responsable de energías y meditación zen en pos de la Madre Naturaleza, hay cosas que todavía me sorprenden. A ver, no es que yo sea el mejor ejemplo ni el más coherente, pero me queda cierta sensibilidad. Sobre todo cuando, en mitad de una calurosa caminata por Granada, de golpe y porrazo, paso de 38 grados a 32 en poco más de un segundo. Les cuento.
Desde Plaza Trinidad, la calle Mesones no parece la mejor opción para llegar a Puerta Real rápidamente: demasiada gente apelmazada, muy relajados y a paso de tortuga. Pero, por unas cosas o por otras, termino entrando. A estas alturas del paseo, sufro del conocido estigma del ‘Sobacus Camachus’ o, lo que es lo mismo, un calor de tres pares de narices. Sin embargo, cuando ya estaba intimando con las enésimas gotas de sudor, llega el paraíso a ritmo de Fujitsu: Mesones.
No les exagero: por lo menos 5 ó 6 grados menos que en el mundo real. ¡A pesar de la marabunta! Bueno, puede que eso explicase la turba… En fin, el caso es que casi todos los comercios -que no son pocos- de la calle Mesones tenían puesto a toda pastilla el aire acondicionado, con las puertas abiertas de par en par. Para compartir. A tutiplén.
Desde el punto de vista empresarial, es una gran idea. Lo de ‘Centro Comercial Abierto’ toma especial sentido: miles de posibles clientes mirando escaparates, paseando sin prisas, disfrutando del fresquito. Ahora bien, y corríjanme si me equivoco, ¿en términos medioambientales es una iniciativa un tanto dudosa, no?
Con lo delicados que estamos con estos temas, me extraña que ninguna fuerza política, de camino al Ayuntamiento, haya notado este brusco cambio de temperatura. O, quizás, quién sabe, prefirieron dejar de abanicarse, que es muy cansino.
¿Han notado este fresquito? ¿Dónde más se despilfarra el aire acondicionado?













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