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Manifiesto: Por una Alhambra Única

Me uno con toda la solemnidad posible a este manifiesto, creado bajo el acertadísimo título de ‘Por una Alhambra Única’. Lean, lean. Después compartan. Debatan. Y, si es posible, defiendan a Granada.

Pueden unirse al manifiesto en Facebook y en Twitter.

POR UNA ALHAMBRA ÚNICA
Manifiesto en defensa de la singularidad del conjunto monumental

La Alhambra es un enclave universal, un mito histórico y artístico, un territorio cuya excepcionalidad ha sido reconocida a lo largo de los siglos. No pertenece solo a Granada. Es un conjunto monumental de Andalucía, España y el mundo. Desde que los Reyes Católicos entraron en la vieja capital nazarí un 2 de enero de 1492 el monumento viene gozando de un estatus de privilegio e independencia. Todos los gobiernos de los últimos cinco siglos han respetado la singularidad de un monumento que en 1984 fue reconocido como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

En diciembre de este año la Alhambra, que ha sido referente internacional reconocida por altas instituciones como la Unesco, cumple veinticinco años desde que la Administración Autonómica Andaluza se hizo cargo de su gestión. Esa adscripción administrativa no ha impedido que en el Pleno del Patronato estén representadas instituciones públicas españolas, como el Ayuntamiento de Granada, la Universidad de Granada o el Ministerio de Cultura. El Pleno del Patronato, su máximo órgano de gobierno, es la metáfora más esclarecedora del carácter plural que la Alhambra siempre ha tenido.

En las últimas semanas han aparecido noticias inquietantes en cuanto al futuro del conjunto más visitado de España. La Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía anunció hace unos días que el Patronato entraría a formar parte de una agencia andaluza de instituciones culturales donde además del conjunto monumental estarían integrados centros tan dispares como el instituto andaluz de las letras, la red autonómica de bibliotecas, la agencia del flamenco, los teatros o los museos provinciales.

¿Qué relación guarda el conjunto monumental de la Alhambra con una biblioteca municipal, un teatro de provincias o un centro de arte contemporáneo? La Alhambra es mucho más. Es el mayor símbolo cultural que España posee, el sitio cultural más reconocido en cualquier país del mundo, el monumento que ha gozado desde hace cinco siglos de una singularidad que no puede perder.

Los argumentos ofrecidos por la administración autonómica son endebles. No convencen. Bajo la excusa de la crisis económica la Consejería de Cultura ha tratado de unificar en un mismo paraguas instituciones que nada tienen que ver entre sí. La Alhambra es la única entidad cultural pública española que genera beneficios que revierten en su conservación, difusión y restauración. Así lo recogen sus Estatutos y el Plan Director, aprobado en 2008, una hoja de ruta que señala el camino del monumento para los próximos años. Más incomprensible aún es esta decisión cuando hace meses la Junta de Andalucía anunció que el Patronato de la Alhambra y Generalife se convertiría en breve en una Agencia Especial que garantizaría una mayor independencia, autonomía y autogestión del conjunto áulico. La nueva norma que la Consejería de Cultura quiere aplicar es un retroceso absoluto, incomprensible, una vuelta atrás cuando en unos meses está previsto celebrar el veinticinco cumpleaños del traspaso de competencias del monumento del Estado a la Junta de Andalucía.

No existen argumentos racionales para justificar esta arbitraria decisión. La Alhambra no pretende competir con ninguna otra institución. Pero su excepcionalidad la hace única. Es probable que después de muchos años de autonomía a la Consejería de Cultura le sea difícil explicar con argumentos sólidos -culturales, económicos y jurídicos- una maniobra tan torpe que ha puesto a la sociedad civil andaluza en estado de alerta. La Alhambra pertenece al Estado Español. ¿Qué tiene que decir el Ministerio de Cultura, representado en el Pleno del Patronato de la Alhambra, ante una maniobra de este calibre?

A través de este manifiesto tratamos de convencer a la Junta de Andalucía de que su decisión es una equivocación. Pedimos que desista de su intento de englobar la Alhambra en una macroagencia. No pretendemos generar polémicas ni rivalidades, ni de ningún modo adscribir nuestro discurso a ideologías partidista o localistas. Por eso pedimos al Patronato de la Alhambra y Generalife, al Pleno y a su Comisión Técnica, que expongan las razones oportunas para que la Junta de Andalucía desista de su intento. Solicitamos al Ministerio de Cultura que defienda a la Alhambra desde Madrid con el fin de hacer ver a los responsables de la consejería andaluza que su decisión generará fricciones innecesarias. Y por último, rogamos al señor presidente de la Junta de Andalucía, don José Antonio Griñán, que convenza a los dirigentes de la Consejería de Cultura para que dejen sin efecto unas medidas que supondrían el fin de una historia de singularidad que comenzó hace 518 años, cuando los reyes Isabel y Fernando comprendieron que la Alhambra era un lugar único en el mundo que merecía ser conservada y difundida por gobiernos responsables y de altas miras.

Colectivo Ciudadano Por una Alhambra Única
porunaalhambraunica@gmail.com

Imprudencias que rozan Castelldefels

El accidente de Castelldefels es tremendo. Lo mires por donde lo mires, se respira la tragedia. Creo que coincidirán conmigo en que el origen del drama está en la imprudencia. En la ausencia absoluta de una reflexión, de un razonamiento o de un comportamiento sosegado. Hablando con algunos compañeros nos hemos dado cuenta de que, en realidad, tentamos -todos, la sociedad en general- la suerte a diario con decisiones peligrosísimas. Sin ir más lejos, hace poco sucedió algo parecido en las vías del tren de La Chana.

El ‘problema’ está en que la mayoría de las imprudencias que cometemos sin juicio, por suerte, no trascienden al terreno de la tragedia. ¿Pero eso es razón para rozar el límite?

Autovía de Granada

Autovía de Granada

Hoy, por ejemplo, a las 14:30 horas, íbamos por la desagradable y taponada autovía de Granada cuando nos hemos topado con una escena dantesca. Un coche estaba parado en la zona de cebra que hay entre carriles, en la incorporación a la autovía de la salida de la estación de autobuses. El conductor, suponemos que el padre de la familia, esperaba a que su mujer y su niña, de 4 ó 5 años, a que volvieran al coche. La madre sostenía a su hija, con los pantalones bajados, mientras ella orinaba. O-ri-na-ba. La zagala estaba meando en mitad de la autovía.

Francamente. ¿No les parece una barbaridad? ¿Un peligro? ¿Y si una moto sale más rápido de la cuenta y no ve a la niña? ¿Y si la niña se resbala y cae en la trayectoria de un coche? ¿Y si otro coche choca con el turismo de la familia? En serio, ¿en qué cojones estaban pensando?

Luego llega el suceso. Titulamos con indignación. Hacemos preguntas y buscamos respuestas. Y, con un suspiro, lamentamos: “Qué imprudencia…”

Mesones, la calle más ‘fresca’ de Granada

En estos tiempos de reciclaje, consumo responsable de energías y meditación zen en pos de la Madre Naturaleza, hay cosas que todavía me sorprenden. A ver, no es que yo sea el mejor ejemplo ni el más coherente, pero me queda cierta sensibilidad. Sobre todo cuando, en mitad de una calurosa caminata por Granada, de golpe y porrazo, paso de 38 grados a 32 en poco más de un segundo. Les cuento.

Desde Plaza Trinidad, la calle Mesones no parece la mejor opción para llegar a Puerta Real rápidamente: demasiada gente apelmazada, muy relajados y a paso de tortuga. Pero, por unas cosas o por otras, termino entrando. A estas alturas del paseo, sufro del conocido estigma del ‘Sobacus Camachus’ o, lo que es lo mismo, un calor de tres pares de narices. Sin embargo, cuando ya estaba intimando con las enésimas gotas de sudor, llega el paraíso a ritmo de Fujitsu: Mesones.

Calle Mesones (2005)

Calle Mesones (2005)

No les exagero: por lo menos 5 ó 6 grados menos que en el mundo real. ¡A pesar de la marabunta!  Bueno, puede que eso explicase la turba… En fin, el caso es que casi todos los comercios -que no son pocos- de la calle Mesones tenían puesto a toda pastilla el aire acondicionado, con las puertas abiertas de par en par. Para compartir. A tutiplén.

Desde el punto de vista empresarial, es una gran idea. Lo de ‘Centro Comercial Abierto’ toma especial sentido: miles de posibles clientes mirando escaparates, paseando sin prisas, disfrutando del fresquito. Ahora bien, y corríjanme si me equivoco, ¿en términos medioambientales es una iniciativa un tanto dudosa, no?

Con lo delicados que estamos con estos temas, me extraña que ninguna fuerza política, de camino al Ayuntamiento, haya notado este brusco cambio de temperatura. O, quizás, quién sabe, prefirieron dejar de abanicarse, que es muy cansino.

¿Han notado este fresquito? ¿Dónde más se despilfarra el aire acondicionado?

¡El Gorrón se cuela en los toros!

Pues sepa Vuestra Merced, ante todas cosas, que a mí me llaman El Gorrón, hijo de gorrones, natural de la Malafollá, aldea de Granada. Mi nascimiento fue dentro de la tierra del chavico, por la cual causa tomé el sobrenombre. Siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi persona ciertas sangrías mal hechas por las que juré venganza a la sazón. A falta de otra regla, por no echar la soga tras el caldero, aprendí que tres cosas hay en la vida: salud, amor y morcilla. Que el dinero, gracias al que convenga, es un aburrido pasatiempo

En una de mis otras vidas fui El Gorrón, insigne bucanero de la tapa, tahúr del rebujito y rapsoda de la morcilla. Vivir por la gorra en la feria de Granada fue una de las aventuras más singulares a las que me he enfrentado. A lo largo de tres años me granjeé un estatus ferial del que me siento profundamente orgulloso. Los niños me señalaban por la calle, los camareros me gritaba “¿una cervecita Gorrón?” y las damiselas caían postradas ante mis pies. Ahora entiendo lo que deben sentir Mark Hamill o Macaulay Culkin cuando se levantan por la mañana, se miran al espejo y descubren que ya no son Luke Skywalker ni el niño de Sólo en Casa. Tampoco El Gorrón.
Yo, que conseguí comer rodeado de los miembros más ilustres del Colegio de Médicos de Granada.  O cuando me colé en la fiesta infantil y me fui cargado de chucherías y chocolatinas. La vez que enamoré al rojo séquito de la Alhambra… Aquello estuvo bien, pero nada comparado con el detalle de que, un año después, se acuerden de ti. Gracias, de todo corazón.

El Gorrón en la Caseta del Colegio de Médicos (2008)

El Gorrón en la Caseta del Colegio de Médicos (2008)

El año pasado fue la despedida de El Gorrón. Y fue muy especial. Por aquello de que estábamos con la crisis (tampoco hemos cambiado tanto), nos propusimos compartir nuestro poder, hacer que la gente comiera y bebiera gratis y vivir emociones que, sin pasta, son impensables para un bolsillo de andar por casa. Para nuestra sorpresa, en vez de con un guantazo bien plantado en cada moflete, terminamos entrando por la Puerta Grande. ¿Se acuerdan?

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Como las grandes historias, El Gorrón ha sido una trilogía. Este post pueden considerarlo como los extras de la edición en DVD. Y, quién sabe, dentro de unos años, quizás, alguien se atreve a hacer el remake. Sólo queda, una vez más, alzar mi sombrero y ofrecerles la más cariñosa de las reverencias. Nos vemos en los bares.

El Gorrón y El Canario, adorados por las maravillosas chicas Alhambra

El Gorrón y El Canario, adorados por las maravillosas chicas Alhambra

¡¡¡Katie te mato!!!

Si es que no entendemos a los jóvenes de hoy día. Tan pasionales, tan impetuosos ellos. Está claro que no todos son tan justicieros como el grupito del que vamos a hablar a continuación, pero sí son una enorme masa fácilmente visibles en eventos como La Feria de Granada.

Les pongo en situación. Diez de la noche, llegamos al recinto ferial de Almanjáyar. El irritante calor nos empuja, directos, al palito de ron de la Casa de Motril. Un griterío nos saca de nuestro sonambulismo etílico para embaucarnos, sin remedio, en una batalla campal entre un ejército de Yolis, Yonis, Chonis, Joshuas, Jeremys, Chrístians y Federicos -que digo que alguno se llamará Federico-. Ríete de Mordor, tú.

Como ustedes comprenderán, el origen de la pelea se sale de mi entendimiento. Creo que fue un tema de celos y amoríos prohibidos, a juzgar por el empecinamiento hormonal que se respiraba en el ambiente. A saber. El caso es que, enfrente de la caseta de Motril, había dos niñas cogidas del pelo de la otra como si se les fuera la vida en ello. Los agarrones eran tan bestiales que ni Chuck Norris con dos PowerBalance podría haberlas separado.

A su lado, uno de los fenómenos le había arrancado el piercing de la ceja a otro zagal. Oye, igualito que un toro sangrando en el albero de la plaza. Los amigos de ambos, en vez del ‘olé’, les arengaban con sentidos “¡hijoputa, hijoputa!”

Dos damiselas a lo Street Fighter

Dos damiselas a lo Street Fighter

Mientras que el corrillo se hacía más y más grande alrededor de la pelea de gallos y gallinas, los niños pequeños que pasaban por allí rompían a llorar por los terroríficos gritos de la chupi panda. Por fin, los colegas de los ’streetfighters’ decidieron intervenir en la trifulca y sujetar a los púgiles. El burro que separó ceja y piercing como el que le quita la etiqueta a una camiseta nueva, dio unos pasos atrás, cogió un carrito con un bebé (¡un bebé, por el amor de Dios!) y salió escopetado calle arriba. La criatura -gracias, Aído- estuvo a punto de volar. Literalmente.

Cual perrillo faldero, una de las dos chicas enzarzadas en la épica de la cabellera, corre despavorida detrás del, suponemos, padre escurridizo.

Entran en escena ocho voluntarios de Protección Civil y seis Policías Locales que intentan, sin mucho éxito, calmar la situación. Los jóvenes están visiblemente nerviosos y se mueven con fuertes aspavientos. Algunos intentan correr detrás de la pareja mientras que los agentes les frenan con todo su cuerpo.

Una niña de las implicadas, alza la voz y sentencia el evento:

“¡Como la pille! ¡Ésa tiene mi edad, tiene 13 años! ¡A esa puedo matarla!… ¡¡¡Katie -léase queiti- te mato!!! ¡¡¡Te maaaatooo!!!”

Compresivos con el duro trabajo del Juez Calatayud, retomamos el norte. El palito de ron. No sin antes hacer una foto de los restos de la refriega, antes de que todos pusieran pies en polvorosa. Sí, eso es pelo. Y había mucho más.

El pelo y el pendiente de Katie

El pelo y el pendiente de Katie

Un taxi me atracó en el Aeropuerto de Granada

Aeropuerto de Granada-Jaén

Aeropuerto de Granada-Jaén

Acabo de entender, en mis carnes y en mi cartera, la disputa entre los taxistas de Granada. Ya saben, todo ese embrollo del taxi único y los pueblos que se niegan a unir fuerzas con el resto de la tropa de la provincia. El domingo llegamos al insigne Aeropuerto Federico García Lorca de Granada-Jaén -ni pollas- y optamos por coger un taxi de vuelta a la ciudad. Descartamos el autobús porque, a nuestra pesar, es más lento que el caballo del malo. En fin, taxis.

Nos subimos al vehículo que, por lo pronto, destacaba por no tener casi ningún elemento descriptivo clásico de los taxis (pegatinas, letreros, etcétera), con especial incidencia en la ausencia total de taxímetro. El caso es que, obviando la minucia de que en zonas de 60 kilómetros de máxima iba a 120 y que en plena autovía superó los 160 a ritmo de sevillanas, la señora conductora, al llegar a Gran Capitán, nos cobró 27 euros.

-¿Por qué 27 euros? -preguntamos.
-Porque yo tengo unas tarifas y, más o menos, dependiendo de la zona, así cobro -respondió ella.
-Osea, ¿que nos cobra lo que usted quiera?
-Esto es así, si quieres te hago una factura.
-Vale.

Taxis en el Aeropuerto

Taxis en el Aeropuerto

Hoy he preguntado a varios taxistas y, nada más hacerles saber que mi duda era sobre sus compañeros del aeropuerto, se adelantaron: “Qué, ¿te cobró lo que te doy la gana?”

Chauchina, Santa Fe y Chimeneas tienen coto privado de caza con el Aeropuerto. Y lo entiendo, oigan. Con cuatro paseos que den al día ya tienen el jornal más que robado ganado. Es normal que no quieran ser como el resto de los taxistas mortales de Granada y tener, claro, un puñetero taxímetro que exima al usuario de regatear el precio de su viaje.

Por cierto, para futuros viajeros, los taxistas me han advertido de que lo que hay que hacer en estos casos es pedir la tabla de tarifas antes de subirse al taxi, para evitar sustos posteriores.

¿Les ha pasado algo parecido o soy yo el más tonto del reino?

El Sevilla gana la Copa del Rey: grillos en Granada

Una rápida reflexión para la mañana después de la final de la Copa del Rey. Hablemos de acciones y reacciones.

  • Acción: El Barcelona gana la Champions. Reacción: Marabunta a la Fuente de las Batallas.
  • Acción: El Barcelona gana la liga. Reacción: Marabunta a la Fuente de las Batallas.
  • Acción: El Barcelona gana la Copa del Rey. Reacción: Marabunta a la Fuente de las Batallas.
  • Acción: El Atlético de Madrid gana la UEFA. Reacción: Marabunta a la Fuente de las Batallas.
  • Acción: El Real Madrid gana… Bueno, algo habrá ganado. Reacción: Marabunta a la Fuente de las Batallas.
  • ACCIÓN: El Sevilla, el equipo andaluz más poderoso y, por tanto, supuestamente el más representativo de la Comunidad Autónoma gana la Copa del Rey. REACCIÓN: Grillos en la Fuente de las Batallas.

Para mí, que vivo cerca de Puerta Real, fue lo bueno de que ganara el Sevilla. Nadie lo celebró. Porque, por esa razón que nadie comprende pero que casi todos los granadinos compartimos, también prefería al Atlético con la copa.

¿No les parece políticamente curioso?

Cosas que odio de Granada. Capítulo II: Cubos y plantas que no salen de marcha pero terminan doblados

Puesto que ya ha quedado claro nuestro profundo y sincero amor a la capital más bonita y aclamada de España, es el momento de hacer un poco de autocrítica y purgar los pecados de esta nuestra ciudad, Granada.

Capítulo I. Yonis, Chonis y Yolis que ponen música en el móvil

Capítulo II. Cubos y plantas que no salen de marcha pero terminan doblados

Volvía en la madrugada del domingo hacia mi casa cuando me encontré, como cualquier otra persona que hubiera disfrutado de las mieles de la noche granadina, con el bochornoso espectáculo: todos los cubos de basura tumbados en mitad de la acera y alguno, incluso, en pleno centro de la carretera. No me sorprendió, la verdad. Esa estúpida costumbre de los anormales que pululan por la ciudad lleva funcionando desde hace varios años. Todos los fines de semana. Por suerte, entre los jóvenes fiesteros que retornan a dormir la mona, hay algunos que deciden levantarlos y ponerlos en su lugar. Pero son pocos.

Lo que sí que me sorprendió, para mi desgracia, fue las jardineras y árboles de mi calle: Un abominable gilipollas se había dedicado a arrancar todas las plantas y romper de cuajo los tronco de los arbolitos.

La educación (¿o la tele?) a la basura

La educación (¿o la tele?) a la basura

Creo que es suficiente. El límite de tocar las pelotas y de ‘irresponsables travesuras’ ha superado lo admisible. ¿Saben ese momento en mitad de la noche, cuando una panda de trogloditas gritan y berrean en la calle y vitorean al héroe que derriba un nuevo cubo de basura? ¿Saben ese instante en el que decidimos taparnos con la almohada y dejar que pasen la tormenta? Pues se ha acabado. Griten, escupan o lancen aceite hirviendo. Lo que gusten. También está la opción de llamar a la Policía, quizás la más sensata. ¿Por qué tenemos que soportar ‘los jóvenes’ la imbecilidad de una minoría escandalosa?

Y no se preocupen, que estos sofisticados palurdos no se van a enterar de esta plan nuestro. Por suerte, ellos, no saben leer.

Pues eso, ‘Cosas que odio de Granada (y posiblemente del mundo entero), capítulo II’.

"Cabrones, como matéis más árboles os reviento a fuego y piedra"

Bárbol dice: "Cabrones, como matéis más árboles me vengo a piedra y fuego"

Cosas que odio de Granada. Capítulo I: Yonis, Chonis y Yolis que ponen música en el móvil

Puesto que ya ha quedado claro nuestro profundo y sincero amor a la capital más bonita y aclamada de España, es el momento de hacer un poco de autocrítica y purgar los pecados de esta nuestra ciudad, Granada.

Hablemos de ellas. Ya saben: Yoni, Choni y Yoli (vaya por delante que siento la generalización, pero creo que ‘todos’ las identificamos por esos nombres). Las tres fenómenas que se ponen a tu lado en el autobús para ametrallarte con los últimos éxitos de Lady Gaga, la Britney o Camela. Y eso si tienes suerte, porque lo normal es el diabólico reggaeton. “¡¡Dame más gasolinaaaahh, dame con el látigoohhh, dame por el ortohhh…!!” Etcétera.

No se parecen en nada ni a Yoni ni a Choni ni a Yoli. Pero tienen móviles

No se parecen en nada ni a Yoni ni a Choni ni a Yoli. Pero tienen móviles

El otro día, volviendo a casa del trabajo, coincidí con ellas en el autobús. Con ellas y con su música. El modus operandi es sencillo: Saco el móvil, pongo una canción estridente a ‘toa pastilla’ y comparto con tó quisqui el arte moderno. Por cierto, esta emisión musical, aún exenta de pagar cánones a la SGAE, no sólo se produce en vehículos de transporte público. También en mitad de la calle, en plazas concurridas por lindos abuelitos mientras alimentan a palomas que vuelan despavoridas, e, incluso, en las iglesias. True story.

El caso es que, de vuelta al bus, Yoni, Choni y Yoli nos amenizaban el trayecto con un poco de Rihanna. Una señora, muy amablemente, les sugirió que, si no les importaba, les agradecería si bajaban el volumen del soniquete. Las tres gracias, con mucha solera, respondieron: “Cucha, la viéééjah, ¿quién sacreíííío?”

Las nuevas tecnologías tienen un lado peligroso en el que nadie piensa. De hecho, si yo fuera jefe de márketing de alguna fábrica de móviles, crearía el ‘Yphone’, la versión Yoni del aparato con un software especialmente preparado para poner música a todo volumen y darlo todo. Dinero fácil.

Pues eso, ‘Cosas que odio de Granada (y posiblemente del mundo entero), capítulo I’.

Lady Gaga, inspiración y devoción de Yoni, Choni y Yoli

Lady Gaga, inspiración y devoción de Yoni, Choni y Yoli

Los caballos no son para la ciudad

Sí, llámenme involucionista o incluso degenerado, pero es que no le veo el sentido a que los caballos vayan por la carretera, oiga. Ayer, ínclito y fantabuloso Día de la Cruz, volvía a casa por Reyes Católicos, una de las principales arterias de la ciudad. De repente, un relincho estremece la vía pública. Uno de los jinetes intenta controlar, sin fortuna, un traspié (¿traspezuña?) del caballo que termina con los dos tumbados en el suelo.

El golpe, poderoso, llama la atención de todos los peatones que vemos, impotentes, cómo se acercan varias motos y un par de coches. El jinete, cojo, empieza a gritar a los vehículos que se acercan por su carril que aminoren su marcha (“¡yepa, para cohooones!”). Esto obliga a los conductores a meterse en el carril contrario que, por supuesto, también va hasta las trancas.

Estos caballos están entrenados, pero la foto pegaba

Un milagro divino -o, quizás, la estupenda habilidad adquirida de los conductores en las autoescuelas granadinas- evitó cualquier desgracia mayor. Cuando la circulación se restableció, el jinete remontó al caballo y siguió su camino.

No es que tenga nada en contra de los caballos, pero no le veo el sentido a esta tradición milenaria de sacar los animales a la calle cuando hay una fiesta de guardar. ¿Nadie más le ve el absurdo? Por encima de los molestos mojones, está la seguridad (la suya y la nuestra). Estoy plenamente convencido de que el tipo que inventó a los caballos no pensó en compartir carreteras con vehículos de motor. Los carros de caballos todavía tienen un pase, pero un equino sólo con jinete… Qué quieren que les diga, me parece una barbaridad. Los caballos, en la ciudad no tienen sentido. Y si no, que se lo digan al que subió al Ayuntamiento, acojonado.



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