De la Romanilla a La Ragua

Las administraciones granadinas, de la mano de sus gestores, están especializadas en perder oportunidades, en dejarlas escapar, en reventarlas o en torturarlas hasta la muerte, y en todos los casos tienen máster con nota. Que en cuatro años las instituciones no hayan sido capaces de ponerse de acuerdo para rematar los flecos del gran centro cultural sobre Lorca permitirá a los neoyorquinos disfrutar de la gran exposición sobre el poeta granadino, prevista para inaugurar un complejo cultural que se levanta cada día en la Romanilla rodeado con las vallas de la desvergüenza política. Este edificio es el símbolo perfecto de la Granada del desencuentro, la Granada incapaz de progresar si ello depende de la voluntad política y del esfuerzo institucional. Somos gente de fuegos artificiales y dianas floreadas que vende a todo trapo inversiones millonarias que se quedan, al poco, en calderilla con la que se intenta pagar la frustración. En Granada muchos proyectos duran lo que duró la primera rueda de prensa. Nacen y mueren en declaraciones de partidarios y contrarios y eso nos lleva hasta el fiasco de la Universiada y el despropósito con el Puerto de La Ragua. Jamás hubo otra oportunidad, una excusa tan perfecta, para aprovechar el enorme potencial deportivo y turístico de la zona y generar riqueza donde tanta falta hace. Sin necesidad de cometer barbaridades ambientales, que nadie quiere, Ministerio, Junta, Diputación y el sursuncorda debían haber hecho algo más por La Ragua que esconderse detrás de siglas y reglamentos y dar por bueno que las pruebas acaben en el Pirineo aragonés. Parece que en los despachos de aquí se está a otras cosas que no son las de una comarca que envía a sus hijos a la emigración porque del paisaje no viven ya ni los pastores. Cuando nuestros políticos lean en IDEAL el valiente y atinado escrito de Aurelio Ureña, director de la Universiada, deberían bajar la mirada y no levantarla hasta Candanchú. ¿Y qué pasará ahora con Ureña? ¿Le harán caso? No, quizás lo echen para que no los desenmascare otra vez.

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