Me gusta el cine y, sobre todo, disfrutar del ritual de ver una buena película en una gran sala. Pantalla gigante, sonido envolvente, palomitas, refresco y todos mis sentidos puestos en una interesante historia por descubrir. Por eso, todas las semanas tengo la costumbre de intentar acudir al último estreno de la semana. Una afición que, a decir verdad, cada vez más tengo la triste sensación de practicar en soledad. Desde hace mucho tiempo, como en otras industrias del ocio y entretenimiento, el séptimo arte no hace números. Son muchas las explicaciones que se han tratado de dar a una crisis que en nuestra ciudad ya se ha cobrado a un par de salas: descargas digitales, cine en casa, precio de las entradas y, para colmo, la subida del IVA que ha rematado la faena. A pesar de este desolador panorama, el cine goza de buena salud entre todo el mundo. Pelis y sobre todo series, son temas de conversación recurrentes entre nuestras amistades, lo que evidencia que este género goza de gran interés y afición. Una circunstancia que no acompaña a su industria, que trata de buscar desesperadamente una reconversión que garantice la viabilidad de este gran negocio. Esta […]