
La película, dicen, empieza a las ocho de la tarde. 20:00 horas. Los espectadores -la mayoría- entran con tiempo suficiente, unos diez minutos antes de que arranque la proyección. Toman asiento, dan un sorbo al refresco y, eureka, la pantalla se ilumina. Nunca he hecho la encuesta, así que el dato es una aproximación personal, […]