Esta mañana, exactamente a las 5.45 horas, me han despertado unas voces estridentes. No llegaban a ser gritos histéricos ni alaridos de pánico. Eran unos jóvenes que, antes de retirarse a dormir, decidieron fumarse un último cigarro de en mitad de la calle, comentando las mejores jugadas de la noche. ¡Qué risas! ¡Qué de anécdotas!…