Estos meses, amigos y compañeros de charla me tienen que aguantar unas chapas terribles. En cuanto sale a relucir en la conversación lo mal que está todo en Granada, pido la palabra y, sin pedir perdón, me lanzo a soltar una barahunda de positivismos que desconcertaría al mismísimo Paulo Coelho. Meto en la coctelera…
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