Llamadme flipao, igual que el otro comenzaba su narración pidiendo que le llamáramos Ismael, que la cosa va de mares y océanos. Llamadme flipao, pero el pasado martes, al cruzar las puertas de la una de mis galerías favoritas de la vida, El Silo Eléctrico, me golpeó la brisa marina en todos los morros. Entrábamos […]