A los políticos se les llena la boca con una palabra que parece ser la pócima mágica capaz de solucionar los problemas, el consenso. Lo curioso es que lo piden casi todos. Es verdad que lo hacen de manera más contundente quienes no ejercen el gobierno, aunque hay alguna excepción, como puede ser la de José Antonio Griñán. Como presidente de la Junta de Andalucía, lo expresó de manera clara en su toma de posesión y en la de sus consejeros, como ya les comenté, pero ayer lo hizo como secretario general de los socialistas de esta comunidad ante sus compañeros en el Consejo Territorial celebrado en la sede madrileña de la calle Ferraz. Y allí no se gobierna sino que se hace oposición.
Semana trepidante en el ámbito andaluz. José Antonio Griñán, investido presidente de la Junta, gracias a los votos de su partido, el socialista, y los de IU, excepto el de Sánchez Gordillo, en una extravagancia más que deteriora la imagen de la coalición ecocomunista, a la que le haría falta despojarse de posturas trasnochadas y caducas. IU tiene una oportunidad histórica, quizá a costa del propio PSOE, al contar con una vicepresidencia y tres consejerías, dos de las cuales pueden gozar de bastante visibilidad a pesar de los recortes. Se puede ser de izquierdas, pero modernos, con los pies en el presente. Turismo y Fomento son carteras de gasto, para lucirse, aunque en estos tiempos de crisis, la falta de recursos puede hacer que acaben como el rosario de la Aurora. Seguir leyendo ‘Un gobierno para todos’
Los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) conocidos este pasado viernes son dramáticos. Más de 5,6 millones de desempleados en España y Andalucía, con una tasa de paro del 33,17%, se pone a la cabeza de las comunidades autónomas. Lo malo es que las perspectivas no son nada halagüeñas sino todo lo contrario. Se da por descontado que alcanzaremos los seis millones de parados y que en 2015 seguirá habiendo más desempleo que en 2011. A eso hay que sumar que el año que viene subirá el IVA. En fin, para llorar.
Mientras tanto, a la espera esta semana de la investidura de José Antonio Griñán como presidente de la Junta de Andalucía y de la posterior designación y toma de posesión del nuevo consejo de gobierno, se da ya por descontada la vicepresidencia y consejería de Gobernación para Izquierda Unida, Diego Valderas. No voy a entrar en si habrá bicefalia o no, eso lo dirá el tiempo, la práctica y la convivencia personal y política. Se habla de dos y hasta tres consejerías, que si Agricultura, Educación o Turismo, incluso Obras Públicas… Pero hay que esperar, posiblemente hasta el próximo viernes, sobre todo para saber si IU consigue la transversalidad u horizontalidad, como prefieran, en el nuevo Ejecutivo de coalición.
La semana pasada, PSOE e IU llegaron a un pacto de legislatura para los próximos cuatro años, si el entendimiento entre ambos se desarrolla con normalidad. Lo llamaron ‘Acuerdo por Andalucía’, consta de más de 70 folios y se refiere a once aspectos generales, el primero: «El empleo, prioridad de la política andaluza». Y es verdad, padecemos cifras sonrojantes en materia de desempleo.
En el preámbulo del documento se dice textualmente: «Los andaluces y andaluzas han expresado que creen en una alternativa para salir de la crisis por la que atravesamos, distinta a la que se intenta imponer desde otras instituciones de poder… otro modelo de desarrollo sostenible, de plantear alternativas racionales y eficientes frente a los recortes presupuestarios que sacraliza el reciente proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2012». Todo ello, «desde la lealtad constitucional». Nadie dudará que se refiere a la iniciada por Mariano Rajoy. Reitero que intentarán hacer otra forma de política. ¿Lo lograrán? También insisto en que la Junta no puede ni debe ser la oposición contra el Gobierno central, ni éste jugar el mismo papel contra la Administración andaluza. También esta semana hemos asistido al tercer recurso al Tribunal Constitucional formulado desde Madrid.
Ya he comentado más de una vez que el objetivo de José Antonio Griñán, y lo ha conseguido, era convertir Andalucía en El Álamo de resistencia frente al poder cuasi omniterritorial del Partido Popular. Pero en estas circunstancias de más crisis que nunca, este baluarte le convierte en un feudo con una trascendencia aún mayor, una reserva espiritual socialista.
Los resultados de las elecciones andaluzas del pasado domingo todavía no están lo suficientemente digeridos, por parte de los protagonistas: PP, PSOE e IU. No voy a recuperar la ocurrencia que tuve de preguntarme en plena campaña sobre la conveniencia de un goberno de concentración o coalición en Andalucía, ahora que se ha planteado desde diversos ámbitos políticos y periodísticos. Arenas habla de gobernabilidad y el PSOE, por boca de María del Mar Moreno, prefiere el «entendimiento entre fuerzas progresistas». Imposible a todas luces, igual que lo hubiera rechazado el PP si hubiera obtenido mayoría absoluta, aunque no dejo de creer que sería la mejor salida ante la peor situación económica que vivimos en democracia.
José Antonio Griñán acertó en no adelantar la convocatoria de elecciones en Andalucía. No siguió el paso de Rodríguez Zapatero, del 20 de noviembre, con las generales, y optó por agotar su mandato. Ir al rebufo siempre ha tenido unas consecuencias muy previsibles. Sirven de respaldo si la cosa va bien o de rechazo si la situación es negativa. Seguir leyendo ‘Griñan acertó’
Hoy es el gran día, la fiesta de la democracia. Los ciudadanos tienen el derecho de manifestar su preferencia política, ideológica o partidista, como prefiera cada uno, mediante su elección y voto. Puede que no sea el mejor sistema, sino el menos malo. También acepto que haya mucho que aprender, que nos falte todavía cultura y experiencia democrática, pero rechazo que se socaven los principios sobre los que convivimos pacíficamente, a pesar de los errores o desaciertos que en ocasiones protagonizan quienes nos gobiernan. Seguir leyendo ‘Hoy toca votar’
Encaramos ya la recta final de la campaña electoral andaluza y me da la impresión que su tono vital no ha sido demasiado elevado, sino más bien plano, como si lo que predomina es el cansancio y la atonía. Principalmente, aburrimiento, por parte de la ciudadanía, que en menos de un año ha pasado por unas generales y antes municipales. Tedio, poco debate. Solo se han abierto paso como destacados aldabonazos los actos judiciales relacionados con el escándalo de los ERE, la fianza récord para el presunto cerebro del caso, y otros de corrupción, como el de Invercaria. Por tanto, campaña poco andaluza y sí muy al socaire de las posiciones políticas nacionales, como si siguiera el mismo guión o modelo de las generales, especialmente por parte de Javier Arenas. Ha arriesgado poco o nada, incluso se ha permitido no acudir al debate de Canal Sur, al asistirle ciertas razones y porque no quiere correr ni un mínimo riesgo. Promesas pocas, las imprescindibles. Por el momento y obligado, ha tenido que desmarcarse del copago sanitario anunciado para Cataluña, pero ya veremos. Y me llama la atención que el candidato no ha querido sentirse muy arropado por ministros o ministras en esta campaña. ¿Por que será?
El domingo pasado me preguntaba si una salida en Andalucía podía ser un gobierno de concentración. Por si hay alguien que no entendió la ‘boutade’ u ocurrencia, la cuestión no tenía trascendencia alguna por resultar a todas luces imposible, excepto provocar la desazón en quienes van de prepotentes en esto de la política y piensan que su partido -los hay de un lado y de otro- se sobra y basta, y si fuera único, mejor. Lamentable.
La campaña electoral ha arrancado con el sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), un trabajo serio y sobre la base de un elevado número de encuestas, más de 3.000. Me he pronunciado alguna vez sobre estos estudios sobre intención de voto, que ocupan y preocupan tanto a la clase política. Cierto es que en ocasiones aciertan pero no en otras. Primero, porque el número de indecisos, así se manifiestan ahora más del 30 por 100 de los entrevistados, puede provocar un significativo cambio y, segundo, porque es posible que exista un elevado voto oculto incapaz de descubrir el estudio demoscópico.
El CIS señala que el Partido Popular roza la mayoría absoluta, que son al menos 55 escaños, cuando la horquilla que le otorga es 54-55. El sondeo beneficia a los dos partidos mayoritarios, ya que les resulta imprescindible esforzarse por movilizar a su electorado. El exceso de confianza es mal consejero ante las urnas y, por otro lado, no está todo perdido. Comparto, en definitiva, eso de que la mejor encuesta son los votos.
El segundo hecho relevante que aparece en los albores de esta carrera electoral es el anuncio de la convocatoria de huelga general para el 29 de marzo, cuatro días después de la cita electoral. Los preparativos de esta jornada por parte de los sindicatos mayoritarios, UGT y Comisiones Obreras, quizá incidan en el desarrollo de la campaña, o al menos así lo esperan los socialistas. Otro asunto que puede influir notablemente es el devenir judicial del asunto relacionado con el escándalo de los ERE, tras el ingreso en prisión del ex director general de Trabajo, por lo que en el PP creen que les beneficiará. El objetivo en uno y otro caso son esos que no tengan ya el voto decidido.
En esta salida, el PP, con Javier Arenas a la cabeza, parte como favorito, nunca antes su partido se ha encontrado en una situación tan ventajosa, tan cerca de alcanzar el poder y lograr la alternancia después de treinta años de gobierno socialista. La pregunta hoy es si los ‘populares’ tienen su techo de votos por encima de la mayoría absoluta o no. La apuesta no vale después del 25 de este mes.
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