Todos a la carta

En estos tiempos de crisis abundan los menús en establecimientos hosteleros a precios realmente competitivos. En muchos lugares se puede comer bien y barato, pero en el fondo lo que realmente nos gusta a los mortales es comer a la carta, elegir entre muchos platos e incluso optar por aquellos en los que no figura el precio, ya que se cotizan según el mercado, que suelen ser los más caros y todo un signo de poderío gastronómico. Lo malo es que a la hora de pagar el dispendio no tengamos dinero suficiente. El problema del champán para todos es saber quién lo paga.

Lo del menú o a la carta viene a cuento del déficit de las autonomías. Esta semana hemos asistido a una rebelión por parte de destacados barones territoriales del Partido Popular contra la previsible decisión del Gobierno de Mariano Rajoy y su ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, de permitir el descuadre de las cuentas de cada comunidad en función de las necesidades de financiación, las posibilidades que tengan de acudir a ella y su nivel de endeudamiento.

Los críticos dicen que no se puede favorecer a quienes no han cumplido ni han hecho los deberes, en perjuicio de los que se han sacrificado. Moncloa dice que la asimetría no supone una discriminación y pone el ejemplo de España como beneficiada por la Unión Europea, al haberse aceptado una relajación de nuestro déficit.

Es posible que estemos a las puertas de la confrontación entre autonomías, algo que la Constitución intenta evitar cuando apela a la solidaridad entre ellas. Sin embargo, se producen serias y graves desigualdades desde el punto de vista ciudadano a la hora de tener derechos y recibir, o no, determinados servicios. Lo peor es que puede producirse una grave fractura entre comunidades ricas y pobres. Desde las primeras ya se oyen voces que dicen que la culpa de sus males y su ruina se debe a lo que se llevan otras regiones. Ese discurso es sumamente peligroso. Permitir que se fomente sería una gran debilidad de todo el Estado y una válvula de escape para quienes tienen pretensiones soberanistas o independentistas.

Cuando estamos escasos de casi todo, especialmente de políticos de altura y sufrimos demasiadas crisis, cualquier tipo de egoísmo es fácil de que encuentre respaldo frente a la solidaridad y generosidad. ¿No les parece?

Un año de noviazgo PSOE+IU en Andalucía

Se ha cumplido ya un año desde la toma de posesión del Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía, fruto de las elecciones celebradas el 25 de marzo de 2012. Al Partido Popular le resultó insuficiente su victoria en votos y escaños, por lo que se abrió paso en esta comunidad autónoma un gobierno de coalición, inédito hasta entonces, entre PSOE e Izquierda Unida. Pocos antecedentes había en el ámbito regional, aunque sí en cantidad de ayuntamientos desde la llegada de la democracia, con las siglas del PCE como las únicas de la izquierda más allá del socialismo. Aquí era todo un experimento, nada que ver con la etapa de convivencia con el Partido Andalucista en el poder, ni con el recuerdo de aquella pinza-pesadilla que sufrió Manuel Chaves, entre el PP e IU.

José Antonio Griñán era de los pocos que creía tener posibilidades de gobernar, pero es muy posible que tuviera claro que eso sería gracias al apoyo de IU. Su sintonía con Rosa Aguilar, alcaldesa de Córdoba, a quien nombró consejera de Obras Públicas en su primer gabinete, fue una demostración de su sensibilidad y acercamiento a la coalición que lidera Diego Valderas, y evitar así el poder a los conservadores.

Griñán acertó al separar la convocatoria de las elecciones. Un año después hay que reconocerle que posiblemente abriera brecha en algo que a partir de ahora casi es indiscutible, las grandes mayorías difícilmente van a repetirse en España. El bipartidismo se resquebraja, según indican los sondeos de opinión, por lo que cualquier experiencia que resulte positiva y obtenga sus frutos le puede ser a Griñán muy beneficioso. Por el momento las encuestas, aunque muestran descontento con la Junta, peor consideran al PP.

El bipartito andaluz ha convivido con bastante normalidad, sin demasiadas chispas, menos de las que cabía esperar y aprovecharse el PP. El presidente de la Junta de Andalucía –quien además preside el PSOE–, ha ejercido de oposición frente a Rajoy. Su mensaje, basado en otra forma de hacer política, ha tenido un par de exponentes muy mediáticos. Uno, con el decreto sobre viviendas, sobre el que la Comisión Europea ha pedido información y se cuestiona su constitucionalidad, y otro, el más reciente, para evitar la exclusión social. Ambos tienen una cierta radicalización, más propia de IU, quien intentará rentabilizarlo en su momento.

Por último, la estrategias de grandes pactos puestos en marcha por la Junta tienen muy buena música, pero habrá que esperar a saber en qué quedan y si cuentan con el respaldo del PP. En lo económico, muchas dificultades financieras y de liquidez, mientras el paro alcanza cotas récord, aunque en proporción ha crecido menos que en otras regiones.
El bipartito ha superado el primer año, que suele ser complicado y difícil, pero si se le pone cariño y novedad, como en los noviazgos, todo se supera. Quedan otros tres, tiempo suficiente para tirarse los trastos a la cabeza y todavía muchas incógnitas. ¿No les parece?

Pacto sin acuerdo

Esta semana hemos visto otra acción del presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, al proponer una gran mesa de diálogo de partidos políticos y de agentes sociales, en esa línea de destacarse como interlocutor frente al Gobierno del Partido Popular. Griñán fue muy preciso: «Ni siquiera estoy hablando de llegar necesariamente a acuerdos, hablo de diálogo». No pasaron ni 24 horas para que Mariano Rajoy dijera que él tendía la mano, pero que no creía que los socialistas estuvieran dispuestos a llegar a acuerdos.
El uno por el otro… Y si se dice que dos no pelean si uno no quiere, también que dos no pactarán si ambos no quieren, por mucho que lo pidan. El pacto sin acuerdo no puede ser porque, además, es imposible.

Gracias aparte, no tenemos en este país mucha cultura de grandes acuerdos. Rememoramos siempre los famosos Pactos de la Moncloa. Aunque la situación sea distinta no creo que entonces la crisis económica fuera mayor que la actual. Es verdad que en aquel momento existía un fuerte compromiso, tras el fin de una dictadura, que suponía una clara apuesta por la democracia, pero un elemento sumamente diferenciador fue la altura y generosidad de los políticos de aquella época. Hemos conocido este viernes el último barómetro del CIS, con las valoraciones de nuestros líderes. Todos suspensos. Rajoy, un 2,44 y Pérez Rubalcaba alcanza un 3. La corrupción se mantiene en segundo lugar de las preocupaciones de los ciudadanos, después del paro. El tercero problema es la economía y el cuarto son, otra vez, los políticos y la política.

Si ahora estamos en la peor crisis económica, con cifras de paro aterradoras, en una situación excepcional -no llegaré a señalar de emergencia-, necesitamos soluciones excepcionales. Entre ellas, un gran pacto por el empleo, que se visualizaría como una muestra de confianza dentro y fuera de España, no creo que sobre. Cierto es que no podemos quedarnos en el mero voluntarismo, pero si entre todos hay disposición a ceder, seguro que habrá puntos de acuerdo e iniciativas que puedan ponerse en marcha. El Rey también parece interesado en que exista diálogo contra el paro. Tiene razón, hay demasiadas razones para ello.

Acabo como empecé, con Andalucía, para recordarles que aquí Griñán ha impulsado un gran pacto sobre diez grandes acuerdos. No tengo muy claro cómo evoluciona aquello que se denominó mesa de partidos, pero si el gobierno de la Junta, de PSOE-IU, lograra algún tipo de acuerdo con el Partido Popular sería todo un ejemplo exportable al ámbito nacional. ¿No les parece?

Al presidente del Gobierno

Permítanme, lectores habituales, que con ocasión de la visita que hoy realiza a Granada el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, estas líneas dominicales estén destinadas a quien reside en la Moncloa. Siempre es de agradecer que un mandatario nacional o internacional, como en este caso, se encuentren en nuestra capital aunque sea de manera breve. Mejor aún si es en el marco incomparable de la Alhambra, aunque suene a tópico. Me apuesto que la imagen elegida por los medios de ambos países, de Rajoy y del primer ministro de Irlanda, será en el Patio de los Leones.

Dicho esto supongo, Sr. Rajoy, que no duda de los grandes valores culturales, patrimoniales y turísticos de los que goza esta ciudad y provincia. Lo sabe bien, porque ha tenido ocasión de visitarnos en numerosas ocasiones. Incluso conoce este periódico, le hemos entrevistado varias veces y nos ha honrado con su presencia en IDEAL. Le seré sincero, porque creo que es algo que usted valora sobremanera, si le digo que entiendo las dificultades que estamos atravesando, que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, gastado más de lo ingresado, que hay que recortar porque no hay otro remedio, pero usted es consciente de las limitaciones que tiene Granada en sus comunicaciones. Le cuento, por si no lo sabe, que el proyecto de conexión del AVE con Madrid, a pesar de que debamos alejarnos hacia Málaga, no acaba de aproximarse. Tenemos dos problemas, la variante de Loja y la entrada y estación en Granada, sobre la que mayoritariamente la ciudadanía ha opinado que debería estar en el mismo lugar que la actual, según un serio y riguroso trabajo demoscópico publicado por este diario. Pero no avanzamos, aunque hay una gran parte de la obra ya realizada.

Creo que la mayoría de los granadinos piensa, como su ministra de Fomento, que no son tiempos para obras faraónicas, pero hay una cosa que se llaman prioridades y Granada debe ser una de ellas, tanto en esto del AVE como en el tramo todavía inexistente de la Autovía del Mediterráneo. Es difícil entender que en nuestra vecina Málaga —que goza de alta velocidad desde hace más de cinco años, cuando se proyectó en principio pareja a Granada, disfruta de un moderno aeropuerto y varias circunvalaciones— ahora se vaya a invertir en un anillo de pruebas para el AVE, cuando a escasos kilómetros los trenes hacia Granada van todavía a velocidad tercermundista. ¿No le parece eso algo de agravio, incomprensible para la ciudadanía granadina?

Granada tiene algo, y ese algo es la razón por la que hoy se reúne aquí con su homólogo irlandés y el motivo por el que están en nuestra provincia los miembros de la Fundación Adenauer. ¿No cree que Granada al no disponer de esas comunicaciones, cuando es un destino turístico de primera categoría, está castigada de manera injusta? Vale, no me diga que gobiernos de otro signo han hecho poco, lo acepto. Quizá ahora sea el momento de comprometerse con esta tierra, aunque tenga muchos problemas, demasiados, y esto de Granada sea una gota en el mar. Pero tantas gotas, durante tanto tiempo, nos acabarán ahogando. ¿No le parece?

El periodismo es cultura

Me sumaba la semana pasada al Pacto por la Cultura en Andalucía, por ser una iniciativa en la que se pretende aglutinar a todo el sector y reivindicar el justo papel que tiene en nuestra sociedad y economía. No voy a insistir que forma parte del valor identitario de Andalucía, por su patrimonio, tradiciones, folklore, creatividad, etc. Quiero llamar la atención sobre otros aspectos fundamentales e íntimamente vinculados con la cultura, entre ellos la educación.

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Entre los desahucios y la cultura

Les he comentado en más de una ocasión en estas líneas que el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, jugaría un papel relevante como oposición frente al Gobierno de Mariano Rajoy. Y esta semana hemos tenido prueba de ello. Desde la consejería de Fomento y Vivienda, encabezada por Elena Cortés, miembro de Izquierda Unida, se ha puesto en marcha un decreto-ley por el que se puede expropiar por un máximo de tres años el uso, que no la propiedad, de inmuebles en los que estén a punto de ser desalojadas aquellas familias en peligro de exclusión social. Podrá también multar hasta con 9.000 euros a aquellas entidades que tengan viviendas desocupadas.

Lo que se pretende es que aflore la desocupación y bajen los precios de los alquileres. El resultado está por ver y no entiendo cómo afectará al llamado banco malo, que es fruto del dinero público, con tantas viviendas que tiene por vender.

Todo esto de los desahucios lo que ha provocado ya es una batalla al máximo nivel entre PSOE y PP. Alfredo Pérez Rubalcaba no ha tenido otro remedio que subirse al carro de la medida puesta en marcha en Andalucía, asumirla como propia y elevarla a categoría de nacional.

Los populares hablan de demagogia, mientras los socialistas señalan la función social de la medida. Desconozco quién tiene razón, pero lo único realmente importante es saber si el decreto se ajusta a la legalidad vigente y si no plantea problemas de constitucionalidad. Descalificar a priori porque sea una inspiración de IU no me parece suficiente argumento, como tampoco lo es que el PSOE se oponga por definición a cuanto proponga el PP. Estamos hartos de contemplar la descalificación de todo aquello que no salga del propio partido.

Ahora los ciudadanos buscan soluciones y los políticos deben esforzarse como nunca antes. La Iniciativa Legislativa Popular sobre este tema, con el respaldo de medio millón de firmas, es para tenerla en cuenta, aunque sea de difícil encaje. Y lo lógico es que las formaciones mayoritarias ya se hubieran unido y encontrado la solución a un grave problema.

El otro tema de relevancia en Andalucía esta semana ha sido la puesta en marcha de un pacto por la cultura. Bienvenidos sean todos los acuerdos, cuando se trata de sumar, porque bastantes restas tenemos.

En esta comunidad autónoma podemos presumir de pocas cosas desde el punto de vista económico y productivo, ni grandes industrias ni factorías y sí mucho desempleo. Nos podemos sentir orgullosos de nuestra cultura y de la creatividad artística que se desarrolla, bienes preciados y reconocidos mundialmente, por lo que cualquier intento para protegerlos y potenciarlos debe ser aplaudido. Las actividades culturales mueven el doble de empleo en Andalucía que el sector agroalimentario. Posiblemente sea una de nuestras fortalezas no rentabilizada lo suficiente. Recientemente, dos andaluces han recibido el Premio Nacional de Música, el granadino Antonio Carvajal el de Poesía y uno de cada cuatro Premios Cervantes es andaluz, el último Caballero Bonald. Entre los desahucios y la cultura no hay color, me quedo con la cultura. ¿No les parece?

Culpas judiciales y políticas

Esta semana nos hemos encontrado con una noticia, aunque para algunos esperada, de especial calado y trascendencia, la imputación de la infanta Cristina de Borbón, lo que ha provocado un gran revuelo en la opinión pública. La frase que pronunció el Rey Juan Carlos en su mensaje navideño en 2011: «La Justicia es igual para todos» ha dado pie a que fuera mencionada por el propio juez instructor del ‘caso Nóos’, José Castro, en el mismo auto de imputación. Muchos españoles no están de acuerdo con esa afirmación, piensan que determinadas personas, por ser quienes son, incluidos políticos o miembros de la familia real, nunca se sentarán en el banquillo ni serán condenados. Sin embargo, la decisión judicial sobre la infanta, pendiente del recurso de la fiscalía anticorrupción, desmiente a aquellos que piensan que hay privilegiados o que son inmunes al peso de la ley.

En estos tiempos, gran parte de la ciudadanía dicta sentencia y condena antes de celebrar el juicio. No. Hay que dejar que la Justicia actúe. El Príncipe de Asturias dijo el día después de conocerse la imputación de su hermana que los jueces son merecedores de la máxima confianza. Gran acierto, y otro que la Casa del Rey haya decidido someterse a la futura Ley de Transparencia que prepara el Gobierno.

La transparencia obliga aún más a la ejemplaridad, lo que resulta imprescindible para quienes desempeñan labores públicas o institucionales, porque los ciudadanos tienen todo el derecho de realizar sus juicios políticos, morales o éticos. Y ahora, sumidos en momentos difíciles, de gran incertidumbre y rodeados por demasiadas crisis, no solo la económica, el listón de lo políticamente correcto se ha elevado considerablemente. La sociedad está enfadada y es más exigente que nunca. Tienen que ser mucho más sensibles quienes ejercen cualquier actividad al servicio de la ciudadanía. Lo que no es aceptable es que sufran el acoso o la amenaza, esa práctica tan de moda y denominada ‘escrache’. Es condenable y no tiene justificación alguna ir en contra de quienes han sido elegidos democráticamente en las urnas.

En Andalucía hemos asistido a la comparecencia de Griñán ante el Parlamento por el caso de los ERE. Lo hacía para intentar frenar al PP, crecido ante las últimas acciones de la juez Mercedes Alaya, que parece estar próxima a concluir su trabajo, a falta de saber si tiene datos que impliquen a la cúpula de la Junta o al mismo presidente. Al final, mucho rifirrafe, alta tensión entre Griñán, un tanto nervioso, y Zoido, que cometió algún desliz, pero nada nuevo bajo la lluvia. Lo interesante ha sido escuchar a un alto cargo elevar la responsabilidad política en esto de los ERE. La consejera de Hacienda y Administración Pública, Carmen Martínez Aguayo, señaló a los que fueron titulares de Empleo anteriores, Antonio Fernández y José Antonio Viera. El PSOE se desmarcó y mantiene el techo en el que fuera director general de Trabajo, Francisco Javier Guerrero. Creo que no es exagerado pedir que ambos reconocieran su culpa política por, al menos, no controlar a su subordinado. Hay que pagar las responsabilidades judiciales pero también políticas. ¿No les parece?

No perdamos más trenes

Hace ahora algo más de un año, este periódico publicó un editorial titulado: «La estación, donde está», en el que se manifestaba en contra de la propuesta de unos empresarios para que en sus terrenos en la Azucarera de San Isidro se construyera la futura estación del AVE. Desgraciadamente, han pasado trece meses desde entonces y lo peor de todo es que nos encontramos en la misma situación. No se ha avanzado ni un milímetro, no sabemos dónde, cómo ni de qué manera entrará el AVE a Granada. Se ha perdido un año más. Y van…
El alcalde de la capital ha propuesto que la nueva estación esté en el Cerrillo de Maracena, lo que ha provocado un fuerte debate ciudadano. Señala el primer edil que con la crisis que sufrimos ahora no hay dinero, que el Ministerio de Fomento no puede gastarse en una estación cara ni en el soterramiento acordado por la Chana. Esperemos saber qué dice la titular de esta cartera, sobre todo cuando vemos que sí hay dinero para construir el AVE en otros lugares y se propone un soterramiento aún más largo y no sabemos si más costoso.
Otro argumento es que la estación tiene que ser de tránsito y no terminal, debido a la incorporación de Granada al corredor mediterráneo. Sin embargo, esta línea estaría dedicada fundamentalmente al tráfico de mercancías, obligada por tanto a no entrar en los cascos urbanos, en un proyecto con un horizonte muy lejano, nunca antes de 2030. Esto del mediterráneo no es otra cosa que un deseo. Viene de la mano de la ¿Unión? Europea, donde tras tanto recorte y rescate no parece que haya muchos recursos para los próximos años. En cualquier caso, como en anteriores infraestructuras, llegará a Granada décadas después.
Y el tercer punto que esgrime el alcalde son las dificultades de acceso o salida desde Andaluces, cuando precisamente su ubicación es la gran ventaja que ofrece, pues permite la utilización de servicios públicos como el metro o los taxis, muy apropiados por las características de los usuarios del AVE, y más cuando tenemos una ciudad esencialmente turística y cultural.
Hay opiniones como colores, todas respetables. Por eso es positivo un debate que enriquezca la decisión que mejor deba adoptarse, siempre con el criterio de beneficiar a Granada, especialmente desde el punto de vista técnico, en el que hay que escuchar, por ejemplo, a Rafael Moneo, el más prestigioso y reconocido arquitecto español de talla mundial, involucrado por suerte en este proyecto.
Es obvio decir que el consenso es imprescindible, mejor que correr el riesgo de pasar a la historia por un error que se pague para siempre. Los ciudadanos piden algo muy simple, que los políticos escuchen, por eso IDEAL aporta hoy un sólido trabajo sobre opinión pública, realizado por una solvente empresa. Pero lo más importante es que se tomen medidas, no malgastemos el tiempo, ni perdamos más trenes en esta Granada, que bastantes retrasos padecemos.
Sobre la variante del AVE en Loja, donde el problema es mayor y hace falta también una solución ya, lo dejamos mejor para otro día. ¿No les parece?

La sombra de los ERE

La juez Mercedes Alaya, recuperada de su enfermedad y con bríos renovados, ha dado esta semana un fuerte impulso al denominado caso de los ERE en Andalucía. Desconozco si desde el punto de vista de la investigación habrá supuesto importantes avances o no, pero sin duda ha tenido un efecto mediático ante la opinión pública. Veintidós detenidos en varias provincias, entre ellos el presunto proveedor de droga del que fuera el chófer del director general de Trabajo de la Junta, Javier Guerrero, quien ingresó de nuevo en prisión; trece registros en viviendas y oficinas, además de otras nueve personas imputadas, que ya suman más de ochenta, ha sido el balance cuantitativo de la denominada ‘operación Heracles’. Cualitativamente, dos datos reveladores, la existencia de una organización perfectamente tramada y la supuesta implicación de las grandes centrales sindicales en el cobro de hasta cuatro millones de euros en comisiones. Y lo anecdótico, aunque significativo, ha sido el hallazgo de 82.000 euros bajo la cama del denominado conseguidor, el ex sindicalista Juan Lanzas, quien pudo haber ‘ganado’ hasta trece millones de euros, que la Guardia Civil ha buscado incluso con un georradar. Casi nada.

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El PP y la sabiduría de la vida

Hemos contemplado esta semana un acontecimiento histórico y de especial trascendencia para la Iglesia Católica, como ha sido la celebración del cónclave en el Vaticano. El elegido, como todos sabemos, fue Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires. Reúne un perfil realmente singular, al tratarse del primer Pontífice no europeo, por su condición de argentino, y perteneciente a una orden religiosa tan relevante como son los jesuitas.

Esas características, junto con las primeras imágenes y gestos realizados por el Papa Francisco, como su sencillo atuendo, la forma de dirigirse a los fieles, no utilizar el lujoso coche oficial, acudir en persona a la residencia religiosa donde estuvo alojado en Roma antes del cónclave para abonar sus gastos o la acogida que tuvo ayer ante más de seis mil periodistas acreditados ante la Santa Sede, han hecho que se tenga de él una percepción muy positiva como persona cercana, sensible a la pobreza y alejada de los boatos inútiles.

Todo aquel que ejerce una labor pública es consciente de que cualquier acto puede ser una oportunidad. De ahí el interés de muchos políticos que conocemos por salir en la televisión o en las fotos de los periódicos, muchas veces más preocupados de la imagen que del mensaje a transmitir. Las primeras manifestaciones del Papa Francisco dan la sensación de que su pensamiento estará muy cerca de la realidad. Ayer, ante la prensa señaló: «¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!» Me parece magnífico, aunque por el momento sea una mera intuición ya que al Santo Padre, como a cualquiera, le conoceremos por sus obras y para ello hay que esperar.

Pero les cuento otra frase que pronunció ante los cardenales que le eligieron, refiriéndose a la vejez: «Es la sabiduría de la vida». Al PP le ha podido venir muy bien y aprovecharse de ella, porque el Gobierno de Mariano Rajoy aprobó ese mismo día una reforma que endurece las condiciones para la jubilación anticipada, añade condiciones para percibir el subsidio de paro a los mayores de 55 años y crea la figura del pensionista activo. Pretende que los trabajadores españoles aporten más sabiduría, pero me temo que mientras algunos piensan que la medida es necesaria para la pervivencia del sistema de pensiones, otros la consideran un exceso. Quizá hubiera sido mejor hacerlo con consenso y no mediante decretazo. Tampoco hubiera estado mal conocer antes algún gesto de nuestra clase gobernante cuando impone más sacrificios, por ejemplo con recortes en el sistema de pensiones del que gozan los miembros del Congreso de los Diputados. ¿No les parece?