Vamos tarde con Cataluña

Este miércoles Vocento, grupo periodístico al que pertenece IDEAL, celebró un acto inédito en la historia reciente española, al contar con la presencia en un mismo foro de los tres ex presidentes del gobierno para que reflexionaran sobre estos últimos cuarenta años de democracia. Con el obligado recuerdo a los fallecidos Suárez y Calvo Sotelo, tanto González como Aznar y Rodríguez Zapatero reflexionaron sobre las experiencias y políticas que practicaron en sus mandatos y abordaron la actualidad. Cada uno de ellos, con sus luces y sombras, creo que contribuyeron a que este país viviera las cuatro décadas más fructíferas, nunca antes conocidas en España.

A lo largo de este tiempo se vivieron momentos sumamente complicados, como el intento de levantamiento militar el 23 de febrero de 1981 o el permanente azote de los terroristas e independentistas vascos que asesinaron a más de 800 inocentes víctimas.

Si el Estado de Derecho y la sensatez de la ciudadanía vencieron a las armas, ahora el desafío catalán no puede imponerse a la legalidad ni transgredir una Constitución nacida del consenso, aprobada por la mayoría de los españoles y que señala en su primer artículo que la soberanía nacional reside en el pueblo español.

Los tres ex mandatarios cerraron filas ante lo que González quizá fue el más atrevido al asemejar este llamado proceso y la convocatoria del referéndum a un «bodrio», una propuesta que tiene más de «madurista que de bolivariana», una incitación a la sedición que está contemplada en el Código Penal.

Pero incluso llegó más lejos y citó el artículo 155 de nuestra Carta Magna, capaz de actuar gradualmente para recuperar lo que se pierde, la autonomía. Sin embargo, al día siguiente el actual líder de los socialistas, Pedro Sánchez, fue claro en mostrar su desacuerdo sobre esa medida llegado el caso. En su encuentro con Mariano Rajoy parece, porque hay diversas interpretaciones indirectas, que mostró su apoyo al Gobierno frente al referéndum pero amenazó con tomar iniciativas legislativas si el inquilino de la Moncloa continúa de perfil o la defensiva.

Ciertamente, los políticos tienen la obligación de hacer política y eso significa dialogar y consensuar, lo malo es que en el caso de los independentistas catalanes hace tiempo que nos enseñaron su cartas, quieren ganar la partida sin haber iniciado el reparto de los naipes. Nos han enseñado la ‘foto finish’, imposición de una ilegalidad tendente a llegar a una convocatoria ante las urnas y la declaración secesionista. No están dispuestos a pasar por el Congreso de los Diputados, como bien intentaron los nacionalistas vascos con el denominado plan Ibarretxe, ni mucho menos por el marco constitucional, por eso dudo que poner en marcha cualquier tipo de reforma de nuestra Carta Magna sirva para algo. Quizá lo único positivo sería ganar tiempo para convencer a los catalanes que, aunque tenga cierta identidad propia o singularidades, forman parte de España, porque su viaje no les conduce a ningún lugar. En esto el problema es que quizá ya llegamos muy tarde.

¿No les parece?

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