«El Territorio Comprometido»
No se puede entender Sierra Nevada sin nieve, no solo en el imaginario popular sino en el ciclo hidrológico, del cual es manantial. La nieve en nuestra sierra es vida. Es un reservorio para la masa forestal y para los ríos, un amortiguador térmico, y uno condicionantes para la distribución de las especies forestales, arbustivas y herbáceas. Así la nieve es uno de los factores más importantes del paisaje de sierra nevada por encima del bosque, pero no solo eso, sino que es un motor importante de la economía de la zona, siendo explotada por las estaciones de esquí de Pradollano y Puerto de la Ragua, así como el esquí de travesía, que no está estrictamente ligado a las estaciones.
Por ello, desde el Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada se realiza un seguimiento y monitoreo de este recurso primordial, primero por ser la más meridional de Europa y segundo porque el cambio climático le afectará en sobremanera. El seguimiento de la nieve se hace mediante diversos procedimientos que cubren diferentes escalas: el monitoreo automático de la cubierta de nieve mediante imágenes del sensor MODIS de la NASA, un modelo hidrológico para todo el macizo elaborado por las Universidades de Granada y Córdoba, mediciones de tres estaciones meteorológicas ubicados en lugares frecuentemente ocupados por la nieve y por último, “catas” de nieve de manera periódica.
Los sistemas fluviales por su parte son receptores de los cambios del entorno y susceptibles a los cambios producidos por el cambio global. Sobre todo se verán afectados por los posibles cambios en el ciclo del agua y la temperatura.
Desde el Observatorio de cambio global de Sierra Nevara se está realizando un seguimiento tanto de los cauces como de las especies y organismos que ellos habitan, con el fin de conocer el impacto que sobre estos produciría el cambio climático.
Un cambio en la temperatura podría afectar los procesos físico-químicos y biológicos, estos cambios están relacionados principalmente con el oxígeno disponible para las diferentes especies, por otra parte cambios en la cobertura de nieve y por tanto en el deshielo podrían condicionar la temporalidad de algunos caudales y lagunas, lo que hace necesario su estudio y posible respuesta frente a estos cambios. Así se han estudiado por un lado los cambios físico-químicos en los sistemas acuáticos y caudales (temperatura del agua, pH, oxígeno disuelto, conductividad, etc..) , un seguimiento de los macroinvertebrados (que se consideran bioindicadores debido a su sensibilidad a los cambios de temperatura) y de la trucha común (en los ríos Genil, Trevelez y Poqueira). Los datos extraídos concluyen que un cambio en la temperatura podría afectar a las especies locales e invasoras, provocando cambio en la biodiversidad y su distribución, incluso podría provocar la extinción de alguna especie.
Natalia Palomares Aliaga. Geógrafa e Historiadora de GRarquitectos y Desarrollo de Ciudades Comprometidas
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