Moneda de eurol griega aplastada por unas tenazas. :: REUTERS

Hace seis años que el país heleno entró en barrena y las previsiones a corto plazo no son nada halagüeñas, por lo menos a corto plazo. Esos sí, entusiasmo no le falta a los políticos, que como ya sabemos, ven la realidad desde otro prisma diferente, ése mismo que convierte a los ciudadanos en enemigos. Así, a estas alturas de la crisis, ya no sorprende escuchar a los mandamases que todas estas medidas están destinadas a fortalecer las arcas presupuestarias y, de esta manara “entrar pronto en el virtuoso ciclo de estabilidad financiera y crecimiento y podrá generar condiciones a medio plazo que garanticen la dignidad y el crecimiento a todos los ciudadanos”, tal y como comenta Staikuras, viceministro de Finanzas de Grecia .

No sé cuántos años necesitarán nuestros gobernantes, desde los que ocupan un sillón consistorial hasta los que presumen de su europeísmo por Bruselas, de que el experimento Grecia va camino de ser el mayor fracaso de la historia de la economía moderna. Ya van seis años de ajustes presupuestarios, de monitorización de su economía por la troica europea y sobre todo, de sacrificio del pueblo heleno que ha perdido toda esperanza en levantar cabeza y en todo lo que lleve el apelativo euro.

Los paralelismos son inevitables. Hace una semana nuestra vecina Portugal se echaba a la calle para protestar por un enésimo ajuste más, en la que se ha considerado como la movilización más multitudinaria desde la Revolución de los Claveles. En Irlanda, considerado por la troica como el alumno más aventajado, las cifras macroeconómicas no parecen acompañar tal y como se desearía, a pesar del leve crecimiento que se le pronostica por Bruselas para 2013. Recordemos que Irlanda tiene una intensiva política de incentivos fiscales a empresas, con el impuesto de sociedades más bajo de Europa, que en nada ayuda a bajar su abultado déficit del 13% y mucho menos, frenar su deuda del 110% del PIB.

Vistas así las cosas, cabe preguntarse si el camino tomado por la Unión Europea para salvar los muebles del Euro es el acertado a pesar de que no se divise nítidamente luz en el túnel de la recuperación, o si tal vez, en algún punto del mismo se tomó una decisión equivocada y todo esto acabe con la temida reacción en cadena que con España, a la espera de aceptar el rescate, sí o sí, siga por Italia, Bélgica, Francia y toda la zona Euro. Ya van seis años de experimentos y los resultados no se dejan ver. La paciencia es una gran virtud, pero no es infinita.

 


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