Ambiente en las terrazas instaladas en la vía pública en la zona del Palacio de los Deportes de Granada. :: GONZÁLEZ MOLERO

Hace un par de semanas el periódico IDEAL se hacía eco de una marca insólita en la hostelería granadina. Las licencias de terrazas dispensadas por el ayuntamiento durante el presente año ascendían a 541, superando en 171 las otorgadas el año pasado. Un 46% por ciento más, ni más ni menos, y ello, en plena recesión económica. Motivos más que suficientes para felicitar el buen trabajo del gremio de la restauración que ha sabido convertir a la tapa en un bien de primera necesidad, indispensable, cuanto menos, para ser feliz en estos tiempos adversos. Ahora bien, todo esto da que pensar.

Tratar de sacar conclusiones rápidas sobre el “brote verde” que bares y restaurantes han encontrado este año en las terrazas, produce perplejidad. Máxime en una provincia en la que hay más de cien mil parados -más de un treinta por ciento de la población activa- y donde la crisis no da tregua a ningún otro negocio. Supongo que el gremio de la hostelería tendrá muchas razones para quejarse de la crisis, pero la realidad, esa que se ve en la calle Navas, Elvira o Plaza Nueva, dicta al sentido común que si hay algo que se salva de esta pertinaz crisis, eso se llama hasta la fecha, tapear.

No dispongo de datos de facturación ni de cómo se reparten la tarta los numerosos establecimientos, porque supongo que no a todos les brillará el sol de igual manera; pero sí es verdad que cuando uno no encuentra mesa en una terraza o ve como en la puerta de los garitos de moda la gente hace cola para entrar y pagar seis euros por copa, da que pensar cómo es posible que nos quejemos tanto de la crisis y en contraposición, se celebre tanto y con tanta alegría.

La primera e inmediata razón que puede justificar el repunte de las terrazas, que no el incremento de clientes a los bares, puede deberse a las medidas de prohibición de consumo de tabaco en los establecimientos cerrados, vigente desde el 1 de enero de 2011. De esta manera, y en contra de lo que el gremio opinaba sobre una ley que sería la ruina de muchos negocios, parece ser que ha sido todo lo contrario gracias a las terrazas que ha evitado la supuesta fuga de clientes. Pero claro, de la implantación de esta medida ya han pasado casi dos años, lo que no llega a convencer del todo.

Otra causa que pudiera explicar este incremento podría ser el buen funcionamiento del sector turístico en Granada y su provincia. La capital es uno de los destinos turísticos preferidos por los turistas españoles y extranjeros. De hecho, La Alhambra es el monumento más visitado de España y ello puede ser un pilar que sustente la aparente buena marcha del negocio hostelero en la capital. El único pero a esta explicación es que pese a los llenos de los puentes en la capital, el sector turístico no está viviendo su mejor momento como consecuencia directa de la crisis. En el presente año las pernoctaciones han descendido en seis puntos porcentuales. Nuevamente, no llegamos a una conclusión. Supongo que de esto tendrán mucho que hablar, y nada bueno, los hoteles.

Descartadas las dos primeras hipótesis sólo queda tirar de la economía sumergida, que desde el inicio de la crisis, se ha duplicado. No tiene lógica que con unos índices macroeconómicos tan negativos en crecimiento y empleo, la generosa oferta de terrazas, garitos y gastrobares se vea correspondida con llenos continuos. Tapear en Granada es una experiencia gratificante pero para ello, como en todo, hay que gastar, y ahí es donde las cuentas no cuadran.

Tal vez haya otras razones que escapen a mi conocimiento. Espero en los comentarios algo de luz que explique este contradictorio comportamiento de la economía, en un sector de la hostelería que parece escapar de la crisis.

 


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El brote verde del cine