El presidente de la Xunta, y candidato a la reelección por el PP, Alberto Núñez Feijóo saluda durante la comparecencia en la que ha valorado los resultados en las elecciones gallegas donde ha sido reelegido. :: EFE

Las elecciones vascas y gallegas despejan las incógnitas de un horizonte electoral que no sorprende por sus resultados sino más bien por el tremendo batacazo del PSOE, que salvo en el País Vasco, no padecía el azote de desgaste político al que se ve sometido el PP por sus más que cuestionada política económica de recortes.

Se esperaba que el PP ganara en Galicia, pero no se daba por hecho que gobernara y, ni mucho menos, que aumentara su mayoría absoluta. De igual manera era esperada la victoria del PNV en el País Vasco y el ascenso de las fuerzas nacionalistas en una elecciones que por primera vez no contaban con el chantaje del terrorismo. Sin embargo, lo que no entraba en las estadísticas era la debacle de los socialistas en ambas circunscripciones, siete en el parlamento gallego y nueve en el vasco, en este caso, muy erosionado por el desgaste político de su presente mandato.

Una vez escrutados los resultados toca sacar conclusiones. Quien primero lo hace en tono triunfalista es el PP, que no ha dudado en interpretar la holgada victoria en Galicia como un espaldarazo a la política económica de Rajoy en España. La austeridad y los recortes parecen no pasar factura política a las últimas medidas de austeridad impuestas desde Madrid por el gobierno popular. Al menos así es como lo entienden la ciudadanía que ha acudido a las urnas este fin de semana. Si bien se vota a representantes autonómicos, se quiera o no, tanto uno como otros se ven impulsados o mermados por las actuaciones de sus líderes nacionales, y en este caso, Rubalcaba no parece haber sido, cuanto menos, un impulso positivo para ambos candidatos socialistas en sus feudos.

Toca por tanto reflexión en las filas socialistas sobre el reciente naufragio, y máxime, cuando ya no se está gobernando. La herencia recibida de Zapatero parece pesar en demasía. Atrás se quedan el espejismo de las elecciones de Andalucía donde gobierna el PSOE, pese a que el PP consiguió por primera vez en la presente democracia, ganar unas elecciones; o la también sorprendente llegada al gobierno de los socialistas en Asturias gracias a la escisión que arrastran los populares asturianos tras la salida del exministro Álvarez Cascos. Visto así, los socialistas no han logrado detener la hemorragia de votos que viene produciéndose desde las últimas elecciones nacionales y ello a pesar de un reciente congreso nacional y un líder de consenso que no debe andar en sus mejores momentos.

Por último hay que analizar si tal vez Rajoy lleva razón cuando afirma que además de escuchar a la calle, hay que respetar lo que opina la mayoría silenciosa que vota en las urnas. Declaración que hacía en referencia a las últimas movilizaciones en protesta por los numerosos recortes en política económica y social que se derivan de las medidas de ajuste del Gobierno para atajar la crisis. Desde el pasado mes de septiembre la adversa realidad económica que atraviesa el país y las continuas protestas parecían poner en jaque al gobierno popular que además, en breve, se enfrentará a otra huelga general. Las bajas cifras de crecimiento, los cinco millones de desempleados que se cobra ya la crisis y el descontento del funcionariado público, indignado por los despidos y merma adquisitiva, no parecen pesar factura al resto de votantes gallegos y vascos, que respaldan así al gobierno de Rajoy.

Habrá que esperar a otros comicios para ver si tras el esperado rescate y sus consecuentes recortes, Rajoy vuelve a salir fortalecido o tal vez las interpretaciones de los populares en esta ocasión son demasiado optimistas y nada tengan que ver con la política nacional. Unos y otros, exceptuando la próxima cita catalana, tienen ahora tiempo para descubrir si todas las conclusiones que aquí se sacan son acertadas o sólo se trata de algo que cabría esperar.


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