En la madrugada del 29 de octubre de 1932, los dependientes de los bares y tabernas de la ciudad se declararon en huelga. Los huelguistas justificaban el paro por la ausencia de los patronos a una reunión del comité del Sindicato que los empresarios se negaban a reconocer. Numerosos establecimientos de la capital cerraron su puertas y los pocos que abrieron eran atendidos por los propietarios y sus familiares. Algunos no se libraron de los ataques, como un café de la plaza del Carmen, o un bar de la calle Reyes Católicos, cuyos dueños denunciaron la rotura del cristal de su negocio por las pedradas de los manifestantes. En un bar próximo a Zacatín, una piedra hirió a José Arenas, profesor de la Escuela Normal, que tuvo que ser asistido en la Casa de Socorro. Las protestas se prolongaron durante un mes, en el que se repitieron las roturas de cristales y las coacciones de los huelguistas a los compañeros que no secundaban las protestas, como el incidente que se registró en las bodegas de Fernando Garrido Lanzas, en la calle Navas, donde los trabajadores fueron obligados a abandonar su puesto por un grupo de huelguistas que huyeron a la llegada de los guardias de Asalto. El 24 de noviembre la CNT declaró en Granada una huelga general, según IDEAL, en solidaridad por los empleados de los bares y tabernas que no llegaban a un acuerdo con sus patronos. Por fin, 29 de noviembre, se dio por desconvocada la protesta.

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