La noche de San Juan

Era una noche de leyendas, misterios y ritos: el trébol, el huevo estrellado, el baño al filo de la media noche y las hogueras. En Granada el fulgor provenía de la Sierra o de las caserías de la Vega, donde los pastores y cortijeros celebraban con fuego la noche mágica. También se encendían hogueras en la Alhambra, majestuosas luminarias que alumbraban el cielo de la ciudad y, en el mismo momento en el que repicaban doce campanadas en la Torre de la Vela, los granadinos refrescaban su rostro con las aguas purificadas del Darro o del Genil.

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El sortilegio para convertir el agua en milagrosa obligaba a incluir en la pócima tréboles de cuatro hojas recogidos en las márgenes del río y recitar el conjuro:
«La mañana de San Juan
cuaja la almendra y la nuez.
Así cuajan los amores
cuando dos se quieren bien».
El paseo del Salón, decorado con adornos venecianos, era uno de los lugares preferidos para la celebrar la fiesta y para cumplir con el rito había que lavarse en las fuentes de la Bomba y la Ninfa. Al llegar a casa, una clara de huevo dormía en un vaso de agua junto a la ventana.
En los primeros años del siglo XX, el Liceo o el Centro Artístico organizaban animadas veladas en Los Mártires o en la popular Caseta del Genil.

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Pero las costumbres de la noche de San Juan, cargadas de tipismo y de ritos ancestrales fueron desapareciendo.

[*] En ‘Miscelánea de Granada‘ César Girón dedica un capítulo a la celebración en Granada de la noche de San Juan.

La ‘elegancia’ masculina veraniega

Este diario estaba convencido de que la elegancia masculina navegaba a la deriva. El incipiente turismo acercaba hasta la ciudad a extranjeros con atuendos que se consideraban  verdaderamente estrambóticos y de “una audacia sin precedentes”, tal y como describía a estos modelos un artículo de IDEAL publicado en junio de 1950.

Uno de los aspectos que más preocupaban era el de la corbata “cada día más llamativas las hay de tres clases -continuaba el redactor- las que recuerdan una experiencia bacterológica al microscopio con hemoglobina, estafilococos y danza de bacilos luminosos. Las que reflejan asuntos emocionantes y sentimentales (generalmente pintados sobre la corbata): puestas de sol, góndolas venecinas, paisajes marinos, molinos de viento, etc.. y las corbatas ‘ligeras’ con dibujos de mujeres fosforescentes”.

Para resumir estas nuevas tendencias, el periódico incluye una ilustración, un ejemplo de elegancia, buen gusto y distinción. Modelo ideal para las veladas del Festival. 1950_elegantes

Los reyes de Jordania visitan Granada

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El 13 de junio de 1955 los reyes de Jordania, Hussein I y su esposa, acompañados por un séquito de catorce personas,  visitaron Granada. Les recibió el alcalde Manuel Sola, cicerone en su paseo por la Alhambra. El joven rey, que apenas había cumplido los veinte años, tan solo conoció la Alhambra y el Generalife. La reina Dina (la primera esposa del monarca que se casaría cuatro veces),  también quiso visitar la Capilla Real. (más…)

Comienza el derribo de La Manigua

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El 4 de junio de 1940, el alcalde de Granada, Antonio Gallego Burín, con impecable traje, rodeado de concejales y con el indispensable sacerdote, en este caso les acompañaba Gregorio Espín, iniciaba la demolición de la antigua Casa de Socorro en el Campillo, la primera en ser derribada para el saneamiento de la Manigua, el barrio rojo de la capital granadina, zona de juergas, tabernas, de gentes de vida alegre y desvergonzada, «de vicio y degeneración». Un lupanar que, como decía una nota de la alcaldía, había hecho que la ciudad «se deshiciera material y espiritualmente». Contaba Juan Bustos (“El nacimiento de la calle Ganivet” IDEAL, 18 de septiembre de 2004) ” (más…)

Flores para Gerardo Diego

La celebración del IV centenario de la muerte de San Juan de Dios sirvió de excusa para organizar en Granada unos Juegos Florales. Tuvieron lugar el 12 de junio de 1950 en el Palacio de Carlos V. Los Juegos consistían en la lectura y entrega de unos premios de poesía, pero con una pomposa puesta en escena. Se concedían tres galardones, un mantenedor leía el discurso principal y se elegía a una ‘reina de los Juegos’, que encarnaba el ideal femenino de la época. En aquel homenaje a San Juan de Dios, José María Pemán, actuó de mantenedor. La ‘flor natural’, el máximo galardón del concurso, se entregó a Gerardo Diego por el poema ‘Amor de caridad’ y Manuel Benítez Carrasco y el canónigo de Zamora, Romero López, conseguían sendos accésits. La elegida como ‘reina’ fue la hija del ministro de Educación José Ibáñez, que a su vez actuaba como presidente del concurso, y que posaba (la chica, no el ministro), rodeada por la ‘Corte de amor’, un séquito de compañeras ataviadas con pomposos vestidos de baile.

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Jardincillos en Gran Vía

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En junio de 1960 la Gran Vía estrenaba ensanche, reforma y estos coquetos jardincillos en los que se plantaron geranios rojos, adelfas y rosales. Al fondo, el guardia de circulación que pone orden ante la ausencia de semáforos. La fotografía se publicó el  15 de junio de 1960.

La voz de Miguel Fleta en la Torre de la Vela

El recuerdo de las noches de música y teatro del Corpus, del que ya hablé en un post anterior, recuperaba la figura de Miguel Fleta, un tenor lírico aragonés muy conocido a principios del siglo XX que pisó los escenarios granadinos en numerosas ocasiones y me ha venido a la memoria un artículo de Juan Bustos publicado en IDEAL (8 de diciembre de 1997) en el que contaba una preciosa  anécdota del cantante en Granada.

Era conocido -asegura Bustos- que Fleta descuidaba su salud y su garganta (su carrera artística fue corta. Murió joven, con 41 años en mayo de 1938 casi sin voz). Una vez,  se subió a cantar a la Torre de la Vela y pidió a sus amigos que le escucharan desde el mirador de San Nicolás, adonde llegó, en el silencio de las noches granadinas de aquellos tiempos la fabulosa voz del tenor, atenudada por la distancia, pero con la claridad suficiente como para emocionar a todos.

M._Fleta

 

Rigoleto, Tosca, Aida, Turandot… el Teatro Real, la Scala de Milán, los mejores teatros de América Latina…Fleta, el humilde cantante de jotas convertido en el tenor español más famoso del mundo, comenzó a cantar zarzuela cuando su voz, antes cálida y aterciopelada, comenzó a fallarle. Murió en mayo de 1938. En el mes de abril, este periódico anunció una actuación benéfica en Granada que no llegó a celebrarse: sería en el Teatro Cervantes a beneficio de la obra social del “Auxilio de Invierno”.

Del Corpus al Festival

Las fiestas más castizas de Granada siempre han constituido un buen argumento para la música. Fueron el origen del Festival  Internacional y el descubrimiento del Palacio de Carlos V como el escenario más privilegiado. Fue durante las fiestas del Corpus de 1883 cuando se abrió al público el recinto renacentista «para dejar oír en su soberbio redondel los alegres ecos de una magnífica orquesta», decía La Tribuna, un periódico de la época recogido en el libro ‘Los conciertos en la Alhambra 1883-1952’ de Rafael del Pino. Los primeros fueron recitales matinales «á grande orquesta», hasta 1887 cuando comienzan a celebrarse grandes conciertos sinfónicos. En aquel año, el Ayuntamiento programa lo mejor del panorama musical de la época: Tomás Bretón y la Orquesta de la Sociedad de Conciertos de Madrid. Desde aquel momento las veladas sinfónicas del Corpus se constituyen en constante y la participación del maestro Bertón, casi en una tradición. El músico volvería a Granada en varias ocasiones con programas que incluían a Beethoven o Wagner. La cita musical del Corpus se consolidaba año a año con la participación de Fernández Arbós y la Sinfónica de Madrid,  Bartolomé Pérez Casas, Conrado del Campo, Ernesto Halffter o Ataulfo Argenta. La Alhambra va cobrando protagonismo como escenario y, en 1922, en la plaza de los Aljibes, se celebra el Concurso del Cante Jondo, también durante las fiestas del Corpus. Tras el paréntesis que supuso los años de Guerra Civil, y la austeridad que continuó en los primeros años de la década de los cuarenta, la vida cultural granadina va adquiriendo cada vez más protagonismo. La ópera también estuvo muy presente en la programación  de las fiestas con las intervenciones del gran tenor Miguel Fleta. Acontecimientos musicales, muchas veces con la entusiasta aportación del Centro Artístico, que fueron configurando la vida cultural de Granada y que dieron relevo, casi setenta años después, al magnífico Festival.

y también teatro Como ‘Sueño de una noche de verano’ dirigido por Pepe Tamayo con Asunción Balaguer en el escenario del Carlos V el 21 de junio de 1946 /Torres Molina
Y también teatro, como esta escena de ‘Sueño de una noche de verano’ dirigido por Pepe Tamayo con Asunción Balaguer en el escenario del Carlos V el 21 de junio de 1946 /Torres Molina

El Corpus de los pequeños

La chiquillería madrugadora miraba en la plaza Bib Rambla los chafarrionones de colorido de las carocas. Luego escoltaban a los gigantes, que casi rozaban los cables del tranvía, y a los cabezudos, al dragón y la tarasca en el desfile de La Pública. El Embovedado, donde se instalaban las atracciones, se llenaba de la alegría abigarrada y verbenera de los tiovivos, los circos y las barracas
Y para que las fiestas fueran de todos, y que ningún pequeño dejara de disfrutarlas, el Negociado de Instrucción Pública del ayuntamiento organizaba con mimo el Día del Niño. No se trataba sólo de hacer que los más chicos pasaran una jornada festiva, sino que animaban a familias a invitar a comer a sus casas a niños sin recursos, se repartía cunas y hatillos para los bebés nacidos en el día del Corpus, juguetes para los enfermos de San Rafael y premios para las parejas que hubieran adoptado a chavales abandonados, además de abonar el alquiler durante un año a las familias numerosas más necesitadas de recursos. Pero el espectáculo más deseado era el que se ofrecía en la Plaza de Toros del Triunfo, reservada por un día para los niños de las escuelas gratuitas y orfelinatos de Granada. Acompañado por una merienda (bollo de pan con chocolate, queso y naranja), el festival contaba con los mejores números de los circos que visitaban la ciudad.

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De fiesta en la plaza de la Mariana

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Los últimos días de mayo, en los años de la República, Granada celebraba las fiestas en recuerdo de Mariana Pineda.  Ideal resume en este artículo, del 27 de mayo de 1933, los dos días de fiesta, y abajo, el artículo del mismo día en el Defensor.

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