Durante la semana me llegó un correo del lugar en el que habitualmente compro mis juegos de mesa. Me informaban de que una nueva expansión del Bang! estaría disponible y se pondría a la venta el próximo día 30. Al instante, me pregunté: ¿Pero hay gente que sigue jugando al Bang!?

bang!

Bang! es uno de esos juegos de cartas imprescindible para quien quiera pasar la tarde con los amigos alrededor de la mesa -también está disponible para dispositivos móviles a precio reducido-. Cada jugador adopta un rol que solo sabe él y, a través de las cartas, tiene que pelear con el resto de participantes para obtener el objetivo que su carta de personaje le marca. Está entretenido y mejora al añadirle las diferentes expansiones que han salido saliendo durante los diez años que lleva en el mercado. Solo presenta un problema. Si un jugador muere, puede pasar un buen rato más mirando al resto de amigos. Las partidas, sobre todo si son de cinco jugadores o más, se pueden alargar un par de horas.

Edge, la editorial que publicó Bang!, se dio cuenta de ello y lanzó al mercado Samurai Sword. Las balas se cambian por catanas y la mecánica del juego es similar, pero se introducen dos cambios esenciales: cuando un jugador muere termina el juego para resto y se decide al ganador; y las partidas no duran más de 45 minutos en el peor de los casos. Con las dos mejoras introducidas, Edge creó la versión mejorada del Bang! y apostó fuerte por Samurai Sword. 

samurai-sword

Sin embargo, se sigue jugando al Bang!. Hace unos meses traté de convencer a un conocido de todo lo (más) bueno de Samurai Sword frente al Bang!. Después de un rato discutiendo me sentenció: «Pero el Bang! es el Bang!». Y ahí está la clave de todo. El primero siempre estará por encima de los demás, aunque lo mejoren. Podrán crear cuantas versiones mejoradas de Monopoly se quieran, que este será el que siempre esté en las tiendas. Lo mismo sucede con Mario Bros o con Sonic. Todos, como el Bang!, han marcado un estilo que no existía y sin pretenderlo han logrado un séquito de fieles que no les cambiarán por cualquier ‘copia’, aunque sea mejor. Por eso seguimos jugando al Bang!.

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