Bistārai, bistārai.

Hace un tiempo les narré la experiencia de subir al Kilimanjaro y qué lecciones pude sacar aplicables a la empresa y al ámbito personal. En aquel artículo, titulado “Tuende. Pole, pole” (en swajili “Vamos. Despacio, despacio”), les expuse una visión subjetiva que hubiera sido totalmente diferente si las circunstancias que concurrieron hubieran sido otras, como las que recientemente he experimentado en un trekking por el Himalaya, en la región de Langtang, donde también hay que ascender despacio, despacio (bistārai, bistārai).

En esta ocasión las sensaciones han sido radicalmente distintas, no solo por el contraste de ambos entornos y de la exigencia física que requieren, sino por el encuentro con culturas en esencia parecidas en cuanto a su integración con el entorno, pero distanciadas por las prácticas religiosas y el devenir de sus sociedades, tanto en el plano político como el económico.

Además de la verticalidad del paisaje del Himalaya y la atracción casi irracional de sus cimas por encima de los 8.000 metros de altitud, una de las cuestiones que más agradan es la forma en la que sus pobladores te acogen a pesar de la precariedad de sus recursos y de las insuficientes infraestructuras del país. Y lo que más sorprende, teniendo en cuenta su pobreza, es el nivel de adopción de las tecnologías móviles en un medio donde la orografía no facilita el 100% de cobertura.

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En aldeas donde la economía es casi de subsistencia y las condiciones de abastecimiento de agua, telefonía fija o luz o de instalación de saneamientos están al mínimo, nos encontramos con el uso generalizado de dispositivos móviles, en toda la población. Según datos del Banco Mundial, en Nepal se ha pasado de una penetración de telefonía móvil del 0,88% en 2005 al 138% en 2018. En el mismo período, el PIB per cápita ha crecido de 255€ a 875€ (un 243,14%).

Si nos fijamos en Tanzania (donde está el Kilimanjaro), la penetración de móviles se incrementó, en los mismos años, del 7,7% al 77,2%, y su PIB per cápita, aumentó de 370€ a 855€ (un 131,08%). Y por tener otro dato comparativo, en España la penetración de móviles pasó del 96,99% al 115,18%, en tanto que el PIB per cápita evolucionó de 21.300€ a 25.730€ (un 20,80%).

Es evidente que establecer una correlación entre la penetración de dispositivos móviles y el PIB per cápita en un país es absurdo o simplista, ya que las variables que intervienen en este último son mucho más complejas. Pero en el caso de los países en desarrollo o emergentes, sí que pueden estar relacionados. Lo veremos en un próximo artículo.

José Manuel Navarro Llena.

@jmnllena

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