La arquitectura del actual orden internacional atraviesa una crisis de principios que trasciende la distribución de poder entre las grandes potencias. Lo que hoy presenciamos es el desmoronamiento de los cimientos normativos que sostuvieron la ficción de un mundo estable durante décadas. Peter Mair, en “Gobernando el vacío”, describió con precisión el estado de “obnubilación” institucional provocado por una clase política que se ha replegado dentro de las estructuras estatales, desconectándose de la sociedad civil y formando una casta más preocupada por su propia estabilidad que por la representación y la defensa de la legalidad.
Esta metáfora del vacío de credibilidad institucional describe el estado de organismos como Naciones Unidas: estructuras que conservan su apariencia protocolaria, pero que han perdido su capacidad para influir en los actores más poderosos (dotados, por cierto, de la potestad de veto). En este escenario de multilateralismo de fachada, Europa, y particularmente España, se enfrentan al dilema de seguir habitando en un simulacro de estabilidad o asumir el coste de lo que Hannah Arendt denominó la “verdad factual”.
Vivir en esa verdad implica reconocer que la política profesional ha sido sustituida por una gestión de la supervivencia personal. Como señala Anne Applebaum, las instituciones occidentales están siendo socavadas desde dentro por una clase política cuya prioridad no es el fortalecimiento del Estado, sino la permanencia en el poder a través de la polarización, la sumisión a los poderes fácticos y los mensajes simplistas. En España, esta deriva es particularmente visible. La profesionalidad de los gestores públicos ha cedido ante una lógica transaccional donde el prestigio institucional se sacrifica en favor de la subsistencia parlamentaria. La degradación del consenso y la dependencia de retóricas nacionalistas o radicales han generado un entorno de vulnerabilidad extrema. Los líderes actúan más como burócratas de la inmediatez y gestores del postureo mediático que, como señala Applebaum, estadistas capaces de proyectar a largo plazo.
Esta falta de visión se refleja en la escena internacional, donde la sumisión ante el papel autócrata de Trump ha dejado a Europa en una posición de irrelevancia estratégica. Las guerras en Gaza e Irán evidencian esta incapacidad. Mientras Washington y Tel Aviv ejecutan operaciones militares unilaterales, la respuesta europea oscila entre el silencio cómplice y la tibieza diplomática. Atacar a terceros países sin el concurso de la comunidad internacional ni el respeto por la legalidad internacional, bajo pretextos que desafían la lógica más elemental, indican que la Unión Europea parece ser incapaz de adoptar una posición realista que proteja su propio «jardín», como diría J. Borrell, prefiriendo externalizar su seguridad a una administración estadounidense que se rige por criterios puramente espurios y ajenos a la estabilidad global.
La historia, como bien advierte Robert Kaplan en su obra sobre el retorno del mundo de Marco Polo, tiende a repetirse con una monotonía trágica. Los conflictos internacionales actuales vuelven a las zonas de fractura ancestrales donde los recursos dictan la guerra y la población civil pone los muertos. Kaplan subraya que, por encima de los discursos sobre los derechos humanos y las leyes internacionales, las realidades de los gobiernos imperialistas siguen imponiendo el control por la fuerza. En la guerra de Irán, los perdedores vuelven a ser los mismos de siempre: ciudadanos atrapados en un desastre humanitario, mientras los verdaderos ganadores se sitúan a miles de kilómetros de las bombas, lobbistas de la industria de defensa que respaldan el conflicto y los grandes inversores que operan en la sombra de las bolsas internacionales.
La industrialización del conflicto bélico ha alcanzado cotas de cinismo nunca vistas. Periodistas de investigación de prestigio como Jeremy Scahill y Murtaza Hussain han documentado cómo el entorno de Trump ha utilizado plataformas como Truth Social para difundir noticias falsas destinadas a manipular los mercados. En marzo de 2026, minutos antes de que el presidente estadounidense publicara mensajes sobre una supuesta desescalada en Irán, un puñado de inversores con acceso a información privilegiada logró embolsarse casi 600 millones de dólares aprovechando el vaivén del precio del crudo. Mientras la población sufre el encarecimiento de la energía y la escalada de la inflación, las petroleras estadounidenses proyectan ganancias milmillonarias extraordinarias y Rusia hace caja para seguir alimentando su capacidad bélica contra Ucrania. Este pelotazo millonario en plena guerra evidencia que el orden de 1945 ha muerto definitivamente, dejando paso a una anarquía global donde la única ley vigente es la del beneficio inmediato para una élite protegida por el poder económico.
Para España, el riesgo de aislamiento es real si no logra diversificar sus alianzas y recuperar un nivel de profesionalidad política que le permita liderar, y no solo obedecer. El comportamiento de las grandes potencias marca un retorno al realismo decimonónico de las esferas de influencia, donde el «poder blando» europeo es inútil frente a los drones y los ciberataques si no está respaldado por una capacidad de coerción creíble y un posicionamiento soberano inquebrantable. El apoyo a la legalidad internacional debe ser, además de un imperativo moral, una necesidad de supervivencia; si se permite que el decorado del derecho internacional se venga abajo, las naciones medianas quedarán a merced de los caprichos de los autócratas.
En este escenario, Europa debe despertar de su letargo y salir de su cautela estructural. La comodidad de lo que Arendt llamó el «cinismo generalizado» (ese estado en el que la mentira política constante no busca que se cree una falsedad concreta, sino sembrar la duda sobre toda verdad) ya no es sostenible. Solo desde la fortaleza y la coherencia interna se podrá reconstruir un diálogo que garantice la seguridad geopolítica europea. La apuesta es alta porque, como advirtió Arendt, transformar el mundo exige describirlo tal como es y asumir el coste de decir la verdad.
José Manuel Navarro Llena
@jmnllena
Publicado en IDEAL (Grupo Vocento) el 28-04-2026








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