Hoy os propongo una reflexión sobre Albarracín, un bellísimo pueblo que en apenas dos décadas ha pasado de estar lánguido y ruinoso a tener una saludable salud patrimonial y una desbordante vida cultural y turística (gracias sobre todo a la labor de la Fundación Santa Mª de Albarracín). Sin embargo, una vez realizado lo más complejo, deberán diseñar fórmulas que garanticen que su rico patrimonio no se vea afectado por la presión turística e inmobiliaria ni que la experiencia de visitar este lugar se vea mermada por la masificación.

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