Sacromonte02

Hay lirios azules en los jardines de la Casa del Chapiz. Una bailarina danza en el Bañuelo creando unas imágenes sugerentemente bellas. El cuentacuentos de la Casa de Zafra embelesa a los niños y a los niños que llevan dentro sus padres. Hay música en la casa morisca del Horno de Oro y el palacio de Dar al-Horra cobra vida con los sones y los bailes.

Los grupos de turistas cruzan a primera hora de la mañana las enormes puertas de la iglesia de Santa Ana, alfa y omega del Albaicín, mientras grupos completos, jadeantes, llenan la sala de espera para comenzar la visita a la Abadía del Sacromonte.

Algo está pasando y la contemplación de Granada desde el Sacromonte es inhumana, bestial. Es una saturación de los sentidos: golpea la primavera a la puerta, mece la brisa los pensamientos, acarician los rayos del sol las mejillas y brillan las colinas sobre las que penden bellos los palacios nazaries y los callejones y rincones albaicineros.

Sólo se entiende el sueño de Granada desde la vetusta Abadía, que también abre hoy sus puertas a una iniciativa que une los dos polos de tracción turística y cultural, la Alhambra y el Albaicín, con la ciudad. Así que lo que pasa es que de alguna forma los granadinos y los turistas están conociendo el Albaicín a la vera de la Alhambra.

El Día Internacional de los Museos permite, al menos ayer sábado, poner a prueba la ilusión de un turismo culto y receptivo que vive Granada. Lejos de la ‘parquetematizacion’ y del viaje organizado de aluvión y tentenpié que nos volvemos antes de que anochezca, esta iniciativa muestra los tesoros de una ciudad que hay que aprender de nuevo y que hay que volver a visitar.

Ya no se trata de ver la Alhambra y de hacerse un selfie en San Nicolás. Se trata de reservar un par de noches y comprender la riqueza de una ciudad única. Es el sueño de la Dobla de Oro, que une el monumento de la Alhambra con un conjunto de visitas a cual más atractivas en el Albaicín que logran unir, por fin, el Patrimonio de la Humanidad que está formado por la Alhambra, el Albaicín y el Sacromonte.

Se ahuyenta así el turismo depredador. No vale ni el ‘balconing’ ni las despedidas de solteros y de solteras con toda la parafernalia cursi de sexshop. En la otra esquina, el botellón a tutiplén, hace que, a todas luces, la Dobla de Oro como ruta culta, lúdica, artística y divertida se convierta en la posibilidad real de que Granada sea más Granada que nunca.

El objetivo, «compartir una jornada que nos servirá a todos para reflexionar sobre la importancia cuidar y proteger nuestro patrimonio más cercano», explica la directora dle Patronato de la Alhambra, Mar Villafranca.

 

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