El siglo XX ha sido un siglo de obras ininterrumpidas en la Gran Vía. Desde que los jesuitas colocaran la primera piedra de la Iglesia del Sagrado Corazón el 4 de mayo de 1897, que fue el primer edificio que se construyó en la emblemática calle granadina,  se sucedieron el Hotel París (1907), el Colón (1909), el Coliseo Olimpia (1921), el Banco Matritense (1924), el palacete de los Müller, la Casa de la Perra Gorda o el edificio del Banco de España que se levantó en el año 1932, con lo que se remataba por completo la avenida. Durante más 35 años se sucederían los golpes de piqueta para levantar una vía al estilo de los bulevares de París, que permitiera a la flamante burguesía de abogados, industriales o catedráticos, pasear por amplias y luminosas calles de arboladas aceras.

La Gran Vía, con sus edificios modernistas de fachadas inspiradas en el estilo Gaudí, en consonancia con los nuevos gustos de la época, más ancha que las demás calles de la ciudad y mejor preparada para el tráfico rodado, terminaba, en un extremo, en el Campo del Triunfo, con el edificio de la Escuela Normal (obra del arquitecto Antonio Flores 1923-1933). Al otro lado, el cuello de botella formado en su confluencia con Reyes Católicos. En 1951, se elaboró un proyecto para prolongar la calle. En un principio se planteó continuar la Gran Vía hasta el Paseo de la Bomba, pero se topó con un primer obstáculo: la vieja casa de Correos.

Imperdonables derribos

El edificio de Correos, en el solar hoy ocupado por la Plaza de Isabel la Católica, se construyó según el proyecto del arquitecto Francisco Giménez Arévalo por encargo del adinerado empresario granadino Vicente Arteaga, que instaló su vivienda en la planta principal y más tarde lo alquiló para las oficinas de Correos y Telégrafos. En 1960 el ayuntamiento inició los expedientes de expropiación forzosa para su demolición. Del edificio se salvaron sus populares buzones, ‘leones’ pintados de verde que se instalaron en la estafeta de la Alhambra y los pilares de acero del patio, que se llevaron a la Azucarera de San Isidro.

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Pero la historia volvía a repetirse. Si en su origen, la construcción de la Gran Vía había sido el fin de los restos de la ciudad musulmana y de su entramado de calles medievales, la anarquía urbanística de los años sesenta y setenta pasó por la piqueta bellos inmuebles que ya se habían incorporado al paisaje.

El 3 de febrero de 1961 comenzó el derribo de la vieja casa de Correos, punto de partida de la ordenación urbanística del eje Reyes Católicos-Gran Vía-Pavaneras. «Este enlace se iniciará con una hermosa plaza, en cuyo centro se erigirá un monumento o fuente, plaza que tendrá cuarenta y seis metros de fondo por cuarenta y ocho de anchura y de la que en recta se llegará a Pavaneras, por una anchura igual a la de la calle Recogidas, es decir, quince metros. La futura Gran Vía se iniciará con una anchura de dieciséis», resume la portada de IDEAL del 26 de agosto de 1960, día en que se presentó un proyecto que comenzaría a gestarse nueve años antes.

Una nueva Gran Vía

Nueve edificios originales de la calle sucumbieron al urbanismo feroz ante la apatía de autoridades y vecinos. La vivienda construida por Juan López Rubio, impulsor de la calle, fue una de las primeras en caer, seguida por los números 22,24 y 28. En el solar de los números 16 y 14,  en cuya esquina estuvieron los almacenes El Águila, el Banco de Granada construyó 13 plantas. Poco antes caería un bello edificio diseñado por Juan Montserrat sustituido por un bloque de pisos y la oficina del que fuera Banco Atlántico. En la acera de los impares, la bonita fachada con elementos grecorromanos del cine Olimpia no sobrevivió como tampoco lo hizo el bloque de vecinos en cuyos bajos se ubicaba el Garaje Gran Vía. Una lamentable estructura de cemento avergonzó a la céntrica avenida en los años ochenta hasta que se destinó al Hotel Maciá Gran Vía.

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En cuanto al hotel Santa Paula, se salvó por muy poco. La cadena AC Hoteles adquirió el inmueble en 1997 y consiguió el permiso de la Comisión de Patrimonio Histórico, dependiente de la Consejería de Cultura, para su derribo y la construcción de un edificio de nueva planta. Afortunadamente, la diligencia de colectivos como Granada Histórica, consiguieron que se respetara la fachada y en diciembre de 2001 se inauguraba en Gran Vía el primer hotel cinco estrellas de la capital.

Reyes Católicos-Gran Vía-Pavaneras

La idea de continuar la recién abierta Gran Vía surgió en 1943 pero se materializó en un plan urbanístico aprobado en 1951. En marzo de 1955 el ayuntamiento presidido por Manuel Sola acordó dar prioridad a la ampliación de la céntrica avenida hasta la plaza de Mariana Pineda (“obra que quizás cueste más de cuarenta millones de pesetas”, aseguró entonces el primer edil). En una entrevista con IDEAL publicada en agosto de 1959, el arquitecto municipal Miguel Olmedo aseguraba que la prolongación de la calle era la reforma urbana más urgente que quedaba por acometer, “por el grave problema de tráfico que existe en el centro de la ciudad”. Con esta obra “si se realiza de forma lógica” quedaría resuelto, “pero si con ello se crea, no una calle de tráfico, sino un núcleo comercial que produzca más tráfico, no habríamos resuelto nada”, continúa el arquitecto.

El resultado de la prolongación de la avenida y su intersección con Gran Vía y Pavaneras dio como resultado una plaza. En su origen, se pensó en instalar un monumento a Don Álvaro de Bazán. Pero finalmente se optó por el traslado del de Isabel la Católica y Colón, obra de Benlliure,  desde el Paseo del Salón (junio de 1963)

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El 26 de agosto de 1960 se aprobó en pleno el proyecto de ordenación urbanística de Reyes Católicos con Gran Vía y Pavaneras. Se presupuestó en veinticinco millones de pesetas el dinero destinado a expropiaciones: 6.680.000 para los propietarios del edificio de Correos antes mencionado; solares de Sierpe Alta, la adquisición de edificios del número 6 la calle Colcha y 26 Reyes Católicos por los que se pagó 3.314.884. El hotel Internacional, el garaje de la calle Sancti Espíritu y el viejo edificio que ocupó la agrupación ‘Álvarez Quintero’.

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Desaparecieron el teatro Gran Capitán y el palacio de los Córdova (que se volvió a montar en los sesenta en la cuesta del Chapiz)

El proyecto de transformación de la ciudad hizo mucho daño a la ciudad histórica, pero iba dando forma a la Granada que hoy conocemos.

[*] Para saber más

‘La Gran Vía de Granada. Un siglo’ Gabriel Pozo Felguera (1997)

‘La Granada de Gómez Moreno un siglo después’ Varios autores (1998) publicado por IDEAL

‘Guía de la Granada desaparecida’ Juan Manuel Barrios Rozúa. Editorial Comares (1999)

‘Andar y ver en Granada’ Juan Bustos. Colección Granada y sus barrios. Editorial Comares

3 Comentarios en La Gran Vía desaparecida

  1. El libro de Manuel Martín, que editó La General en 1988, es el estudio más completo sobre la génesis, ejecución y desarrollo de la Gran Vía y La Reformadora Granadina. Y no aparece en la relación bibliográfica. Y en el artículo no se habla del intento, en los primeros años 70, de conectar la Gran Vía a través de San Matías con Puerta Real, afortunadamente abortado
    • Muchas gracias por su aportación, no conocía el libro. Me parece una buena idea retomar el proyecto de los años setenta para un nuevo artículo sobre la calle y un buen homenaje a la avenida ahora que cumple los 120 años, además de una buena ocasión para leer el estudio de Martín. Gracias de nuevo

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