Categoría: Cultura

Granada mecánica

¿Recuerdas dónde estabas la noche del 4 de septiembre de 1992? Claro que sí, tú y 10.000 almas más, pagasteis las 2.000 pesetas que costaba la entrada para ver a Mecano en la plaza de toros y te desgañitaste acompañando a Ana, Nacho y José María. Te las sabías todas, verdad?  ‘Hoy no me puedo levantar’, ‘Cruz de Navajas’, ‘HIjo de la Luna’, ‘El fallo positivo’… Mecano en estado de gracia y tú, con unos quince, ¿quizás veinte?…Anda, búscate en la foto

Fotos de González Molero/Archivo de Ideal
Fotos de González Molero/Archivo de Ideal
Fotos de González Molero/Archivo de Ideal

Y Gades y Hoyos bailaron ‘El amor brujo’ con el Sacromonte

En los años ochenta un doloroso quejido bajaba por la Cuesta del Chapiz. La zambra agonizaba y con ella el Sacromonte. La señal de socorro la lanzó Curro Albaicín, que imaginó y creó el espectáculo ‘Recordando el Camino’ para rescatar la zambra más tradicional del olvido. Se estrenó en el Isabel la Católica y giró por otros teatros del país ante un público entregado que conoció bailes inéditos interpretados por bailaores veteranos del barrio. Por primera vez salió de la cueva sacromontana la cachucha, la mosca, las manchegas, la alboreá, el fandango del Albaicín, el tango falseta, la zambra mora… sonidos poco conocidos fuera del barrio pero que inspiraron a Falla o Ángel Barrios. La gente, acostumbrada al baile individual, por soleá, por seguiriyas o por alegrías, se quedaba de piedra ante un baile de doce mujeres . Aquellas mujeres (la menor de setenta años, menos La Coneja y La Mona, que tenían cuarenta y cinco), encarnaban el espíritu del Sacromonte.

Carlos Saura y Antonio Gades en la zambra de María 'la canastera'. 7 de agosto de 1985
Carlos Saura y Antonio Gades en la zambra de María ‘la canastera’. 7 de agosto de 1985

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Andrés Segovia ‘descubre’ el Patio de los Leones

La noche del 24 de junio de 1955 Andrés Segovia comenzó su actuación en el Salón de Reyes de la Alhambra, pero hacía tanto calor que, en la segunda parte, el maestro decidió continuar en el Patio de los Leones. Las crónicas cuenta que, además del calor, el reducido espacio del Salón impedía a los espectadores ver bien las manos del maestro, así que ordenó que llevaran su silla y su taburete al templete y el público lo siguió hasta el patio, aunque parte del auditorio se conformó con un hueco en el bordillo.

Un acalorado concertista le comenta al promotor del Festival, Antonio Gallego Burín, que se sale al patio a terminar su actuación
Un acalorado concertista le comenta al promotor del Festival, Antonio Gallego Burín, que se sale al patio a terminar su actuación

Así, de esta manera improvisada, el Festival descubrió uno de sus escenarios más emblemáticos, un lugar que estos días habría cumplido 60  años de conciertos. Las notas sublimes del ‘Bourree’, la exquisitez del ‘Preludio’  o el sabor medieval de la famosa ‘Gavota’ de Bach, fueron las primeras que se escucharon en este marco privilegiado. Nunca más volvió a utilizarse el Salón de los Reyes, estrenado para estos menesteres por el ‘Cuarteto Vegh’ en 1953, y fue sustituido por el Patio, lugar imprescidible de los recitales alhambreños hasta hasta el año 1974. Por entonces el Patronato de la Alhambra llevaba varios años intentando devolver al recinto su antigua fisonomía y plantar un jardín. Ya no había espacio para el público y el Festival dejó de programar conciertos junto a la Fuente de los Leones.

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Concierto a cargo de la Agrupación Nacional de Música de Cámara.

El último tuvo lugar un año antes, el 2 de julio de 1973 con el Cuarteto Festival de Granada como protagonistas. Esta y otras anécdotas las cuentan José Luis Kastiyo y Rafael del Pino el libro de la historia del Festival Internacional de Música y Danza de Granada.

Carlos Gardel, el dios del tango

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Murió hace 80 años y se convirtió en un mito. Carlos Gardel perdió la vida en un accidente de avión en Medellín hoy hace 80 años. Hay quien dice que era francés, otros que uruguayo y no falta quien asegura que en realidad era argentino y que se hizo pasar por emigrante para ocultar su origen humilde. Granada no tiene argumentos para ser cuna de Carlos Gardel, pero recupero del archivo de IDEAL una noticia publicada el 20 de agosto de 1969 en la que, como en el caso de otras grandes leyendas de la música, se asegura que el Zorzal no murió en aquel fatídico accidente, sino que continuaba vivo, aunque desfigurado, en una hacienda de Medellín.

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La voz de Miguel Fleta en la Torre de la Vela

El recuerdo de las noches de música y teatro del Corpus, del que ya hablé en un post anterior, recuperaba la figura de Miguel Fleta, un tenor lírico aragonés muy conocido a principios del siglo XX que pisó los escenarios granadinos en numerosas ocasiones y me ha venido a la memoria un artículo de Juan Bustos publicado en IDEAL (8 de diciembre de 1997) en el que contaba una preciosa  anécdota del cantante en Granada.

Era conocido -asegura Bustos- que Fleta descuidaba su salud y su garganta (su carrera artística fue corta. Murió joven, con 41 años en mayo de 1938 casi sin voz). Una vez,  se subió a cantar a la Torre de la Vela y pidió a sus amigos que le escucharan desde el mirador de San Nicolás, adonde llegó, en el silencio de las noches granadinas de aquellos tiempos la fabulosa voz del tenor, atenudada por la distancia, pero con la claridad suficiente como para emocionar a todos.

M._Fleta

 

Rigoleto, Tosca, Aida, Turandot… el Teatro Real, la Scala de Milán, los mejores teatros de América Latina…Fleta, el humilde cantante de jotas convertido en el tenor español más famoso del mundo, comenzó a cantar zarzuela cuando su voz, antes cálida y aterciopelada, comenzó a fallarle. Murió en mayo de 1938. En el mes de abril, este periódico anunció una actuación benéfica en Granada que no llegó a celebrarse: sería en el Teatro Cervantes a beneficio de la obra social del “Auxilio de Invierno”.

Del Corpus al Festival

Las fiestas más castizas de Granada siempre han constituido un buen argumento para la música. Fueron el origen del Festival  Internacional y el descubrimiento del Palacio de Carlos V como el escenario más privilegiado. Fue durante las fiestas del Corpus de 1883 cuando se abrió al público el recinto renacentista «para dejar oír en su soberbio redondel los alegres ecos de una magnífica orquesta», decía La Tribuna, un periódico de la época recogido en el libro ‘Los conciertos en la Alhambra 1883-1952’ de Rafael del Pino. Los primeros fueron recitales matinales «á grande orquesta», hasta 1887 cuando comienzan a celebrarse grandes conciertos sinfónicos. En aquel año, el Ayuntamiento programa lo mejor del panorama musical de la época: Tomás Bretón y la Orquesta de la Sociedad de Conciertos de Madrid. Desde aquel momento las veladas sinfónicas del Corpus se constituyen en constante y la participación del maestro Bertón, casi en una tradición. El músico volvería a Granada en varias ocasiones con programas que incluían a Beethoven o Wagner. La cita musical del Corpus se consolidaba año a año con la participación de Fernández Arbós y la Sinfónica de Madrid,  Bartolomé Pérez Casas, Conrado del Campo, Ernesto Halffter o Ataulfo Argenta. La Alhambra va cobrando protagonismo como escenario y, en 1922, en la plaza de los Aljibes, se celebra el Concurso del Cante Jondo, también durante las fiestas del Corpus. Tras el paréntesis que supuso los años de Guerra Civil, y la austeridad que continuó en los primeros años de la década de los cuarenta, la vida cultural granadina va adquiriendo cada vez más protagonismo. La ópera también estuvo muy presente en la programación  de las fiestas con las intervenciones del gran tenor Miguel Fleta. Acontecimientos musicales, muchas veces con la entusiasta aportación del Centro Artístico, que fueron configurando la vida cultural de Granada y que dieron relevo, casi setenta años después, al magnífico Festival.

y también teatro Como ‘Sueño de una noche de verano’ dirigido por Pepe Tamayo con Asunción Balaguer en el escenario del Carlos V el 21 de junio de 1946 /Torres Molina
Y también teatro, como esta escena de ‘Sueño de una noche de verano’ dirigido por Pepe Tamayo con Asunción Balaguer en el escenario del Carlos V el 21 de junio de 1946 /Torres Molina

El ballet flamenco de Pepita Berdonés

El futuro del flamenco granadino taconeaba en la academia de baile de Pepita Berdonés en la calle San Antón. Pionera en el arte de descubrir talentos (la suya fue la primera escuela de baile que abrió en Granada), durante décadas su grupo era fijo en cualquier festival benéfico, Cruces de Mayo, fiestas del Corpus o galas navideñas que se organizaran en esta ciudad.  Berdonés formó su ballet flamenco en 1965 y con él recorrió los escenarios de toda España.  Llegaron a actuar en numerosas ocasiones en Televisión Española, en programas como ‘Chavales’, ‘Antena infantil’ o ‘Gente Menuda’. Entre los bailaores que se formaron con Pepita, están los conocidos Juan Andrés Maya, que le pedía a su profesora que le enseñara cualquier baile, desde flamenco a clásico o claqué; Rosa Zárate, a la que acompañaba su hermano José Carlos a la  guitarra, o Eva la Yerbabuena. A sus ochenta y maravillosos años cumplidos, la querida profesora recuerda que bailaba desde los siete: «mi madre tenía un salón de alta costura al que acudía una conocida bailaora del Sacromonte, Lola Medina, la inventora de la coreografía de la Reja», cuenta a IDEAL desde su casa,  que conserva decorada con los muebles de cuando se casaron sus padres, allá por los años veinte. Pepita se enamoró de la manera de posar de la artista mientras su madre le tomaba medidas y, a los catorce años, se sacó el carné profesional para dar clases. Primero acudía a las casas, donde impartía su arte flamenco por cinco pesetas la hora. Se llegó a hacer tan popular, que las propias alumnas le pidieron buscar un local para dar las lecciones, así fundó su escuela en la calle San Antón.

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La imagen que acompaña este artículo es de 1967. Entonces su grupo lo formaban catorce niñas y un chico. Tenían entre cinco y quince años e interpretaban un repertorio de baile andaluz, seguidillas, alegrías, fandangos o tanguillos. Como los niños acudían al colegio, las salidas fuera de Granada las hacían en verano. Entre sus actuaciones, recuerda aquella que les llevó al teatro Maravillas de Madrid y en la que, a pesar de que tenían prevista una canción, acabaron interpretando siete, o aquel homenaje a granadinos ilustres en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Aquellos pequeños artistas se ganaron la simpatía de todos y la escuela de Pepita continuó hasta los años noventa, cuando las piernas cansadas de tanto bailar, jubilaron a la  profesora.

 

Juanita Cruz debuta en Granada

El debut de Juanita de la Cruz, pionera del toreo femenino español, en el coso del Triunfo el 5 de mayo de 1935, fue el acontecimiento taurino del año. Las crónicas cuentan que la expectación que produjo en la ciudad fue «grandiosa».

IDEAL, 27 de abril de 1935
IDEAL, 27 de abril de 1935

En casi todos los comercios del centro se colocaron fotografías de la joven artista, se colgó el cartel de ‘no hay billetes,  y quizás fue este interés el que animó finalmente al gobernador autorizar la corrida, a pesar de que el reglamento dejaba claro que las mujeres no podían participar en festejos taurinos.

Publicado en IDEAL, 24 de abril de 1935
Publicado en IDEAL, 24 de abril de 1935

Aquella tarde de  domingo «vimos la expectación hecha arte, elegancia, valor y genio» cuenta  IDEAL. Hacía años que el coso granadino no había oído una ovación clamorosa, rabiosa y fuerte, de las «que obliga a levantarse de los asientos a los públicos, y que pone exclamaciones de asombro y júbilo en la boca de los aficionados», continúa el redactor. Con un traje de luces de falda pantalón de plata y seda «que llevaba con airoso donaire la señorita torera», Juanita Cruz sonreía al peligro. Comenzó la faena con un pase de pecho «mandón y ceñido», y con un pinchazo bueno seguido de una estocada hasta la gamuza que arrancó enardecidos aplausos. Hubo ovación, dos orejas y vuelta al ruedo. Le acompañó, Joselito de la Cal que se llevó dos y un rabo.

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Juanita Cruz, que había nacido el 12 de febrero de 1917, se presentaría en Las Ventas en abril del 36. Se exilió con la Guerra Civil y, con la llegada de la Dictadura, y  la prohibición de torear a las mujeres, se acabó su carrera en España. En el 38 hizo el paseíllo en México y murió en Madrid en el 81.

Había una vez…

Gabriel Aragón era un granadino del barrio de la Pescadería bien parecido, culto y que iba para sacerdote hasta que conoció a una artista de circo, se enamoró de ella y fundaron una larga y exitosa familia circense.  Pepino, su nombre artístico, tuvo tres hijos, Emig, Pompof y Thedy, que fueron payasos conocidos en todo el mundo. La saga continuó con   Gaby, Fofó, Miliki y Fofito, conocidos como ‘Los Payasos de la Tele’, que se convirtieron en un auténtico fenómeno sociológico de la España de los años setenta. En Granada actuaron en varias ocasiones. En noviembre de 1976  vinieron con la carpa del ‘Price’ al real de la feria.  En su última función, y en la pista del circo, el concejal de Fiestas, Manuel Anel, entregó a los payasos una ‘granada’ de plata y prometió la construcción del monumento en homenaje a su familia en el barrio de Pescadería. Gaby, agradeció el  reconocimiento y, con emoción, recordó que Granada era la tierra de su familia y que ellos, sin haber nacido aquí, «se sentían granadinos en lo más profundo de su ser». En aquella actuación faltó Fofó, que había muerto en junio de aquel año fulminado por una hepatitis. En la basílica de las Angustias, los niños fueron los protagonistas de una misa su memoria, «demos gracias al Señor porque hay hombres que nos hacen reír», dijo uno de los sacerdotes en su homilía.

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