¿HAY QUE QUITAR LA FIRMA DE LAS LICENCIAS DE LOS ALCALDES?

“La Ciudad Comprometida”

Casco histórico de Montferrand.
Casco histórico de Montferrand. Fuente: internet.

A modo de continuación del ciclo sobre la Francia Fea, nuestra compañera de GRarquitectos Rafaèle Genet Verney nos propone otra reflexión basada en un artículo de Luc Chatelier  (Telerama nº3147 del 5 de mayo de 2010) sobre  el poder de los Ayuntamientos (en este caso franceses) en temas de urbanismo y de arquitectura, que se podría resumir con las siguientes frases:

“¿Hay que quitar la firma de las licencias a los alcaldes? En Francia, desde 1982, el alcalde tiene los plenos poderes en materia de urbanismo, pero en muchas ocasiones está mal aconsejado y sometido a la presión de sus administrados. Una reforma es sin duda necesaria.”

El artículo se divide en los siguientes apartados:

  • PARTE I.  El contraste entre los centros históricos y el esparcimiento urbano.
  • PARTE. 2 Un urbanismo concertado el caso de Cherbourg.
  • PARTE. 3 Los municipios pequeños frente a sus decisiones.
Otra imagen del histórico de Montferrand.
Otra imagen del histórico de Montferrand. Fuente: Internet.

PARTE I.  El contraste entre los centros históricos y el esparcimiento urbano.

De un lado está la imagen, casi intacta, de un pueblo adosado a su campanario, un núcleo con sus casas apretadas a lo largo de calles estrechas o la de un centro urbano, denso, vivo, cálido, hecho de acumulaciones dictadas por la historia. Del otro lado, muy a menudo a golpe de piedra, se imponen la fealdad del esparcimiento residencial  y de las zonas de actividades puntuadas de inútiles rotondas.

¿Por qué este contraste tan violento?

¿Cómo explicar que en Francia una cierta forma de perfección urbana es vecina de unas urbanizaciones kilométricas y unas naves de hormigón que gangrenan el paisaje?

¿Qué puede justificar que la mayoría de estos edificios acaben siendo de una muy pobre calidad arquitectónica y urbana?

Una primera explicación cabe quizás en tres letras: ABF, “Architectes des Bâtiments de France” (nuestros técnicos de la consejería de Cultura). Estos funcionarios del ministerio de cultura (doscientos cincuenta en todo el territorio) tienen como misión vigilar, supervisar y en su caso impedir, todo lo que se permite construir en la  proximidad de los monumentos históricos, de los sitios catalogados o de las zonas de protección del patrimonio arquitectónico, urbano y paisajístico, es decir, la mayoría de nuestro centros urbanos pero también de nuestros pueblos, donde es común que la iglesia esté catalogada, lo que marca un perímetro bajo la responsabilidad de estos funcionarios.

Es cierto que el modelo no es infalible, y el “ABF” puede equivocarse cuando impide por aquí o allá la instalación de placas solares o una intervención contemporánea y deja pasar, incluso anima, algunos malos pastiches supuestamente según el estilo del lugar.

A pesar de esto solo podemos estar de acuerdo con Frederic Auclair, presidente de la asociación nacional de los “ABF”: “Con sus competencias profesionales (cinco años de arquitectura, dos años en la escuela del patrimonio de Chaillot y un año en una escuela de ingenieros de caminos). L’ABF, constituye la ultima muralla frente al despotismo o a la ignorancia de los alcaldes”.

El único problema es que el poder de los “ABF” solo concierna el 6% de lo edificado. En todo lo demás el alcalde es el único juez.

Por Rafaèle Genet Verney. Arquitecta de GRarquitectos

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