CEMENTERA DE ATARFE, ARQUITECTURA INDUSTRIAL ABANDONADA

“La Arquitectura Comprometida”

¿Hay alguien ahí? Esta es la pregunta que se me ocurre hacer cuando llego a un lugar como este, la Cementera de Atarfe. Hace unos años la pregunta hubiera sido otra, “Busco trabajo ¿podría hablar con el encargado?”, pero es que ahora está abandonada, y las impresionantes dimensiones de sus muros, junto con su potente y sobria arquitectura parecen convertirla en la puerta del más allá.

Restos de los muros principales.
Restos de los muros principales.

Se encuentra en las proximidades de Sierra Elvira, en la localidad granadina de Atarfe junto a la carretera de Córdoba. Su ubicación viene de la proximidad a la cantera que hay en la misma sierra y su construcción, que se inició en 1903 por Inocencio Romero de la Cruz, vino motivada por el aumento de las infraestructuras en la época. En 1923 empezó a comercializar sus productos bajo la marca de Cementos Centauro y estaba dedicada a la producción y elaboración de cemento y cal hidráulica. Fue una de las primeras fábricas de este tipo que se construyeron en Andalucía, junto con la fábrica La Araña, en Málaga, de 1918. Con una producción en 1955 de 30.000 Toneladas de Cemento portland y de 20.000 Toneladas de cemento natural se convirtió en una potente fábrica que abastecía la creciente demanda de la época.

La línea del Tranvía de Granada a Pinos Puente, con parada en el apeadero de Sierra Elvira así como una línea industrial de ancho 750 mm entre la fábrica de cemento y las canteras serían algunas de las infraestructuras que apoyarían el funcionamiento de la fábrica.

Entorno
Entorno

La fábrica perteneció a la compañía Cementos Centauro hasta finales de 1968, cuando fue absorbida por Cementos Alba S.A. Al poco tiempo fue cerrada y desde entonces sus instalaciones permanecen abandonadas, pudiéndose apreciar hoy en día aún la estructura principal de hormigón de la fábrica.  Algunos de sus muros han sido invadidos por pintadas, sus tejados están hundidos, en algunos puntos se aprecian los restos de lo que fue una escalera, una oficina o el comedor de los trabajadores. Donde antes había maquinaria  ahora hay vegetación y escombros. Por donde antes los empleados de la fábrica circulaban para hacer su trabajo, ahora, de vez en cuando, aparece algún curioso o algún grupo de aventureros que encuentran un foco de entretenimiento.

Vista de la fábrica
Vista de la fábrica

Hace unos años se planteó como Proyecto Fin de Carrera de la Escuela de Arquitectura de Granada su transformación para acoger la Fundación Juan March. Ojeando algunas de las propuestas queda demostrado que a pesar de encontrarse en este lamentable estado, sus muros, sus espacios y todo su conjunto siguen siendo fuente de inspiración y de numerosas posibilidades de rehabilitación.

Jesús Rubio Gómez, arquitecto de GRarquitectos

5 Comentarios

  1. Estoy de acuerdo!! Yo también he visto varias soluciones de Proyectos Fin de Carrera de Arquitectura y se observa claramente las grandes posiblidades que brinda la cementera. De una fábrica abandonada puede surgir un buen proyecto; y ésta parece estar a la espera.

  2. Son interantes estos comentarios y que la gente conozca el inmenso patrimonio que existe abandonado, pero en un buen estado de conservación y reutilización, en lugar de levantar “nuevos mamotretos”, mucho más costosos, dejando abandonadas estas edificaciones.

  3. Cuanta razón tienes al recordarnos que debemos volver nuestra mirada a aquellos edificios memorables que languidecen para volverlos a llenar de vida y para seguir recordándonos que la buena arquitectura suele ser bastante versátil. Y la arquitectura industrial que se produjo en Andalucía en los albores del siglo XX, en general, es de una tremenda calidad y contundencia. Ojalá este como otros ejemplos tenga su oportunidad… Entre tanto, como está en el
    entorno de un BIC, probablemente se sal ende la picota, aunque puede que no de la ruina!!!
    Gracias Jesús por tu oportuna reflexión.

  4. Buenos días, estupenda reflexión la que nos dejas, sólo comentarte un pequeño detalle, en contra de lo que comúnmente se cree y así se refleja en la mayoría de las publicaciones que he leído al respecto, la línea férrea que comunicaba la fábrica de cemento y las canteras de piedra caliza no era de 750 mm sino de 600 mm. La locomotora de vapor que prestó servicio en esa línea, una Orenstein and Koppel de 1912, comprada de segunda mano a las minas de Cartes, en Cantabria, en 1923 se salvó milagrosamente del achatarramiento por obra y gracia de D. Cesáreo Cenarro Tamayo, fundador y dueño de la empresa “Hierros Cenarro”, quien la compró en la liquidación de la fábrica tras la absorción por Cementos Alba y la mantuvo en Granada a la espera de una oportunidad de restaurarla, aunque habría de pasar más de 50 años hasta que sus herederos, actuales gestores de la empresa, la cedieran para tal fin a una empresa especializada en restauración industrial de la Universidad de Granada, esperándose que estén terminados los trabajos a finales de 2017, aproximadamente. Debido al excelente resultado que dio esta locomotora, la empresa compró en los años 50 del pasado siglo cuando alcanzó su máxima producción, una segunda de la misma marca, esta vez un tractor diésel de 30 HP, pero de ésta máquina no ha quedado rastro alguno. Espero que estos breves datos os sean de alguna utilidad.
    Un saludo cordial

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