Una nueva plaza para Santa Ana

Una vez acabada la Guerra Civil y con Antonio Gallego Burín al frente de la alcaldía (ocupó el cargo entre el 3 de junio de 1938 y el 31 de agosto de 1951, salvo un breve paréntesis de gobernador civil durante los meses que van del 20 de octubre de 1940 al mismo día y mes de 1941), comenzaron a ejecutarse importantes proyectos de reforma urbana que cambiaron la imagen de la ciudad. En 1940, se iniciaron las obras para el aplanamiento del Embovedado en Puerta Real, las del derribo del barrio de la Manigua (que inauguró Franco en 1943) y el traslado de la fuente de los Tritones (o de los Gigantones) del Salón a Bibrambla para reemplazar el monumento de Fray Luis de Granada que, a su vez, se instalaría en el atrio de Santo Domingo.

Bibrambla en 1932. Torres Molina/IDEAL
Bibrambla en 1932. Torres Molina/IDEAL

 

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La Gran Vía desaparecida

El siglo XX ha sido un siglo de obras ininterrumpidas en la Gran Vía. Desde que los jesuitas colocaran la primera piedra de la Iglesia del Sagrado Corazón el 4 de mayo de 1897, que fue el primer edificio que se construyó en la emblemática calle granadina,  se sucedieron el Hotel París (1907), el Colón (1909), el Coliseo Olimpia (1921), el Banco Matritense (1924), el palacete de los Müller, la Casa de la Perra Gorda o el edificio del Banco de España que se levantó en el año 1932, con lo que se remataba por completo la avenida. Durante más 35 años se sucederían los golpes de piqueta para levantar una vía al estilo de los bulevares de París, que permitiera a la flamante burguesía de abogados, industriales o catedráticos, pasear por amplias y luminosas calles de arboladas aceras.

La Gran Vía, con sus edificios modernistas de fachadas inspiradas en el estilo Gaudí, en consonancia con los nuevos gustos de la época, más ancha que las demás calles de la ciudad y mejor preparada para el tráfico rodado, terminaba, en un extremo, en el Campo del Triunfo, con el edificio de la Escuela Normal (obra del arquitecto Antonio Flores 1923-1933). Al otro lado, el cuello de botella formado en su confluencia con Reyes Católicos. En 1951, se elaboró un proyecto para prolongar la calle. En un principio se planteó continuar la Gran Vía hasta el Paseo de la Bomba, pero se topó con un primer obstáculo: la vieja casa de Correos.

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La Facultad de Medicina

[*] artículo de Juan Bustos para la sección Andar y Ver de IDEAL publicado el 6 de julio de 1998

POCOS edificios públicos de la ciudad, entre los construidos en el presente siglo, tan valiosos e interesantes como este de la Facultad de Medicina, cuya noble fachada merece, por cierto, una mejor compañía que la que le prestan las aberrantes y vulgares construcciones de descomunal altura que la rodean y la aplastan desde tiempos recientes. Esta Facultad, que fue la primera de nuestra Universidad en abandonar el centro urbano granadino, para trasladarse a lo que por entonces -décadas de los años 1920 a 1940- se consideraba como una cierta lejanía, el Altillo de las Eras, bordeando el barrio de San Lázaro, ocupa, con su anejo Hospital Clínico, una considerable extensión de terreno, delimitado por las calles Avenida de Madrid, Carretera de Jaén, Avenida del Doctor Olóriz y calle del Doctor Guirao Gea.

Facultad de medicina. FOTO: RAMON L. PEREZ
Facultad de medicina. FOTO: RAMON L. PEREZ

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La vieja Facultad de Medicina

Después de trece años de obras y setenta y uno de vida universitaria, el majestuoso edificio de la avenida de Madrid ha “despedido” a sus alumnos

Cuando el decano y los alumnos llegaron al moderno edificio de la nueva Facultad de Medicina, el Hospital Clínico todavía estaba en obras. Corría el año 1944 y la facultad tampoco estaba terminada, pero el decano Miguel Guirao Gea, ante las intenciones de Queipo de Llano de instalar en las flamantes instalaciones la sede de la Capitanía General, arengó a los estudiantes y ocupó la que hasta la que hace unos días ha sido la casa de generaciones de médicos granadinos. Una placa en un pasillo de la ya “vieja” escuela recuerda la obstinación del profesor que en alguna ocasión declaró: “Este edificio de la Facultad de Medicina, que tardó en terminarse más de veinte años, es algo consustancial a mi vida. Desde las primeras gestiones, los primeros planos, hasta llenarme de barro, de cal, de pintura, de cemento, puedo decir que he seguido las obras día a día. Aquí he vivido los mejores años de catedrático siempre al lado de mis alumnos“.

Vista de la Facultad en las fechas de su inauguración. Junio de 1944. TOrres Molina/IDEAL
Vista de la Facultad en las fechas de su inauguración. Junio de 1944. TOrres Molina/IDEAL

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Una fiesta para el otoño

Contaba Juan Bustos que cuando Granada era más pequeña y los granadinos más pobres, se esperaban con ilusión las fiestas de los barrios. Eran pretextos para pasar unos días en convivencia con los vecinos (todos se conocían) y, en torno a una procesión o una romería, montar unos puestos de golosinas, algún columpio y mesas para tomar algo en la taberna más cercana. Las mujeres se peinaban con moño alto y vestían mantón de flecos y los hombres lucían sombrero, bastón y cadena de reloj prendida del chaleco. En algunas ocasiones la Banda Municipal ponía la música y no faltaba la diana militar.
El Sagrario era el primer barrio en celebrar las suyas, pero no eran muy populares. Las de San Lázaro, San Jerónimo o San Rafael eran las más típicas y animadas. En septiembre, para celebrar el día de la Virgen de las Angustias, la verbena llegaba al Campillo.
El proyecto

Carruseles en una de las fiestas de barrio en las primeras décadas del siglo pasado. Torres Molina /Archivo de IDEAL
Carruseles en una de las fiestas de barrio en las primeras décadas del siglo pasado. Torres Molina /Archivo de IDEAL

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Un manto para la Patrona

 

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El Colegio Máximo de Cartuja se transformó durante la Guerra Civil en una Academia Militar donde se formaban soldados para ser oficiales. Eran los Alféreces Provisionales y allí se preparó a más de cinco mil hombres (6.021, publicó IDEAL en un artículo del 22 de septiembre de 1940). En el campo de batalla perdieron la vida quinientos treinta y cuatro, y en su recuerdo se confeccionó un manto que luciría la Virgen de las Angustias por primera vez hace ahora setenta y cinco años. Las monjas dominicas bordaron una estrella por cada soldado muerto y, junto a ellas, pequeños lazos con el nombre de los alféreces caídos. La Academia de Granada, el teniente Fidel Dávila y el municipio pagaron las 50.000 pesetas de su coste y el 22 de septiembre de 1940, a hombros de los compañeros de los fallecidos, la Patrona desfiló vestida con el valioso presente. (más…)

Pequeño viaje al mundo de los niños de los años setenta

En 1972, este diario publicó una serie de reportajes con el objetivo de conocer un poco más a los niños granadinos de aquellos años. Para realizarlos, se encuestó a un centenar de chicos, de entre seis y ocho años, de los colegios Andrés Manjón y Maristas, y de niñas del Colegio Santo Domingo, Regina Mundi y la Consolación. De su lectura podemos sacar algunas conclusiones sobre si ha cambiado, o no tanto, la infancia en estos cuarenta años.
A los chicos se les preguntó por la televisión. Les gustaba, y mucho, aunque solo había dos canales, la programación comenzaba a las 11,15 con la carta de ajuste y el espacio dedicado a los pequeños apenas se extendía más de hora y media cada tarde («no hay casa sin tele –comenta Santi Lozano, el redactor de IDEAL– y esto puede ser un inconveniente. Todo depende de lo que le dejen ver en sus hogares», qué ingenuo…). La serie ‘Meteoro’, era la favorita junto a ‘Perdidos en el espacio’ o ‘El Planeta azul’ de Félix Rodríguez de la Fuente. El Telediario y ‘La Casa del Reloj’, un latazo, decían. El primero porque «no dan más que noticias para mayores y tíos de esos de oficinas» y el segundo, porque era un programa «aburrido». Tampoco gustaba mucho ‘Buenas Tardes’, un espacio de entrevistas y reportajes presentado por Raúl Matas y que seguía a los programas infantiles de la primera cadena hasta el Telediario de las nueve.

Alumnos de los Maristas forman fila para entrar a clase en una imagen de 1972. Torres Molina/Archivo de IDEAL
Alumnos de los Maristas forman fila para entrar a clase en una imagen de 1972. Torres Molina/Archivo de IDEAL

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El ‘Día de la Raza’ en Granada, por Associated Press

La agencia de noticias norteamericana Associated Press ha publicado un curioso vídeo  que tiene como protagonista la Ciudad de Granada. Lleva por título de “Celebración del descubrimiento de América. Bandera republicana ondea en Granada delante de la estatua de Colón en honor a su viaje de 1492”. En las imágenes, el pendón ondea desde la balconada del ayuntamiento. El portador grita “¡Viva España, viva la República, viva Granada!”. A continuación el cortejo desfila por la plaza del Carmen (atención al cartel del edificio Bernina, en el que se lee ‘La Cordobesa’). Parece que giran a la derecha, camino de la Capilla Real. La imagen se corta. El siguiente plano muestra el cortejo junto al monumento de Isabel la Católica en su antiguo emplazamiento del Paseo del Salón. Pajes portan en escudo de la ciudad. Maceros acompañan al estandarte que de nuevo se ondea ante el regio monumento”.

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La gran Avenida del Azúcar

Parece que siempre ha estado ahí, pero la calle más emblemática de la capital apenas cuenta con 120 años de vida. Su historia comenzó el 25 de agosto de 1895, cuando Moreno Mazón, arzobispo de Granada, dio los simbólicos golpes con una piqueta de plata en una casilla de la entonces Placeta del Pozo de Santiago (situada más o menos donde hoy está la calle Marqués de Falces) con los que comenzó la obra para su construcción.

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Pero esta aventura comenzó un poco antes. En 1852, un joven farmacéutico onubense llamado Juan López Rubio, adivinando que el azúcar escasearía con la pérdida de las colonias de ultramar, invirtió en el cultivo de la remolacha y montó la primera fábrica de azúcar de la provincia, el Ingenio de San Juan. Le seguirían hasta diez industrias más que enriquecieron a la flamante burguesía granadina. En 1890, en calidad de presidente de la Cámara de Comercio, pidió al ayuntamiento «la apertura de una calle de setecientos metros de longitud, por veinte de latitud, que partiendo de la de Méndez Núñez frente a la de Sierpe y cortando el Zacatín, Mesa Redonda y calle Cárcel, siga al lado del Mercado de San Agustín, cruce la de Lecheros y pasando entre Santiago y Santa Paula, corte el laberinto de manzanas que sigue hasta la Tinajilla, formando una sola alineación recta desde el arranque hasta el Triunfo, sin interesar ningún edificio de importancia, público ni particular».

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Sería como los grandes bulevares de París, la gran Avenida del Azúcar. Se pensó que estaría terminada en 1892, IV Centenario del descubrimiento de América, de ahí lo de Gran Vía de Colón, pero la obra tardaría más de 35 años en acabarse.
El primer edificio que comenzó a construirse fue la iglesia del Sagrado Corazón de los Jesuitas (en 1897). Tres años después, el promotor de la calle, Juan López Rubio, levantaría el primer bloque de viviendas de la calle, en el número 26, que hoy no existe. En 1921 se construyó el Coliseo Olimpia, en 1925 la casa de la Perra Gorda y en el 32 comenzaron las obras del Banco de España.

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A nadie parecía importarle entonces las 244 casas de los barrios de Mezquita y Santiago, que habían dado forma a la ciudad medieval, y que se derribaron para edificar la ciudad moderna. Sucumbieron para siempre el Palacio de Cetti Meriem, la casa de Diego de Siloé (frente al edificio del Banco de España), el Palacio de la Inquisición, el Convento del Ángel Custodio, el Colegio Catedralicio, la Casa de los Seises, el Colegio de San Fernando… Por cierto, se ignoró la propuesta de la Real Academia de San Fernando de dejar una plaza en la parte trasera de la Catedral para que se pudiera contemplar desde la flamente vía. Para pasear por la calle más emblemática de la ciudad, se pagó un precio muy alto.

De los baños de Don Siméon a la piscina Neptuno

En los años treinta, no era extraño ver a los a un grupo de chicos remojándose en alguna fuente de la capital granadina, cuando no en el mismo cauce del río Genil.

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La falta de ‘baños públicos’, como se llamaban entonces, se hacía notar cuando el calor apretaba y «sentimos las angustias de la asfixia en estas coquetonas grilleras con nombres de pisos», se queja un redactor de IDEAL en un artículo publicado el 17 de julio de 1936. En la información, se detallan los intentos que se había realizado hasta la fecha para la construcción de piscinas públicas.

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