Categoría: Local

Jardincillos en Gran Vía

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En junio de 1960 la Gran Vía estrenaba ensanche, reforma y estos coquetos jardincillos en los que se plantaron geranios rojos, adelfas y rosales. Al fondo, el guardia de circulación que pone orden ante la ausencia de semáforos. La fotografía se publicó el  15 de junio de 1960.

El Corpus de los pequeños

La chiquillería madrugadora miraba en la plaza Bib Rambla los chafarrionones de colorido de las carocas. Luego escoltaban a los gigantes, que casi rozaban los cables del tranvía, y a los cabezudos, al dragón y la tarasca en el desfile de La Pública. El Embovedado, donde se instalaban las atracciones, se llenaba de la alegría abigarrada y verbenera de los tiovivos, los circos y las barracas
Y para que las fiestas fueran de todos, y que ningún pequeño dejara de disfrutarlas, el Negociado de Instrucción Pública del ayuntamiento organizaba con mimo el Día del Niño. No se trataba sólo de hacer que los más chicos pasaran una jornada festiva, sino que animaban a familias a invitar a comer a sus casas a niños sin recursos, se repartía cunas y hatillos para los bebés nacidos en el día del Corpus, juguetes para los enfermos de San Rafael y premios para las parejas que hubieran adoptado a chavales abandonados, además de abonar el alquiler durante un año a las familias numerosas más necesitadas de recursos. Pero el espectáculo más deseado era el que se ofrecía en la Plaza de Toros del Triunfo, reservada por un día para los niños de las escuelas gratuitas y orfelinatos de Granada. Acompañado por una merienda (bollo de pan con chocolate, queso y naranja), el festival contaba con los mejores números de los circos que visitaban la ciudad.

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De fiesta en la plaza de la Mariana

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Los últimos días de mayo, en los años de la República, Granada celebraba las fiestas en recuerdo de Mariana Pineda.  Ideal resume en este artículo, del 27 de mayo de 1933, los dos días de fiesta, y abajo, el artículo del mismo día en el Defensor.

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Un cuento del Carmen de las Tres Estrellas

Un día de Reyes de hace 115 años, Antonio Joaquín Afán de Rivera reunió a artistas y literatos granadinos en el Carmen de las Tres Estrellas para homenajear al novelista Manuel Fernández González. Una lápida en la fachada de la casa del Albaicín recuerda la reunión.

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Lugar de célebres tertulias literarias, el Carmen es escenario de románticos cuentos y leyendas. Una de ellas la contó este periódico en el año 1935 en sus ‘Antiguallas granadinas’, una curiosa sección que recordaba historias antiguas de la ciudad, e iba acompañada por una plumilla de Garrido del Castillo.

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Pero volvamos a la historia del Carmen de las Tres Estrellas. Firmado con el seudónimo de Asclepios, el artículo cuenta que vivía en el Albaicín un príncipe que tenía tres hijas. A la mayor, ahijada del hada de las aguas, le gustaba nadar en los estanques; la mediana, a quien la diosa de los vientos había servido de madrina, era arrebatada y nerviosa, de espíritu emprendedor y decidido. La tercera, dulce y tímida, la protegida por la maga de las mariposas, cuidaba de los pájaros y las flores. Las tres recibieron de sus bienhechoras una sortija de oro con una estrella de diamantes y un vaticinio: se casarían cada una con un rey  al que reconocerían por sus anillos, idénticos al que ellas lucían desde su nacimiento. Una noche las princesas soñaron que eran cortejadas por tres apuestos jóvenes. El idilio duró hasta el amanecer y, al despertar,  comprobaron con sorpresa que las estrellas de sus sortijas habían desaparecido. Días después acudió a su casa un embajador que pedía la mano de las tres princesas para los hijos de su señor y como presente, les ofreció anillos con verdes diamantes estrellados, como los que habían perdido. Tras la boda, las hermanas partieron, cada una a su reino y, como recuerdo, su padre mandó grabar en la puerta de la casa del Albaicín, las tres estrellas que dan nombre a la mansión morisca.

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La imagen que acompaña este cuento es un dibujo de Villar Yebra que también dedicó una de sus ‘Estampas de Granada’ al Carmen (marzo 1963).

… Y permítanme que aproveche esta Antigualla para recuperar la figura del personaje que se esconde detrás de ‘Asclepios’, Fidel Fernández Martínez,  médico, escritor, historiador, enamorado de la Sierra… Gracias a Al Safan he conocido la figura de este admirable granadino. Cuelgo un par de artículos de IDEAL donde pueden aprender un poco más de él.

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La historia del «Niño de la Carbonera»

Joaquín Baños Martínez,”el Niño de la Carbonera”, se convirtió en uno de los delincuentes más buscados en la España de los años 30, sin embargo es difícil dibujar una biografía más allá de sus fechorías. Dónde termina el personaje y empieza su complicada vida es muy difícil de averiguar si la única fuente de memoria, como ocurre en este caso, es el IDEAL de los años previos a la Guerra Civil. Sabemos que era hijo de Antonia Martínez Galera, una carbonera malagueña, que tenía unos veinte años cuando comenzó a entrar y salir de la cárcel y que frecuentaba ambientes de extrema izquierda. No estaba casado, pero una mujer, María Barrera, esposa de “El Niño de Alhendín”, iba a visitarlo al penal con frecuencia. Fue detenido tras un tiroteo en Bib Rambla y encarcelado en 1934. Se fugó en mayo del 35, en plena calle Elvira, cuando era conducido a la Audiencia para ser juzgado. Logró burlar a los agentes escabulléndose entre las cuevas del Barranco de Los Negros y el Cerro de San Miguel, e incluso la policía cercó La Manigua en su búsqueda en una persecución de película. Pero logró huir a Madrid, donde permaneció escondido por la Federación Anarquista Ibérica. Finalmente, en el año 36, fue detenido tras participar en un tiroteo en la zona de Ópera, al parecer contra un grupo de fascistas. Y es entonces cuando en la hemeroteca se pierde su rastro. Una vida borrada.

Recorte de IDEAL del 9 de mayo de 1935
Recorte de IDEAL del 9 de mayo de 1935

El primer supermercado de Granada

Abrió sus puertas el 20 de abril de 1960 en los bajos del edificio anexo de Olmedo, con entrada por la calle Ángel Ganivet. Podían adquirirse huevos frescos, carnes pescados y pollos congelados, frutas y verduras, productos lácteos, refrescos, legumbres, aceites, sopas, conservas, galletas, azúcar, te, vinos y licores, mermeladas… y fue el primer autoservicio de la ciudad. Se accedía por dos escaleras señoriales tras las que aguardaba una amable señorita que, “con amplia sonrisa”, hacía entrega de una cesta para hacer la compra.

Una vez efectuado el acopio de artículos, el cliente salía por unos pasillos de revisión donde las señoritas encargadas, utilizando cajas registradoras marca ‘National’, hacían la cuenta y se entregaba (esto también era una novedad), para su comprobación, el detalle de la compra que generaba automáticamente la caja. Además se ofrecía la posibilidad de adquirir, previo pago, bolsas de plástico para llevarse los productos .

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Estos detalles nos pueden parecer ahora una obviedad, pero entonces era lo más, de los más moderno.

Los retales mejor vendidos

Los suntuosos escaparates de Paños Ramos exhibían los mejores géneros en la esquina de la plaza del Carmen con la calle Naves. Paños Ramos era uno de los comercios con más solera de Granada desde que abrió sus puertas en 1880. Rivalizaba con tiendas acreditadas durante generaciones como La Isla de Cuba, La Magdalena, Vázquez, Almacenes Gran Vía, Tejidos Moisés, Almacenes Olmedo o Tejidos Buenos Aires, pero lo que verdaderamente lo distinguía de los establecimientos de la competencia era su agresiva publicidad. En el abril del año 33, un biplano con el nombre de los almacenes pintado en sus alas sobrevoló Granada lanzando folletos con las mejores ofertas. En febrero de 1934 los almacenes volvieron utilizar esta publicidad ‘aérea’, pero esta vez con una pancarta flotante que anunciaba las novedades de la temporada primavera-verano. “La propaganda en avión resulta uno de los procedimiento más costosos (decía IDEAL el 11 de abril de 1933). Por muy grande que sea la pericia de los aviadores siempre es un porcentaje pequeño el del número de hojas y prospectos que caen en manos de los transeúntes, ya que hay que descontar los que van a tejados o sitios de difícil acceso.” Tampoco contratar una avioneta era barato, por eso esta manera de hacer publicidad estaba reservada a empresas importantes y de gran capacidad económica. Además se utilizaba en contadas ocasiones así que llamaba mucho la atención.

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No contentos con esto, los publicitarios de Paños Ramos inventaron otro curioso sistema de propaganda. Grandes anuncios de prensa con el eslogan “Granada, centro del turismo de invierno” informaban de que se habían escondido vales de regalo en diferentes rincones de Sierra Nevada. Poco a poco IDEAL, y otros diarios de la época,   publicaban pistas de los lugares elegidos y, los que tuvieron la suerte de encontrarlos, los canjearon por cortes de traje, abrigos o pantalones.

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A finales de los 80 cerró la tienda de Paños Ramos de Plaza del Carmen, se trasladaron a Recogidas y el edificio fue adquirido por la ONCE.

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Como si hubiera reventado el Darro

Fue mayúscula la sorpresa de los transeúntes que caminaban por las calles del centro de Granada las siete de la tarde del 22 de abril de 1975, cuando una gran riada, provocada por la rotura de una tubería de agua potable del Callejón de Sierra, bajo Torres Bermejas, atravesaba la ciudad inundando Plaza Nueva, Reyes Católicos, Puerta Real, Carrera de la Virgen, Acera del Darro y el Humilladero, hasta desembocar en el río, aunque incluso hubo noticias de inundaciones en Bib Rambla. Seguro que los más mayores se acordaron de la noche de septiembre de 1951 cuando el Darro reventó en Puerta Real. Afortunadamente, en este caso no hubo que lamentar víctimas, pero el agua bajaba con tanta fuerza, que llevaba consigo piedras (se retiraron algunas de más de 20 kilos), tierra, ladrillos, ramas, causó importantes daños a los comercios, cuyos bajos anegó, e incluso arrastró un coche que circulaba por la Cuesta de Gomérez hasta Puerta Real. A medida que las aguas invadían el asfalto, los viandantes sorprendidos se lanzaban a la carrera alarmando a otros ciudadanos que asistían, confundidos al extraño fenómeno. Tras el suceso, más de cuarenta trabajadores de Serconsa, retiraron unas ciento veinte toneladas de barro devolviendo en pocas horas la normalidad a las calles del centro. Como si no acabara de pasar un río.

 

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Algunas curiosidades históricas sobre la Semana Santa de Granada

La Segunda República fue un periodo negro en la historia de las cofradías. La Constitución de 1931 estableció la separación de la Iglesia y el Estado. Las continuas crisis y la falta de hermanos menguaron los presupuestos de las hermandades. Además, se prohibieron las procesiones y se limitó la práctica religiosa al interior de los templos. IDEAL, un periódico de la Editorial Católica, vivió su primera Semana Santa en 1933 (se fundó en mayo del 32). Hacía dos años que no se celebraban procesiones,  y no volverían hasta 1935 (aunque al año siguiente, con la Guerra Civil, se suprimieron de nuevo). En aquel año del 33, unos días antes de Pascua, el gobernador de Granada aseguró a la prensa que había recibido un telegrama del Gobierno que avisaba de la derogación del artículo 17 del Reglamento de Espectáculos, y que finalmente aquel año podrían celebrarse desfiles de miércoles a viernes. Pero no fue así, y un año más la ceremonia por parte de las cofradías se limitó a convocar a sus hermanos a actos como la función de palmas del Domingo de Ramos, los oficios  en templos como el Perpetuo Socorro, las adoraciones nocturnas del Viernes Santo o el acompañamiento a la cofradía del Silencio en su Quinario.

Hasta 1931, eran doce las hermandades que desfilaban por las calles de Granada. IDEAL, en su ejemplar del 13 de abril de 1933, publica un reportaje sobre la constitución de las primeras hermandades. Se detiene este artículo en detalles sobre la historia del Santo Entierro y cuenta su estación de penitencia en plena tarde del Viernes Santo y su desfile con guardias municipales de gala, nazarenos a sueldo, personal de sacristías, representantes del clero y autoridades que seguían a los penitentes. Cada año se nombraba una comisión para organizar la procesión que, para sufragar gastos, recorrían los barrios, casa por casa, en busca de donativos. El paso de esta comitiva iba anunciado por los trompetazos a cargo de tres individuos a los que el pueblo llamaba ‘chías’ porque lucían la prenda de ese nombre. Cuenta aquel artículo de IDEAL que un año el dinero recaudado fue tan poco, que estuvo a punto de suspenderse la procesión. José Messeguer, arzobispo de Granada, puso todo su empeño en que esto no ocurriera y organizó a una antigua hermandad que celebraba un víacrucis por el Albaicín y que dio lugar, en el año 1917 a la albaicinera hermandad del Vía Crucis. Salía el Domingo de Ramos de la iglesia del Salvador y subía por las tortuosas calles del barrio para alcanzar al amanecer, entre pitas y chumberas, la ermita de San Miguel.

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Libertad para un preso

Estos cofrades del Vía Crucis tenían otra procesión el Martes Santo en la que recorrían las calles «más modernas» de la capital. Desfilaban las mismas imágenes, la de Jesús con la cruz a cuestas y la de la Virgen. Tapices de Garrigues habían sido previamente colocados en lugares estratégicos para rezar las estaciones. Un año, uno de aquellos tapices se colocó en el edificio del Gobierno Civil de la calle Duquesa. Al llegar la procesión, una comisión de su Junta de Gobierno subió a pedir la libertar de un preso. Después el cortejo se detenía en la calle de la Cárcel, ante la prisión provincial, y el Hermano Mayor exhibía la orden de libertad del elegido que, vestido con túnica y capirote, acompañaba a la procesión hasta la iglesia del Salvador.

El encuentro

En alguna ocasión, el Vía Crucis realizó una ceremonia de encuentro de Jesús con su Madre en el camino del Calvario, una ceremonia que dio origen a la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Descendimiento del Señor. La imagen, la Soledad de Mora, salía de Santa Paula y sus hermanos vestían túnicas de terciopelo negro y capirote de raso amarillo con las insignias bordadas en seda y oro.

 

En 1935, año en el que las procesiones volvieron a la calle en Semana Santa, la Federación de Cofradías contrató a la banda de trompetas de Artillería y a la del Regimiento de Infantería y a cinco cantaores de saetas de «primera fila» para dar brillantez a los desfiles. Procesionaron el Lunes Santo, la Santa Cena y el Rescate; Martes, Vía Crucis y Rosario; el Miércoles, la Humildad y la Esperanza; el Jueves, Santa María de la Alhambra y el Cristo de la Expiración y el Viernes,  la Soledad, Santo Entierro, y el Descendimiento. También cuenta IDEAL que más de veinte mil personas rezaron a las tres de la tarde ante el Señor de los Favores.

 

Al Rescate (1925) o la Santa Cena (1926), se unen Los Dolores (1937), Los Gitanos (1939) el Huerto de los Olivos (1943) las Maravillas (1944), La Aurora, la Borriquilla (1947)… A partir de 1940  se recuperó definitivamente la celebración de la Semana Santa, hasta la fecha, que luce más bonita que nunca. Que la disfruten.

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La ‘Minerva’ del camarada Fermín

Marzo de 1935. Acción Popular preparaba un gran mitin de Gil Robles en el hipódromo de Armilla y las autoridades policiales habían extremado los controles de seguridad. Hacía varios días que circulaban por Granada unos folletos libertarios y había que buscar a sus autores. El 13 de marzo, la policía realizó una batida en un bar de plaza Nueva para detener a los sospechosos de haberlos escrito y distribuido. Uno de ellos consiguió huir. Era Fermín Castillo, pintor de veintidós años y autor de la propaganda anarquista. Fermín implicó en sus andanzas a José Arenas, el joven que fue detenido en la redada, y a otro chico, Arturo Muñoz Toral, que trabajaba como chófer para una «buena familia» granadina. Arenas confesó que en su casa se escondía la máquina ‘Minerva’ de mano con la que se habían publicado los folletos. Pero, cuando llegó la policía, la imprenta había desaparecido. Poco antes de ser detenido, a Castillo le dio tiempo a llevársela a casa de Toral en la calle Solares. Los agentes no tardaron en localizarla, pero sí en trasladarla a la comisaría. Como no cabía todo el material en el coche de los oficiales, tuvieron que pedir ayuda al dueño de un horno cercano, que les prestó uno de sus burros con los que efectuaba el reparto del pan. Sobre las alforjas y monturas, los guardias fueron colocando la máquina, las cajas, los botes de tinta y la demás herramientas. Dos guardias y un agente se encargaron de la conducción. Los primeros se colocaron a los lados del asno, para evitar que volcasen los capachos, mientras el agente, convertido en arriero, tiraba del ronzal. Y así enfilaron a las siete de la mañana, camino de la jefatura.
En el registro de la casa de Fermín encontraron cartas de compañeros de ideología, relaciones de ‘camaradas’ del comité propresos, una carta en la que se hablaba de la puesta en marcha del ‘Comité de acción’ y las planchas de la reciente impresión del periódico ‘La Voz Confederada’.

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Poco cuenta IDEALdel destino de los tres detenidos. Lo que cuenta la historia es que un Fermín Castillo, enlace de la CNT con grupos guerrilleros, murió asesinado en 1947 por delatar a los conocidos maquis hermanos Quero, pero no es posible demostrar, por la información publicada en este periódico si se trataba o no de la misma persona.