Más cerca de las elecciones

Ni Pedro Sánchez ni Pablo Iglesias se han acercado por Andalucía, a semejanza de Casado o Rivera, en lo que ya parece una carrera abierta hacia las elecciones autonómicas, a falta de que Susana Díaz firme el decreto de convocatoria esta próxima semana si opta por el 2 de diciembre, o espera quince días si prefiere el 16 de ese mes. Descartado «casi al 100 por 100» la coincidencia con un adelanto de las generales, en opinión de Montero, la ministra de Hacienda y ex consejera de la Junta, que se supone bien informada.
La izquierda andaluza, desde la que ocupa una mayor centralidad a la que se muestra más radical, no comparte un buen clima con sus dirigentes nacionales aunque guarden las apariencias.


Sánchez irrumpirá con estruendo el 26 de octubre nada más ni nada menos que con un consejo de ministros en Sevilla, de donde saldrán previsiblemente medidas beneficiosas para esta comunidad. Hará falta que no sean mero fuego de artificio electoralista y tengan el suficiente respaldo económico. Por el momento los socialistas no acaban de encarrilar los Presupuestos Generales del Estado para el año próximo, aunque no tendrían problema en prorrogar y asumir los proyectados por el Partido Popular.
Casi es noticia que esta semana a Sánchez no se le haya abierto otra vía de agua entre sus ministros. Aguanta las presiones de sus socios de Podemos, «preparados –dicen estar– para gobernar en 2020», que han pedido por la boca pequeña la dimisión de la ministra de Justicia, mientras no surjan nuevos episodios provenientes de las cloacas del Estado, como algunos se temen.
También imagino que ha sido una buena nueva para Moncloa la patética inestabilidad de los independentistas catalanes que ha aflorado. El aniversario del 1 de octubre ha supuesto una lección de realismo para los separatistas. Los que presuntamente vulneraron la ley siguen en prisión preventiva mientras los huidos ven que no obtienen avances en el respaldo internacional a sus tesis. La violencia en las calles se alienta desde el poder de la Generalitat, antes y ahora.
Torra, con su «apretad» a los Comités de Defensa de la República (CDR), quedó retratado este lunes como activista, además del papelón que la policía autonómica tuvo que sufrir ante el cerco al parlamento catalán.
Pero su mayor despropósito fue lanzar a continuación el ultimátum para que en el plazo de un mes se aceptara una propuesta de referéndum de autodeterminación o se retiraría a Sánchez el apoyo en el Congreso.
La firmeza era la única respuesta ante una nueva pirueta en el vacío y la fisura que muestran los partidos soberanistas. No parecen dispuestos al diálogo que les ofrece Moncloa. Quizá merezca preguntarse, como Felipe González, si conduce a algo cuando el único recorrido que pretenden es «sí o sí» al independentismo.
La sombra de elecciones catalanes se ha aclarado con la escenificación de un cierre de filas y esperar a la sentencia del ‘proces’.
No está en malas manos después de ver que a la Justicia no le tiembla la mano, como en el escándalo de las tarjetas ‘black’ que dará con Rodrigo Rato en la cárcel. ¿No les parece?

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