Tendencias y retos para el mercado de pagos electrónicos

En la reciente conferencia anual para la industria financiera, SIBOS, llevada a cabo en Sydney con la participación de más de 7.500 personas (150 países) representantes de los sectores Bancario, Fintech y Tecnológico, se llegó a la conclusión de que los pilares del futuro de este mercado debían ser tres muy relacionados entre sí: el impulso de las nuevas tecnologías para simplificar los procesos, la generación de confianza entre todos los actores implicados y la importancia de la experiencia del cliente como elemento que será la consecuencia de la integración de las otras dos.

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Dado que las transacciones en la industria financiera son básicamente las que se refieren a los movimientos de dinero a través de los diferentes sistemas de pago, aquellos tres pilares determinarán un escenario caracterizado por la asociación y colaboración entre los agentes tradicionales (banca) y los emergentes (Fintech y Neobancos) para lograr una infraestructura dinámica basada en la innovación tecnológica que permita desplazar el uso de dinero efectivo hacia porcentajes mínimos.

Para lograrlo, además de trabajar con modelos centrados en el cliente, se ha de dar prioridad a la recopilación y gestión de los datos que estrictamente son necesarios para hacer que el mercado de pagos funcione de manera eficiente, segura y pertinente para los usuarios, sin que se produzca injerencia o uso inadecuado en el ámbito de la información personal de estos. Para ello la tecnología y las personas deben confluir en un punto de encuentro donde éstas se sientan confiadas porque los algoritmos usados aporten la solución estrictamente necesaria.

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En este sentido, en Sydney se apuntaron las tendencias que marcarán el mercado de los pagos para los próximos años. Les resumo a continuación

Más allá de las denominadas API’s (Interfaz de Programación de Aplicaciones) que permiten comunicar softwares diferentes para aprovechar funcionalidades ya desarrolladas, la innovación en este área vendrá de la mano de las denominadas POC (Pruebas de Concepto) que permitirán implementar procesos para verificar que una idea o un proyecto puede ser llevado a cabo de manera útil.

El avance en estos desarrollos permitirá alcanzar la realización de pagos en tiempo real, de manera que los datos que acompañan a la transacción viajen al mismo tiempo que el movimiento de dinero, de forma instantánea con independencia del origen y el destino de los fondos.

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Ello implicará, a su vez, establecer un mayor control sobre los mecanismos del pago, sobre todo cuando se realiza con dispositivos móviles, en relación con los intervinientes, el importe y la aplicación de la normativa de prevención de blanqueo de capitales y financiación del terrorismo, de manera que no afecte a la experiencia del usuario. Procurando, al mismo tiempo, un sistema digital de identificación veraz del usuario que garantice la titularidad de los fondos y la legitimidad de su procedencia.

La distribución de la propiedad de los datos financieros impulsará el modelo de Open Banking con más fuerza y favorecerá la aparición de nuevos modelos de negocio en un entorno más confiable que, a su vez, permitirá a los usuarios decidir qué empresa o entidad le es merecedora de su lealtad, más allá de realizar transacciones de pago a través de ella. Ya no se trata de que esos entornos estén desarrollados con tecnología blockchain, que lo estarán, sino que cada empresa deberá decidir cómo de abierta o de flexible ha de ser para evolucionar y acomodarse a las exigencias del mercado y a los nuevos estándares y normativas que surjan, como el ISO 20022 o la reciente directiva PSD2, así como a la esperada y necesaria regulación del ecosistema Fintech.

Todos los cambios que se aproximan estarán soportados por los dos elementos que los harán posibles: los humanos y las máquinas. Los primeros serán los responsables de hacer realidad las empresas del nuevo sector financiero con la aportación de talento y un nuevo esquema de relación empresa/empleado alejado del convencional contrato laboral; y las segundas serán las que soporten, mediante el perfeccionamiento de la inteligencia artificial y el aprendizaje automático, la verdadera evolución de los pagos electrónicos.

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Estas son las tendencias que requieren de grandes retos para el nuevo sector financiero. Retos que pasan, para la banca convencional, por resolver aspectos como el establecimiento de una verdadera cultura de innovación, el apoyo en el análisis eficiente de sus bases de datos, la acomodación a los cambios en las necesidades de los clientes, la integración de las nuevas tecnologías para reducir costes (no empleados) y la simplificación de los canales de distribución.

Y en el caso de las nuevas Fintech y Neobancos, sus retos tienen más que ver con la escalabilidad de su modelo de negocio, la asunción de un marco regulatorio, el incremento de notoriedad y de posicionamiento, la retención de clientes mediante la generación de confianza y lealtad, y la creación de vías de ingresos sostenibles.

No obstante, Banca y Fintech alcanzarán estos retos si logran establecer como objetivo prioritario el beneficio para el usuario, no el margen de su cuenta de resultados (que debería ser la consecuencia no su razón de ser).

 

José Manuel Navarro Llena

@jmnllena

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