La memoria perdida

Tal vez sea el momento de recuperar la memoria. Quien olvida su pasado repetirá los mismos errores. El gobierno dice que esto va mejor, a la par se publica que cada vez los ricos son más ricos, y el portavoz del PP en el Congreso dice que España ha mejorado gracias fundamentalmente a los que más tienen. Esto no cuadra por ningún lado, porque el trabajo es un privilegio mal pagado, los jóvenes no pueden encontrar el hueco que legítimamente les corresponde en el mercado laboral; quienes han pasado los cincuenta años son maltratados por las empresas o simplemente son despreciados en este mercado, las calles se vacían antes cada día, y la gente solo pasea porque no puede hacer otra cosa. ¿Se ha fijado usted que cada vez hay menos niños en las calles? Los padres acuden a los colegios a recoger a sus hijos, tienen tiempo para ello, pero muchos de esos niños acuden con ropas manchadas, señal inequívoca de que quien los ha ayudado a vestirse no tiene determinados hábitos adquiridos. Esta sociedad está desestabilizándose a pasos agigantados y Rajoy sigue leyendo los papeles mientras otros miran atrás para buscar culpables. Quienes miran hacia delante lo hacen justificando que en la privatización están las soluciones, y aquellos que decían que mientras mejor peor siguen aferrándose a aquel peor para justificar su incapacidad, haciendo que los recortes sean castraciones de los derechos ciudadanos. En Burgos la gente se rebela, para unas obras que parecían beneficiar a los de siempre, pero dice el alcalde que es por ahora. Cuando la prensa investiga encuentra enlaces con otros personajes y otros tiempos no muy lejanos.

Parece que todo está tranquilo, pero así está el agua antes de romper a hervir, y si no se comprueba la temperatura las quemaduras son inevitables. Este país es el mejor país que tenemos, pero nuestra juventud se marcha fuera a buscarse la vida, a brindarle a los otros los resultados de sus esfuerzos, y de los nuestros, pues se han formado con nuestro dinero. El silencio es cómplice, pero casi todos callamos y asentimos, parecen designios divinos, o resignaciones lamentables. Las cosas han de cambiar, pero nadie vendrá de fuera a cambiárnoslas, esa es la primera conciencia que hemos de alcanzar, nosotros, nosotros mismos, nosotros solos, los más de cuarenta y cinco millones de españoles, no solo esos ricos que son cada vez más ricos. También los pobres, que son cada vez más pobres. Y los otros, que casi no quieren respirar, vayamos a que los mire un tuerto y les toque a ellos.

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