El metro de Graná

Solo quien no quiera verlo, quien pretenda ignorarlo podrá negar el rotundo éxito del tranvía metropolitano. Los agoreros recogieron datos para justificar el desastre que supondría este medio de transporte para la población. Pero aún ni he visto ni escuchado a ninguno de ellos aplaudir su éxito. Es lo que tiene la mediocridad, risas en los fracasos e incapacidad para los éxitos, aunque le beneficien Aquí no, se sigue pensando que mientras peor, mejor. Y sin embargo se siente que a la gente le gusta viajar en este medio. No sé si es por la semejanza a las grandes ciudades, o por la comodidad, o por la certeza de tiempos, o por la novedad, o por el precio, o por todo a la vez. Lo cierto es que si yo fuera dirigente político ya estaría planificando una segunda línea que viniese a cubrir las zonas que quedan fuera de este medio de transporte, y recobraría aquel proyecto inicial de Gran Vía, Reyes Católicos, bajando hasta el palacio de congresos y buscando después Huétor, Cájar y la Zubia, cruzando las líneas en las dos estaciones precisas que permitieran transbordos. No hace falta esperar otros veinte o treinta años, la experiencia debe servir para algo. Y si a esto le añadimos la finalización de la segunda circunvalación, que ya va siendo hora, tal vez conseguiríamos que el movimiento del personal por estas zonas granadinas mejorase sustancialmente. Pero no será así. El Partido Popular está más pendiente de recuperar los despachos municipales, Ciudadanos ve luces, Podemos está en la sombra, y el PSOE se lo está pensando. Demasiado riesgo el hecho de proponer poner de nuevo a la ciudad en obras. Pero los avances los hacen quienes tienen las ideas claras, quienes están ahí para mejorar la convivencia antes de marcharse, no los que se esconden en críticas permanentes, sin aportaciones positivas, venenosas, sin enjundia, solo buscando lo negativo. Esos solo son permanentes regresos al pasado, que a lo mejor es donde les gustaría estar. Esta ciudad merece, necesita gentes que apuesten por ella de forma definitiva, sin miedos, con fuerza; gentes que no tengan temor a perder el puesto por golpear la mesa precisa, gentes que miren más por sus conciudadanos que por ellos mismos. Y de esta forma, Granada se consolidaría como lo que debiera ser. A partir de ahí deben entrar los demás, empresarios, trabajadores, gobiernos, con apuestas por servicios consolidados, por empresas de futuro, por innovar y dar prestigio. En los últimos tiempos se viene notando un cambio en positivo. La apertura del centro Lorca da síntomas de poder convertirse en un importante lugar cultural de la ciudad; la respuesta al metro es señal de que la gente quiere algo nuevo y distinto; las empresas deben comenzar a sacudirse la esencia del chavico en salarios y en productos. Aquí hay imaginación y solera suficiente para dar ya el salto. AVE, aeropuerto, segunda circunvalación… Promesas del próximo año, electoral por cierto, son oportunidades que no deben dejarse marchar.

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