Niños que no dejan de decir «mamá qué frío hace», jubilados que se mudan a casa de su hija para combatir el dolor de la osteoporosis, de todo ocurre en La Paz.

A1-41209501.jpgLa barriada de La Paz está rodeada de electricidad por todas partes pero en el interior de sus calles la energía se ha disipado en un agujero negro de frío e indignación. El cuartel de la Guardia Civil, los centros de las hermanas hospitalarias o los claretianos, el centro de salud o los centros educativos y de mayores están bien provistos con la energía de Endesa. Pero en La Paz, sus vecinos, día a día, hora tras hora desde hace más de un año, viven su vida tejida con historias sin luz.

Encarni es combativa. Tiene la piel curtida en mil batallas de la vida y no deja, nunca, de sonreír. Es como si escondiera las penas detrás de una máscara confeccionada con sonrisas, retrato de un alma grande y blanca. Lleva en la mano un folio completamente garabateado. Son números y más números y más números. Son los códigos que les da Endesa cada vez que llaman por teléfono y plantean una queja porque se les acaba de ir la luz.

A1-41209472.jpgNo es la única. Todos los vecinos de estas calles de la barriada de La Paz (Pedro Machuca, plaza Blas Moreno, plaza de la Provincia, Pedro de Mena) tienen un papelito en el que apuntan con primor estos códigos. Junto a este folio, siempre está presente la factura de la electricidad, que oscila según cada caso entre los ochenta euros como mínimo «y los doscientos que acabo de pagar», explica más que indignada Rosario.

«Me exigieron también que le pusiera un controlador de potencia al contador, que vale una pasta, para variar. Como no tengo dinero, no lo puse. Me multaron primero con veinte euros, luego con treinta y al final con cien. Así que lo tuve que poner. Y además, la factura me sale siempre por unos doscientos euros. Y la luz, se va día sí día no unas cuantas horas».

A1-41209475.jpg

María camina en bata por la plaza Blas Moreno. Está haciendo la compra. «Se me va la luz todos los días cuatro o cinco horas. Ami vecina se le fue ayer a las ocho de la tarde y le ha venido ahora a las nueve de la mañana».

Lo que más le molesta, como si quedarse sin luz en estas gélidas noches de invierno no fuera suficiente, es que «cuando llamamos a Endesa nos responden que no tienen parte alguno de que exista alguna incidencia».

Y, como siempre, hablan de los suyos:«No podemos estar sin luz con el nevazo que ha caído, con el frío que hace. Aquí hay bebés y mayores enfermos. Yencima, cuando viene la factura tengo que pagar 180 euros», clama, doliente pero digna, al reconocer que «la última factura de Endesa, ya no he podido ni pagarla. Aver qué nos pasa ahora».

«¿Cómo van a pagar la luz si aquí la gente no tiene ni para comer?», tercia un vecino con cuatro décadas de vida en estas calles de la Zona Norte. «Es muy fácil criticarnos, incriminarnos a los de aquí desde los despachos. Aquí ni somos ladrones ni traficantes.Siempre hemos sido comerciantes, vendedores, fontaneros, electricistas y ahora estamos todos en el paro y sin ayudas sociales», describe el gran problema que asfixia al barrio. «Que venga el alcalde y que dé la cara», termina por pedir justicia y trabajo.

A1-41209499.jpg

Cada vecino tiene su historia sin luz. Elena tiene en la puerta de entrada a su casa, una verja a través de la cual se accede a un pequeño jardincillo, un papelito pegado con la lectura de su contador «para que los de Endesa se enteren de que aquí nosotros pagamos la luz y ellos nos la cortan».

Ella también gasta butano, «pero la casa huele mucho a gas y me da miedo, porque vivo sola. Así que tengo que dejar la puerta de la calle entreabierta por si acaso…». Yentonces ya nadie sabe si es peor el remedio que la enfermedad. Pedro y su mujer, ya jubilados, están «hasta el gorro».

Como casi todo el mundo tienen que afrontar el sobrecoste de las estufas de butano «y las malas maneras» del servicio de atención de Endesa. «¿Te quieres creer que ayer llamé porque se fue la luz y nos quedamos helados sin calefacción y la telefonista me hizo salir a la calle a las cuatro de la mañana para decirle si éramos nosotros solos o todo el barrio?».

Hartos ya, «nos hemos comprado un motor que a cambio de combustible nos da electricidad para la casa». En resumen, pagan butano, pagan combustible y pagan una luz que nunca termina de quedarse.

A1-41209473.jpg

Manuel tiene osteoporosis. Es una enfermedad que duele. «Ymucho». Esta semana se les ha ido la luz cada dos por tres, «y al no tener calefacción me moría de frío y de dolor. Mi mujer me cubría de mantas por entero. Yal final tuvo que venir nuestra hija, que vive en Maracena, a buscarnos y llevarnos a su casa. Ya ves tú qué plan».

Encarni sufre por su bebé. «Mamá, qué frío hace», me dice todo el rato». «Tiene la piel tópica y tengo que desnudarlo para darle sus cremas, y se me cae el alma al ver el frío que pasa». Yse le caen también dos lagrimones que valen más que todos los beneficios que da Endesa en un año. Eso lo sabes si lo tienes delante.

MÁS INFORMACIÓN
-Historias sin luz en Granada: Los datos de Endesa y de la Policía Nacional (Lee el post en Cableados)
-Historias sin luz en Granada: “Un acuerdo institucional decisivo e histórico» (Lee el post en Cableados)
-Historias sin luz en Granada: El PSOE dará la cara «por los que no denuncian» (Lee el post en Cableados)

ACTUALIZACIÓN
Carlos Morán y Jose R. Villaba firman el siguiente artículo, a propósito de esta temática. Se titula ‘La despensa española de la marihuana’ (Leer el link aquí), y completa la cobertura multimedia que desde el diario IDEAL de Granada ofrecemos sobre la crítica situación en la Zona Norte. El artículo refleja que Granada no sólo se ha convertido en la principal productora de cannabis sativa del Estado, sino que también se encuentra en los primeros puestos de la Unión Europea, donde España es el quinto país con más plantas alijadas de esta droga.

CRÉDITOS
Fotografías y vídeo de Ramón L. Pérez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *