CIMAS

El pasado lunes tuvo lugar la presentación de lo que será el I Congreso Internacional de las Montañas Sierra Nevada 2018. Por primera vez, un evento de esta naturaleza ha conseguido aunar el respaldo de la Junta de Andalucía a través de cuatro de sus consejerías: Turismo, Comercio y Deporte; Medio Ambiente y Ordenación del Territorio; Agricultura, Pesca y Desarrollo Rural, y Economía y Conocimiento. La misión y objetivos de cada una de ellas son a veces convergentes ya que obedecen a políticas comunes de la administración regional, si bien son usuales las divergencias motivadas por las distintas misiones que tienen encomendadas.

En el caso de este congreso, CIMAS, se ha producido la confluencia de voluntades para abordar cómo enfrentarnos a la problemática del cambio climático bajo diferentes perspectivas: desde la conveniente preservación de los espacios naturales de montaña, estén protegidos por cualquiera de las figuras que prevé la legislación (parques, parajes, reservas, etc.) o no lo estén, hasta la obligación de garantizar a sus pueblos los medios de desarrollo social y de prosperidad económica en armonía con el entorno. Para hallar las vías de entendimiento, será necesaria la capacidad creativa del hombre para poner la ciencia y la tecnología al servicio de la búsqueda de soluciones innovadoras que minimicen el impacto medioambiental, o lo reduzcan totalmente, al tiempo que auspician la capacidad productiva de sus habitantes para propiciarles una vida digna.

Es importante destacar el firme convencimiento de los agentes, públicos y privados,  que promueven este evento para abrir un camino de diálogo a través de la confrontación de certezas, de la generosidad del debate, del alumbramiento de ideas, de la diversidad y profundidad del conocimiento, del reclamo de nuevas voces y del respeto de viejos discursos, del cuestionamiento de paradigmas y la bienvenida a nuevas hipótesis. No es un congreso para hablar de las montañas sino para vivirlas, entenderlas y defenderlas.

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Relataba C. Bernaldo de Quirós, allá por 1923: “Aquellas largas nieves rosadas, pálida gloria clareando a tamaña elevación sobre la masa de la Sierra, ya perdida en la sombra, semejaban más bien estratos de nubes suspendidas en la atmósfera libre, en el instante de la llegada de la noche. Muchas veces después, desde Granada, he contemplado con inmensa atención la gentil Sierra; pero nunca me ha producido una impresión de estupor y admiración como esa vez primera de aquel paisaje irreal, ahogándose en las tinieblas en el instante preciso en que comenzaba a comprenderle”.

Quizá uno de los problemas fundamentales del ser humano (sobre todo en las culturas llamadas occidentales en las que predomina la rémora de la industrialización y cuyo sistema de valores pivota en torno a la economía de la explotación de los recursos naturales y humanos) en su relación con la naturaleza es que no llega a entender cuál es su papel real en ella más allá de obtener lo que necesita sin prever las consecuencias ni anticiparse a las incertidumbres. Esta posición prepotente le impide acercarse a la idea de que ni la Naturaleza ni las montañas le han necesitado para permanecer y evolucionar durante miles de millones de años, ni le van a necesitar para continuar dibujando el perfil de los horizontes. Pero él a ellas sí.

Las montañas tienen la particularidad de ser imprescindibles en la regulación de las precipitaciones y en el aporte continuado de agua a los valles y vegas donde se asientan sus pobladores. De la misma manera, juegan un papel crucial en la preservación de la biodiversidad ya que aglutinan en altura la mayor densidad de bioclimas diferentes con presencia de flora y fauna adaptadas a las condiciones de altitud, temperatura, humedad, etc. Por ello, los sistemas de montaña son claves en la construcción de un modelo global de economía verde (o azul, según G. Pauli).

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Pero también acogen a las grupos sociales más pobres, dependientes en su mayoría de un sector primario (ganadería y agricultura fundamentalmente) en permanente lucha con las limitaciones ecológicas del entorno y con las restricciones de la legislación conservacionista, en el caso de los espacios protegidos. Y en unas condiciones de mercado siempre adversas para los productores, tanto por la imposición de precios bajos como por las limitaciones a la explotación de la tierra. Por ello, las comunidades de montaña necesitan ser capaces de liderar su futuro desde la responsabilidad de la conservación pero también desde la certeza de disponer de las herramientas y recursos necesarios para aliviar su precariedad económica.

En este sentido, CIMAS (cimas21.org) tiene la decidida voluntad de constituirse en un congreso de referencia a nivel internacional por su excelencia en la organización, por la calidad de los contenidos, por el prestigio de sus ponentes y, sobre todo, por proponer y defender la multidisciplinareidad y transversalidad en las propuestas científicas y por favorecer las hipótesis que integren diferentes visiones que ayuden a garantizar la sostenibilidad económica, la riqueza y variedad ecológica y el respeto al medio a través del conocimiento de sus paisajes naturales y humanos. CIMAS, en definitiva, será un foro de exposición, de discusión y de consenso donde aportar conocimiento e ideas innovadoras para compatibilizar el desarrollo y la conservación.

José Manuel Navarro Llena

@jmnllena

 

 

 

 

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