Un ‘enemigo’ de altura

Jose Antonio Aparicio no era mi amigo. Tampoco quiero faltarle al respeto.

Ahora le saldrán amigos por todos los rincones, porque como dice Rubalcaba, este país tan envidioso sabe enterrar muy bien. En mi caso, puestos a elegir, prefiero pensar que me tenía entre sus enemigos; que era mucho mejor.

Los periodistas necesitamos tener alguien contra quien poder escribir, un culpable de cabecera al que atribuir las conspiraciones que nosotros mismos alimentamos. Y ahí siempre encontrábamos a Jose Antonio Aparicio; un maquinador elegante que hizo todo lo posible por no desprenderse de su leyenda.

La penúltima vez que estuve con él me recibió con su media sonrisa pícara, que era la forma habitual de comenzar la refriega. Como escribió José Luis Alvite, las antiguas guerras eran otra cosa y los enemigos, antes de matarte, te llamaban de usted.

En nuestro caso, nos respetábamos los turnos y aquello se convertía en un cruce de reproches, algunos irónicos y otros directamente al estómago. Él ridiculizaba mis noticias y yo hacía bromas sobre su partido. Después, José Antonio le zurraba al PSOE y yo me cachondeaba de mis columnas. Tres gin tonics más tarde, acabamos haciendo chistes sobre la misma persona, algunos verdaderamente ingeniosos, pero la mayoría deliciosamente zafios y burdos, mientras un reducido público nos jaleaba para que le arreásemos otra bofetada a la víctima ausente, que para colmo era amigo de ambos.

Después de un tiempo me lo encontré por última vez en el Corpus y me tocaba abrir la contienda. Los socialistas libraban un pulso interno por la presidencia de Diputación y en esa conspiración todavía me faltaba Aparicio. Nos dimos de lo lindo hasta que alguno de los presentes cambió de tercio.

Antes de irse me preguntó cómo estaba y yo hice lo propio. Me dijo que había vuelto y que el lunes me enviaría un artículo de los de fuego de artillería.

Me lo debes. Porque te correspondía a ti provocar primero.

 
Joaquín Sabina se peleó una noche con Manolo Tena y estuvieron doce años sin hablarse. Una madrugada se cruzaron en la escalera de Lady Pepa y se abrazaron. Manolo Tena comentó: “¿Sabes? Lo que estamos haciendo es una malísima inversión, porque ya no hay enemigos de tu estatura”.

Perder a un amigo jode, pero es mucho mayor el vacío que dejan los enemigos de altura; los nobles y elegantes, los que te mantienen vivo. Qué mal negocio hemos hecho.

4 Comentarios

  1. Hablando de Rubalcaba, éste contaba que una vez, una periodista de primera fila le hizo una entrevista canalla y muy comprometida en campaña electoral. Cuando el jefe de prensa de Rubalcaba se quejó de la diferencia de trato respecto a la benevolencia de otras hechas a dirigentes del PP, ésta le dijo: “es que para que no se note que somos afines ideológicamente, te tengo que hacer un tercer grado”. O sea, para que no se note que soy de los tuyos, hostia va y hostia viene.

    ¿ Te pasa algo parecido, Chirino?. Porque lo que es evidente es que pocas veces pones en un compromiso a dirigentes del PP, que están metiendo, o han metido, un día sí y otro también, la pata en la gobernanza.

  2. Buen artículo , cuantos amigos le han salido al pobre Apa , por lo que yo lo conocía tenía pocos amigos/as y muchos/as enemigos/as. Algunos “nuevos amigos/as de los que ha hecho manifestaciones estos días son patéticos/as. Descanse en paz.

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