Chiringuitos y mamandurrias

Sindicatos, profesores, funcionarios y especies varias componían la pléyade organizada en chiringuitos y mamandurrias según concepto de la autollamada Esperanza Aguirre, esta simpática política, de ricas sonrisas y demás, dirigente del Partido Popular que no se suponía lo que ocurría a su alrededor en los canales isabelinos de Madrid. Y como helicóptero caído sobre campos de ortigas, tras volar bajo nubes de miel y rosas, ahora se sienta junto a su historia mientras sus jefes, nunca reconocidos, la saludan y se preguntan por lo que ha pasado para que la gente que antes vibraba a su paso ahora le haya dado la espalda. Quienes hasta hace unos días eran amigables futuros (Vox dixit), ahora son estigmatizados pasados. Y lo que ayer eran besos y abrazos ya son silencios, sonrisas forzadas y almas rotas. Pero qué podía esperar este Casado, que preconizó entre felonías, manipulaciones semánticas, mentiras y abruptos en una campaña asemejada a reductos de adolescentes compungidos, que rechinaba a quienes dentro de este Partido (Popular) aún conservan aquel espíritu de partido de gobierno con proyecto común y con los estudios acabados. Casado fue capaz, dice su expediente académico, de sacar casi una docena de asignaturas en un verano. Pero el conocimiento no le llegó, no se asentó en su cerebro, porque sus palabras lo demostraron antes y después de las elecciones, y asemeja su situación actual a aquella otra en la que tras dejar de examinarse o suspender en junio, buscó el aprobado en septiembre de media carrera universitaria. La cuestión es que para él los exámenes de septiembre, (26 de mayo), tienen preguntas y materia diferente, y a quienes examinan los electores es más a los candidatos, gentes conocidas de pueblos y ciudades, que a los Casado y compañía, por lo que si en algo suben los resultados no será precisamente por los cargos orgánicos del partido, sino a pesar de ellos, Casado y Aguirre incluidos. Otros harán el examen y Casado se apropiará de las notas si aprueba. Mientras, en Andalucía, el gobierno parece que existe. No se sabe muy bien dónde está, pero estar, está. Apoyado en la ultraderecha, que como fuego lento irá doblando poco a poco el brazo a Moreno y Ciudadanos, imponiendo lentamente criterios extremos que ya existían antes dentro de PP. En los presupuestos que se hagan públicos tras las elecciones municipales los encontraremos, porque ya tendrán por delante tres años y medio para imponer sus ideologías (en plural) y realizar sus programas si no hunden antes el barco. Toca refundar, en base a ideas, en base a experiencia, en base a un destino que conjugue proyectos e intereses de la mayoría, descamando todo lo preciso, aunque la caspa no sea rancia, no confundiendo energía física con intelectual, que a veces las arrugas guardan más tesoros que los dientes esmaltados y blancos, porque los grandes barcos no los pilotan novatos, menos aún si además son tramposos o felones.

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