Tiempos de anónimos 

 

Vivimos tiempos de anónimos, de gentes que ayudan a los demás porque es el momento de hacerlo, de dar el máximo de sí, sin buscar a cambio nada más que la satisfacción de cumplir con un deber. Se equivocan quienes busquen ahora medallas, pechos enchapados, reconocimientos sociales a su individualidad, salvapatrias, quienes creen que ellos deben ser porque ellos estaban y son. Se equivocan, a la par que hacen un daño terrible a la sociedad desde el ángulo de su responsabilidad. Es hora de delegar en quienes están más capacitados para ejercer tareas nuevas, muy específicas, muy concretas, anónimos que saben lo que hay que hacer, y no quedarse ahí porque se es o se era. Craso error que algunos pagarán cuando todo esto pase. La gente ahora no busca nombres, busca personas anónimas que resuelvan, sin importar quienes son ni de donde vienen; personas que sepan lo que hay que hacer y que sean solidarias con el prójimo, esa palabra tan repetida a veces, gentes cuya labor sean los demás, sin aspavientos, sin palabras pomposas, sin pretensiones de reclamar después nada. Es el momento en el que quien manda o tiene responsabilidades busque a su alrededor a la persona más capacitada para liderar, y de dar un paso al lado. Tiempo habrá después de regresar, porque se le agradecerá más ese gesto, porque quizás ahí esté la capacitación que le ha colocado donde está ahora mismo.

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