Abierto el chiringuito

Pues ya he vuelto al chiringuito, que tras la ingesta incontrolada de cerveza no tiene uno el cuerpo para seguir exponiéndose en las playas. Antes, tampoco.

Hay un momento en la vida de un hombre en el que claudica y se apunta a un gimnasio. Ya dejé pasar la oportunidad de empezar a teñirme el pelo de forma disimulada antes de que se notara en exceso; la misma táctica que empleó José María Aznar para deshacerse del bigotillo. Quizás la mancuerna sea mi última oportunidad.

Parte de la grey política granadina sigue de asueto. Manifestaron tanto interés por llegar a los ayuntamientos, tenían tanto por hacer, que tomaron posesión el 15 de junio y ya se han cogido unos días para desconectar. Lo que haría cualquier mortal -incluso un periodista- si pudiera. 

Sin embargo, he detectado en las notas de prensa y comunicados recibidos en las últimas horas que algunos tienen la habilidad necesaria para estar en Granada en alma aunque su cuerpo se halle tumbado a la bartola. Algunos se exhiben relajados en redes sociales a cientos de kilómetros de distancia, mientras que en las fotos oficiales aparecen rodeados de vecinos en el Zaidín o en la Chana. 

A todos ellos, en mi chiringuito les espero por si alguno tuviera algo que conspirar. 

A la sombra, que para sudar ya están los gimnasios.

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